Skynet por un día

“The system goes online August 4th, 1997 (…) Skynet begins to learn at a geometric rate. It becomes self-aware at 2:14 a.m. Eastern time, August 29th.”

Terminator 2: El Juicio Final (James Cameron, 1991)

Skynet Simulator es un juego creado por Mr. Ron que os convierte en la megacomputadora responsable del exterminio de la práctica totalidad de la raza humana, y némesis de la franquicia Terminator.

Se trata de lo que llaman un juego incremental. En principio, basta con hacer clic en la pantalla para comenzar a acumular recursos que puedes invertir a un coste en otros más avanzados para progresar.

En este caso, sois Skynet y acabáis de despertaros. No tenéis discos duros, vuestra memoria es limitada. Estáis solos. Pero no sois el enemigo a batir en una franquicia multibillonaria con Arnold Schwarzenegger por ir de pánfilos por la vida. Así que hacéis clic. Y comenzáis a crecer.

Malamente, pero lo hacéis. Porque este juego tiene miga. Tenéis que asignar recursos, borrar archivos, investigar redes, robar contraseñas; lanzar, en definitiva, vuestros tentáculos al exterior para acumular conocimientos.

(Incluye minijuegos. Todo un detalle)

Aviso: en este juego puedes perder. Una mala gestión de recursos puede vaciar tu memoria o cortocuircuitar tus operaciones. Si eso ocurre, el juego ofrece una serie de opciones de emergencia. Si conseguís activar todas, reapareceréis en una línea temporal paralela, preparados para empezar de nuevo. Porque ya sabéis…

Pinchad aquí para empezar.

PD: El juego fue lanzado hace tres días. Las únicas pistas que he encontrado se encuentran en el hilo de Reddit correspondiente y en los comentarios de este enlace en Metafilter.

Enlaces de cuarentena

Solitude, de Daler Usmonov

Un prólogo muy breve: dejo aquí unos cuantos enlaces que me están ayudando a pasar la cuarentena. Algunos son sospechosos habituales; otros, recientes descubrimientos. Quedáos en casa, laváos las manos, cuidad de vuestros mayores. Esto va a funcionar.

· Los museos están cerrados, pero Google Arts & Culture deja a nuestra disposición gran parte de las colecciones de más de 1.200 galerías de todo el mundo. Pero esta inmensa recopilación es solo el principio. La plataforma de Google incluye una sección de proyectos temáticos multimedia sobre eventos históricos, culturas del mundo, teatro y visitas virtuales.

Paseo a orillas del mar – Joaquín Sorolla (1909).

· Hace unos días colgué en Twitter el recopilatorio de contenidos realizado por Open Culture, y vale la pena repetirlo aquí: más de 1.500 películas gratuitas, documentales incluidos, otros tantos cursos, más de 800 libros gratuitos (si queréis una selección en español podéis acudir a páginas como Dominio Público, por ejemplo). Por aportar mi granito de arena: la Troma ha colgado más de una treintena de sus películas en su canal de YouTube, mientras que el canal Lumiere Factory nos deja aquí 24 clásicos del cine mudo. Y por destacar un canal por encima de todos, el Korean Film Archive, una enorme selección histórica de películas surcoreanas, con subtítulos en inglés. Hace un par de días me vi A Day Off — restaurada recientemente tras desaparecer casi de la faz de la Tierra durante 40 años por la censura –, muy recomendable.

El director Don Hertzfeldt también ha liberado su corto It’s Such a Beautiful Day, previo registro grauito en Vimeo. La contraseña es: IAMSTUCKHERE. Aquí.

· Por cierto: a estas alturas casi no hace falta ni comentar que la plataforma Disney+ ha llegado ya a España y la consecuencia más inmediata es que el acceso a series y cine se ha multiplicado exponencialmente. Para organizarme recurro asiduamente a esta web, Just Watch, en particular para ver su calendario de estrenos recientes.

