Shin Godzilinks

SÍ, HE ESCRITO ESE TÍTULO. YO.

Primero un poco de chapa. Pelis, libros, TV, etc… Enlaces después.

Shin Godzilla, Shin Ultraman y Shin Masked Rider son, por encima de todo, un ejercicio de convicción en tiempos donde esta palabra se vende muy barata. Tres actualizaciones de clásicos del cine y de la TV japonesa, insertados plenamente en la realidad del Japón contemporáneo al tiempo que mantienen la estética de los originales. Lo que parece una limitación al principio acaba siendo un clínic de cómo conseguir que películas de entre 15 y 20 millones de euros parezca que hayan costado tres veces más. Frente a esta avalancha de abusos de la que tendrá conocimiento cualquiera que se haya pasado cinco minutos por Twitter Cine, reconforta algo, no mucho, pero reconforta saber que todavía directores que instruyen a sus artistas de 3D para que se dediquen a trabajar en lo que importa, convencerte, en lugar de romperles el lomo a latigazos para que llenen el plano de mierda hasta rebosar.

De aquí que el efecto en las tres sea el siguiente:

1) «Eso es un tío en un traje de goma»

2) «Será un tío en un traje de goma pero se está cargando una maqueta muy maja»

3) «Eso de ahí no es una maqueta. O sí. O no».

4) «Esto que estoy viendo es real y nada podrá convencerme de lo contrario»

¿Las películas? Vistas seguidas, un viaje cada vez más humano desde el frío procedimental burocrático de Godzilla hasta el alegato antiviolencia de Masked Rider, con Ultraman en el punto medio. La estética puede ser un obstáculo. Completamente de acuerdo. El tema en general puede ser un obstáculo, por mucho que las películas den la bienvenida al espectador como yo, cuyo conocimiento de los mencionados clásicos es más bien poco.

El caso es que vivimos en un mundo en el que ocho de cada diez películas de más de 100 millones de dólares esconden un complejo llamado autorreferencia para escapar de la crítica. «Por favor, no me pegues, me estoy riendo de mi misma», el escudo al que se terminan agarrando a tiempo X todas las de su calaña para que al final alguien termine defendiéndolas como espectáculos inofensivos metarreferenciales postirónicos bla bla bla en lugar del pedazo de basura que realmente son. Si ni ellas mismas se creen lo que están contando, evidentemente, no me lo voy a creer yo. ¿Había que hacer Indiana Jones y el Dial del Destino? Pues claro que no. Indy termina cabalgando hacia el atardecer acompañado de su padre, de Marcus y de Salah. Pero decidme un solo momento, uno solo, en que Harrison Ford se vuelva hacia la cámara, se encoja de hombros, guiñe el ojo y te diga «es lo que hay, pardillos». Estas tampoco. Y podrían haberlo hecho, teniendo en cuenta el material. Podrían haberlo hecho perfectamente. Pero no. Porque creen.

The Flash. Más fea que Picio, además. Pero para gustos como quien dice, colores, así que aquí tenéis berridos en tres distintos.

Dieta de cucadas: Les Combattants, Destino de Caballero y Master Gardener, esta última el tercer CD del gran álbum sobre la soledad masculina que está escribiendo Paul Schrader, después de First Reformed y The Card Counter — excluyendo si acaso Taxi Driver, aunque tampoco créais que tiene mucho sentido hacerlo — y la más optimista con diferencia de todas ellas. No esperéis, como en las anteriores, una trama en firme. Es, como las anteriores, una observación sobre un hombre solo con un diario, completamente adelantado por el mundo, y capacitado para producir tanto amor como dolor podría generar. Me reservo el juicio sobre Misión Imposible: Sentencia Mortal y Spider-Man: A través del Spider-Verso a la espera de ver cómo acaban. Sentencia Mortal, añado, es un título que no se lo ponen ni a una del Seagal de las que echaban en Real Madrid TV.