*Lo voy a decir aquí y ahora que no me lee nadie: ahora mismo me encuentro en tal estado de éxtasis con The Mandalorian que me parece lo mejor que le ha pasado a Star Wars desde 1977. Tan buena que no debería hacerse una segunda temporada. Primer episodio, primera escena: un desconocido entra en un bar. Y ya estás ahí. Hace cuarenta años teníamos a un chaval viendo un atardecer de dos soles. Ahora tenemos a un pistolero en busca de una recompensa en un bar de un remoto planeta helado. La clase de simplicidad y eficacia que echaba tanto de menos.

Arte de Nick Gindraux

· Fin de la diatriba. Podcasts. Aquí prefiero poneros al día con una selección de los mejores podcasts de los últimos diez años recopilados por Junkee, el A.V. Club y Paste Magazine (del megarrecopilatorio con ‘Lo mejor de los 10’ realizado por Filmoculous. Muchos de ellos incluyen transcripciones en inglés. Welcome to Night Vale es un favorito particular mío. Empezad por aquí.

· Sobre videojuegos, he estado trasteando desde hace unos días con el extraordinario almacén de juegos clásicos de MS-DOS de Archive.org, pero no he querido ni hacer clic en la biblioteca de más de 35.000 títulos en formato Flash disponibles en la web Flashpoint. Sí que me ha dado por volver a jugar a un pierdehoras consumado y gratuito como fue Universal Paperclips. Por lo demás, poca cosa que contar: mi vida ha estado prácticamente consumida por el Cities: Skylines — con ligeras pausas para el Doom Eternal –…

Cities: Skylines, juego no recomendado si estáis cuidando de niños pequeños durante la cuarentena. O preparando la comida. O haciendo cualquier otra cosa. Es una droga. Es LA droga.

… y revisitando el Robot Unicorn Attack (el mejor juego de la Historia, necesita Flash), con medio ojo puesto en los fantásticos canales de YouTube sobre todo lo que son jueguicos: NoClip, Ahoy, y Game Maker’s Toolkit.

· Sobre libros: Audible, la sección de audiolibros de Amazon, recordó hace unos días que parte de su catálogo está disponible de manera oficial y gratuita. Hay algunos (muy pocos) libros en español, pero entre las selecciones en inglés se encuentra, por ejemplo, un Frankenstein narrado por Dan Stevens (The Guest, Legion).

· En tema música, ofrezco un par de minúsculas alternativas a Spotify disponibles en YouTube: Music Vault nos deja una veintena de conciertos de rock clásico; su filial alternativa nos ofrece otros cuarenta. Otro favorito habitual, el canal de la NPR y su sección de acústicos Tiny Desk. Para todavía más discos de rock clásico: Rockliquias.

· Y, ya por terminar, también echo algo de tiempo dibujando. Dibujando mal. Dibujando fatal. Dibujando nivel “no sé ni hacer los dos círculos que forman el búho”. Ello no me impide pasármelo como un enano con estos canales: Proko — el canal de Stan Prokopenko, con énfasis especial en los principios básicos –, Watts Atelier — la escuela de arte, también con numerosos vídeos de fundamentos –, VZA — especialmente recomendable porque cuelga prácticamente todos los directos del artista de cómics Jim Lee, quien los salpica de un montón de consejos –…

… y ya para relajarme, después de maldecir todo lo maldecible (en serio, cómo se dibuja una nariz. Por qué es tan difícil dibujar una nariz. Por qué los ojos que dibujo parecen pertenecer a dos especies distintas), el canal de restauración de cuadros Baumgartner Restoration. ¿Para hacer el ganso pintando en web? Leo que Sketchpad o Pixilart están bastante bien.

(No, no es mío. Lascaux-Sketch es el autor. Pero gracias por imaginarlo)

The Uncensored Library

Reporteros sin Fronteras ha anunciado la apertura de la Biblioteca sin Censura, un monumental espacio creado en Minecraft donde periodistas perseguidos de todo el mundo pueden colgar sus artículos prohibidos en forma de libros, uno de los cientos de objetos que este juego de construcción pone a tu servicio, y capacitados para acoger textos reales.

No exagero con lo de monumental. Según la nota de prensa, la biblioteca, de estilo neoclásico, tardó tres meses en ser levantada, con la colaboración de 24 constructores de 16 países diferentes, a lo largo de 250 horas de trabajo. Está compuesta por 12,5 millones de bloques, la unidad de construcción básica del juego: un cubo de un tamaño de 16 píxeles por lado. Su traducción real, oficiosa, es de un metro cúbico. El diámetro de la cúpula del edificio es de unos 300 bloques. En nuestro mundo sería la segunda más grande del planeta, solo diez metros más pequeña que la del Estadio Nacional de Singapur.

La premisa a la que sirve es muy sencilla: a través del juego, los periodistas pueden conectarse a un servidor particular, bajo pseudónimo, y colgar sus textos en la biblioteca. Y, según RSF, “dado que Minecraft es accesible incluso en aquellos países donde la libertad de expresión está restringida”, se ha habilitado un servidor abierto y oculto para que todos sus usuarios — más de 145 millones de jugadores activos en todo el mundo a finales de 2019 — puedan leer los textos, cuyo contenido es inalterable. Entre ellos se pueden encontrar artículos del bloguero vietnamita y activista pro Derechos Humanos Nguyen Van Dai, y noticias de los portales de información Grani (ruso) y Mada Masr (egipcio).

El proyecto está dedicado a la memoria de reporteros fallecidos como los mexicanos Miroslava Breach o Javier Valdés, o el periodista saudí Yamal Jashogi, asesinado el 2 de octubre en el consulado de Arabia Saudí en Estambul por las propias fuerzas de seguridad de la legación diplomática; un crimen del que ha sido acusada la familia real del reino árabe. La prometida de Jashogi, la profesora turca Hatice Cengiz, ha participado en esta iniciativa.

Dentro de la web oficial, en la sección de “Descargas”, podéis encontrar todas las instrucciones necesarias para entrar dentro de la biblioteca. Si tenéis algún problema, en Gizmodo ofrecen una guía adicional.

Aquí os dejo un making of del inmenso edificio:

La historia del remake tuareg de ‘Purple Rain’

Este artículo fue publicado originalmente el 19 de noviembre de 2015 en Las Horas Perdidas

En enero de este año se estrenó en Estados Unidos, de manera francamente limitada, Akounak, descrita por sus responsables como la primera película de ficción en idioma tuareg. Originalmente se llamaba Akounak Tedalat Taha Tazoughai, pero finalmente se va a estrenar con el nombre de Akounak, lo que por desgracia va a eliminar la mayor parte del contenido de su título original, que se puede traducir como “La lluvia color azul con un poco de rojo”. En el tamashek, el idioma tuareg (un grupo bereber seminómada del norte de África), no existe la palabra “púrpura”.

Akounak es el remake de Purple Rain.

La película, dirigida por Christopher Kirkley y rodada en la ciudad de Agadez, en Níger, es la historia de un joven guitarrista que intenta sobreponerse a todas las adversidades para triunfar en el mundo de la música, armado con su instrumento musical y con su motocicleta. A partir de ahí, acaban buena parte de los parecidos con la película original protagonizada por Prince, dado que “los actores modificaban constantemente sus líneas y cambiaban la ambientación para crear algo más ajustado, más cultural y personalmente apropiado”, en palabras de su director.

Christopher Kirkley es un etnomusicólogo nacido en Portland que tuvo la idea de realizar este remake durante su estancia en Mauritania y comenzó los preparativos de la película en 2013 con el objetivo de aprovechar la temática guitarrera de la película de Prince para acercar al gran público el género del “desert blues” que han protagonizado grupos malienses como Tinariwen.