Mención honorífica: Babylon. Ni mucho menos la catástrofe que he leído por ahí pero es verdad que esas dos supersecuencias iniciales que se comen hora y media de metraje le hacen pupita, por cojonudas que sean. Para cuando quiere empezar a explorar un poco más, ya está acabando. Chazelle es muy muy bueno y consigue tirar del carro escena a escena pero el conjunto no resuena demasiado, en parte porque los personajes casi acaban atropellados por el ritmo y la envergadura de toda esta historia. El caso es que dentro de diez años estaré rezando en la Catedral de Santiago para que hagan una parecida. Véase «Sobre la convicción», al principio del post. Brad Pitt otra vez monumental, por cierto.

En el plano televisivo, Jury Duty, la serie de Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky, los creadores de The Office: una cámara oculta en un juicio donde todos son actores menos un chaval del jurado, cuya vida va a convertirse en una montaña rusa. James Marsden hace de «James Marsden, Cretino Integral» con el empaque que le caracteriza.

Ninguno de los actores había visto antes la animación. Trisha LaFache tiene que escapar de plano porque se está meando viva (0:33)

Quien necesita menos reivindicación, por otro lado, es Timothy Olyphant, inmerso como estoy en la nueva miniserie de Justified y en la nueva serie de Soderbergh, Full Circle, quien a sus 55 años ya tiene el carrerón que estábamos esperando sus fans. Si esta versión hubiera sido el villano de La Jungla 4, quizás otro gallo habría cantado. Por último, también enganchado a Star Trek: Strange New Worlds (me gustó la tercera de Picard, no me va a gustar ésta). La clase de serie que hace un episodio combinado con una versión animada y FUNCIONA. Así de buena es.

Libros: ninguno terminado. Estoy con El Juego de los Abalorios, de Herman Hesse, que me está dando por todos los lados, y una puta maravilla, y que ya tocaba, como es Postguerra: Una historia de Europa desde 1945 de Tony Judt.

¿Juegos? Terminado el Tears of the Kingdom, donde TODO es divertido, y capricho en forma de ordenador nuevo — nada realmente espectacular: dame un sólido rendimiento a 1080 y a tirar — que he usado para reverdecer laureles de juegos que sacaban las costuras a mi antiguo PC. ¿El mejor retorno? El de Prey (2017). Juegarral.

Y algo de música: los Dead & Co., en directo, en el Wrigley Field de Chicago.

Una breve historia: John Mayer, el guitarrista, les descubrió en 2011. Seis años después, les dedicaba esta página en Billboard.

Y, con este descubrimiento, hemos salido ganando todos.

Enlaces

Ellis Rosen

Kris Kristofferson reconforta a Sinéad O’Connor tras ser recibida entre abucheos tras romper la foto del Papa Juan Pablo. La historia, aquí.

Ron Frehm/AP

Kristofferson le dedicó una canción, Sister Sinéad, y comenzaron una relación profesional que perduraría durante años. Aquí, juntos con Help Me Get Me Through the Night

Sabrina Ionescu clava 25 de 27 triples en el concurso de tres del All-Star de la WNBA. Récord histórico en el baloncesto profesional estadounidense.

Otra foto. El especialista Mike Massa, durante la huelga de guionistas y actores.

María Dueñas con la Sinfónica de Viena…

…y Cypress Hill con la Sinfónica de Colorado.

Harrison Ford vio la llegada del Hombre a la Luna con Jacques Demy y Agnès Varda (via)

Después de tres días esnifando cocaína sin parar, Elton John descubre que se ha comprado un vagón de tren y se lo están trayendo dos helicópteros a su casa (via)

Otra foto: Gale Anne Hurd, la productora de Aliens, en el rodaje, sustituyendo a Jenette Goldstein (Vasquez). Suya es la bota en la cabeza del Alien, suya es la pistola que le pega dos tiros en la cabeza. De su Twitter.

El Lower East Side de Nueva York, por Jack Kirby (via)

Para terminar: Metafilter recopila la obra del artista y animador Graham Annable, co-director de The Boxtrolls, co-diseñador del (fenomenal) Puzzle Agent, empleado en las última de Laika y el Pinocho de Del Toro. Cierta vena siniestra. Por lo demás, adorable.