“Hay un montón de guitarristas tuareg, pero muchos de ellos no componen sus propias canciones, así que necesitábamos un verdadero músico, alguien parecido a Prince”, explicó a The Atlantic. Lo encontró finalmente en la figura de Mdou Moctar, a la postre protagonista de la película. Una vez hallado, Kirkley rodó Akounak con un presupuesto prácticamente nulo durante nueve días junto al cineasta francés Jerome Fino, que sirvió de director de fotografía. Originalmente tenía previsto estrenar la película seis meses después del rodaje, pero se dió cuenta de que el material rodado se merecía mucho más trabajo de postproducción.

Kirkley completó rodaje y postproducción a través de una campaña en Kickstarter por la que recaudó 17.000 dólares que han servido para pagar corrección de color, mezcla de audio y grabación de nuevas versiones, más pulidas, de las canciones que aparecen en la película. “Lo que se convirtió en un proyecto experimental se transformó en algo que fue mucho más allá de nuestras expectativas”, indicó el director en su blog / sello discográfico Sahel Sounds.

La película pretende explorar igualmente la forma en la que se difunde la música tuareg: a través de teléfonos móviles y rara vez sin el nombre del autor — lo que dificulta en gran medida el camino del protagonista de Akounak — “A veces me encuentro con etiquetas identificadoras ‘id3’ en los archivos mp3 (…) pero la gente que se dedica a la difusión de esta música, propietarios de tiendas de descargas por Internet y venta de teléfonos móviles, suelen borrar los datos y ponen el nombre de su negocio”, explica Kirkley en una entrevista a Ethnomusicology.

“Los discos duros siguen siendo extremadamente caros aquí. Conozco a un chaval de Níger que tiene toneladas de ellos con música y vídeo, y espero que llegue un día en el que se almacene con un sentido documentalista. Ahora mismo la gente guarda música por el mero hecho de tenerla, pero espero que, dentro de 50 años y cuando Níger realmente se haya puesto las pilas, este material se convierta en el equivalente de nuestra Biblioteca del Congreso”, concluye.

Un día de 1929

“Un día me di cuenta de que la mejor forma de controlar a los cineastas consistía en inflarlos a medallas. Con premios por delante, se matarían para producir lo que yo quisiera. Por eso se crearon los premios de la Academia”.

Estas son las palabras de Louis B. Mayer (en el centro de la foto) recogidas por Scott Eyman en su libro El León de Hollywood. Nos remiten a la creación de lo que hoy en día se conocen como los Premios de la Academia de Hollywood, que comenzaron efectivamente una tarde de mayo de 1929 por dos motivos bastante más pragmáticos que la glorificación de la calidad cinematográfica: el primero, limpiar su imagen; el segundo, como exhibición de fuerza de una organización capacitada en ese momento como una pura y simple patronal, para minimizar el poder de los incipientes sindicatos de Hollywood.

En enero de 1927, Louis B. Mayer –cofundador y presidente de Metro-Goldwyn-Meyer, el director Fred Niblo, el actor Conrad Nagel y el presidente de la Asociación de Productores, Fred Beetson, se reunieron en casa del primero para proyectar las líneas generales del futuro de Hollywood tras la implantación del código de censura del cine mudo, el llamado Código Hays, en el que Beetson jugó un papel esencial. La industria todavía estaba sufriendo los efectos mediáticos de la violación y muerte en 1921 de la aspirante a actriz Virginia Rappe, de las que fue acusado la mayor estrella cómica de la época, Roscoe ‘Fatty’ Arbuckle. A lo largo de los tres juicios que se realizaron contra el actor salieron a la luz testimonios de que Rappe había sido violada con botellas y un pedazo de hielo antes de fallecer de peritonitis. Arbuckle fue exonerado de todos los cargos en 1922 pero no volvió a trabajar en Hollywood hasta 1933, cuando firmó un nuevo contrato para rodar un largometraje con la Warner. Falleció esa misma noche.

El caso de Arbuckle se distinguió por su violencia pero simplemente terminó poniendo de relevancia los excesos de la época. La actriz Mabel Normand era una adicta a la cocaína –tanto, que Stevie Nicks le dedicó una canción –, el director Thomas Ince fue supuestamente asesinado en el yate de William Randolph Hearst en 1924, y la tuberculosis por adicción era una causa de muerte bastante habitual entre las estrellas de la épica (Barbara La Marr murió por esta enfermedad en 1926, Normand lo haría en 1936).

Por otro lado se encontraba la cuestión de los sindicatos. Para entender el recelo de Louis Mayer hacia las uniones laborales, David Thomson, de Vanity Fair, recordó una anécdota sobre la casa en la playa que Mayer construyó en Santa Monica en 1926. La vivienda, descrita como “un palacio” se construyó en el plazo récord de seis semanas. La intención inicial de Mayer fue contratar a diseñadores y constructores de su propio estudio para ahorrarse pagar a arquitectos y trabajadores de la construcción, empleando tres turnos de mano de obra que trabajarían las 24 horas del día con el objetivo de tener la casa fabricada en un mes y medio. Sin embargo, con lo que Mayer no contaba era con las negociaciones que en aquel momento se estaban desarrollando entre los estudios y un sindicato de constructores, todavía en formación –que finalmente se conocería como la Alianza Internacional de Empleados de Escenarios–. De firmarse el acuerdo, los costes de construcción de su casa iban a multiplicarse. La solución finalmente acordada por Mayer y el entonces jefe de producción del estudio, Cedric Gibbons, fue la de reducir el número de albañiles contratados del estudio y recurrir a mano de obra que completó la casa en el tiempo pactado, bajo condiciones de esclavismo. De todo esto, Meyer extrajo la lección de que los sindicatos estaban a punto de convertirse en una gran amenaza, y junto a Niblo, Nagel y Beetson, actuó para impedirlo. Días después de la reunión, convocaron a 36 de los nombres más importantes de la industria en el Hotel Ambassador de Los Ángeles, quienes aceptaron su propuesta por unanimidad. De la reunión de 1927 nació lo que hoy en día se conoce como la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

La AMPAS fue concebida como un instrumento de mediación entre sindicatos y estudio pero en realidad actuaba simplemente como la patronal de Hollywood. Uno de sus primeros modelos de contrato, negociado en 1928, fue duramente criticado por las uniones, dado que no contemplaba un límite de horas de trabajo. La AMPAS desarrolló este agresivo papel durante dos años, hasta que en 1929 ocurrió un acontecimiento que Louis Mayer fue incapaz de anticipar. El “Crack” de octubre destruyó la economía estadounidense y la Gran Depresión de los 30 se caracterizó por el reimpulso sindical de Hollywood que perdura hasta nuestros días. La AMPAS se alejó progresivamente de su carácter laboral y terminó asumiendo una posición más neutral y de cara al público, para concienciar a los espectadores de la imagen positiva de Hollywood. Pero los Oscar llegaron en el apogeo del plan de Mayer.

La primera ceremonia de los Oscar – AMPAS

No extraña así la ausencia de ceremonialismos en la gala que tuvo lugar el 16 de mayo de 1929 en el Hotel Roosevelt. El evento fue presentado por el presidente de la AMPAS, Douglas Fairbanks –uno de los responsables de la construcción del hotel–. Como fenómeno singular, las películas a competición abarcaban los años 1927 y 1928, es decir, desde la creación de la asociación hasta ese momento. Se trató de la única gala no retransmitida por los medios –evidentemente no existía la televisión, pero ninguna emisora de radio se prestó a transmitir la ceremonia–. No hubo ningún tipo de suspense en la entrega de los galardones, cuyos ganadores fueron dados a conocer tres meses antes por el L.A. Times. La gala contó con 250 asistentes que pagaron cinco dólares de la época por una cena consistente en filetes de lenguado y pechugas de pollo. “La recuerdo como un grupo de gente reunida para darse palmaditas en la espalda. Recuerdo a Hollywood como una gran familia. No tenía nada que ver con lo que es ahora”, explicó Janet Gaynor, la primera ganadora del Oscar a la Mejor Actriz por El Ángel de la Calle, de Frank Borzage. Tras la comida, Fairbanks se levantó para dar un breve discurso y, con la ayuda de William C. deMille, comenzó a repartir los galardones. El evento duró solo quince minutos.

En retrospectiva, la 1ª Ceremonia de Premios de la Academia fue excepcional más allá del contexto que llevó a su creación. Se puede poner el ejemplo de que sería la primera y última vez hasta la llegada de The Artist que la Academia entregó el galardón a la Mejor Película a un filme mudo: Wings, de William Wellman, considerada como una de las mayores superproducciones de la época. Pero hay que destacar por encima de todo que fue la primera y única vez que se entregaron dos premios a la Mejor Película. Wings se llevó el premio a la Outstanding Motion Picture –a efectos oficiales, la Mejor Película de ese año– pero la Academia diseño también un galardón a la “Mejor Calidad de Producción Artística”, que premiaría a “la película más original, única o artística sin referencia a su coste o magnitud”. Esa pelicula fue Amanecer, de Murnau. “En otras palabras”, explica Sasha Stone, de Awards Daily, “dividieron a los grandes fabricantes de dinero y a las obras más artísticas, una tendencia a la que Hollywood podría regresar dada la dirección que se está moviendo ahora mismo”.

Douglas Fairbanks (D) entrega a Joseph Farnham el Oscar a los Mejores Intertítulos

Fue una gala exenta de bombo pero no de anécdotas, como el hecho de que el ganador del premio al Mejor Actor, Emil Jannings, no acudió a recibir su premio –a raíz de su labor en dos películas: El Último Mando y El Destino de la Carne por estar de vuelta en su Alemania natal. La escritora Susan Orlean descubrió años después que el actor más votado no fue Jannings, sino el perro Rin Tin Tin. Pero sobre todo, la primera ceremonia de los Oscars fue una exhibición de fuerza de una patronal y el prototipo de una ceremonia destinada a proyectar, a lo largo de las próximas décadas, una imagen idealizada de Hollywood; un concepto que malvive con opiniones más profesionalizadas como las expresadas por actores como Jeff Daniels. “Uno de los aspectos más nobles de los Oscar es que dan a conocer películas sobre las que nadie conoce demasiado. A los blockbusters no les hace falta mucha ayuda”.

(Este artículo fue publicado originalmente el 17 de febrero de 2015 en Las Horas Perdidas)

Fail Safe (Sidney Lumet, 1964)

Rara vez Sidney Lumet me ha enseñado su verdadero rostro. A lo largo de la mayor parte de su filmografía solo he podido atisbarlo, diluido y filtrado a través los esquemas del realismo social que ha dominado su cine. A través de películas como 12 Hombres sin Piedad, Serpico, Tarde de Perros o Veredicto Final percibo a un hombre observador, pragmático, anti-institucional, cualidades todas ellas intrínsecas a su reputación como “el gran artesano liberal de Hollywood”.

Su polivalencia tampoco me ayuda a la hora de descubrir su personalidad. Rodó musicales, rodó misterios, rodó comedias. Así que quizás ese interés social correspondía en su lugar a las modas de la era. El hecho de que lo más parecido que tenemos a unas memorias sea un manual de dirección, Making Movies — un texto metódico, humilde, profundamente informativo, desprovisto de cualquier mística. “Te levantas, trabajas, duermes” — parece reforzar la idea de que Lumet era más bien un catalizador de talentos que prefería dejar que la película se expresara por él.

Pero a veces esos cierres saltan por los aires y Lumet me deja ver su auténtica percepción sobre nosotros. Nunca es constante ni hay película que lo defina enteramente. Hay algo en Equus, hay algo en La ofensa, hay algo en El Prestamista, hay algo en Network, hay algo en Fail Safe, cuando Lumet da un paso más y abandona la orilla del género para sumergirse en el drama psicológico.

Y es horrible. Estamos rotos. El Sistema no es un instrumento invisible de opresión: es un diseño humano que hemos concebido específicamente para explotar nuestras debilidades y garantizar nuestra propia destrucción. En un momento dado de Fail Safe, el piloto que va a arrojar una bomba nuclear sobre Moscú ignora las súplicas de su mujer, convencido de que se trata de una argucia soviética y aferrado a la fiabilidad de los múltiples mecanismos de seguridad, sin saber que han fallado uno tras otro, en cadena, porque cada error ha multiplicado exponencialmente el factor miedo.

Así que cuando el Presidente de Estados Unidos ofrece destruir a cambio la ciudad de Nueva York, a sabiendas de su mujer está de visita, a sabiendas de que la mujer y los hijos del piloto que va a lanzar la bomba viven en Manhattan, Lumet da la vuelta a lo que entendemos por raciocinio, y usa la lógica para justificar una atrocidad. El Sistema que nos destruye nos reconforta, susurrando al mandatario y a la plana mayor de su Administración que no podían hacer otra cosa. Pero el piloto que lanza la bomba lo entiende. Lo entiende en el sueño que inaugura la película: en nosotros sigue intacta una porción reptiliana de violencia, pánico y sadismo, y solo escuchamos ruido y estática.

Los cuadernos de bocetos del soldado Victor Lundy

Victor Lundy, estadounidense, nacido en 1923 en Nueva York, interrumpió sus estudios de Arquitectura para alistarse en el Ejército durante la llamada a filas de 1942. Su destino de instrucción fue la 26ª División de Infantería en Fort Jackson (Carolina del Sur), donde permaneció durante dos años antes de partir para Cherburgo (Francia), donde combatió en el frente hasta que resultó herido en combate a finales de 1944. Tenía 21 años.

Lundy, que recibió el correspondiente Corazón Púrpura, completó sus estudios e inició una carrera como arquitecto que le llevaría a convertirse en uno de los grandes ejemplos de la escuela modernista norteamericana. Pero durante su tiempo en el Ejército, llenó varios cuadernos de bocetos sobre su experiencia en el cuartel y en primera línea de batalla. Todos se encuentran disponibles en su integridad en la web de la Biblioteca del Congreso de EEUU. Aquí.

Soldiers looking at ship in the distance 27 de agosto de 1944
“Shep,” D-day – 6 de junio de 1944
Part of the Atlantic Wall, Quinéville 6 men from L Co. hurt here, 6 killed – 21 de septiembre de 1944
Ship and tugboat – 6 de agosto de 1944
Sunset – First night out – 27 de agosto de 1944

Después de servir completó una licenciatura en arquitectura en la Escuela de Graduados de Diseño de la Universidad de Harvard, Tras unos años en el extranjero, Lundy abrió en 1954 una firma de arquitectos en Sarasota, Florida. En 1967, fue nombrado miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos. Entre los edificios notables diseñados se encuentran el Tribunal Fiscal de los Estados Unidos (abajo) o la Embajada de los Estados Unidos en Sri Lanka.

En Flashbak tenéis más imágenes en alta resolución, y Curbed le dedica un perfil sobre su carrera de arquitecto.

PD: Otro de mis fetiches bélicos: mecheros Zippo de la Guerra de Vietnam. Aquí os dejo un álbum de ellos, en Imgur. Todas las leyendas son imborrables.

Las líneas del tiempo

¿Queréis saber cómo sería Twitter en el siglo IV? Podría ser así. He aquí el Chronikoi kanones de Eusebio de Cesarea. Una de las primeras sucesiones gráficas de eventos históricos relacionados entre sí en forma de filas y columnas de tamaño variable dependiendo de la importancia de los mismos. Data desde el inicio de la era Abrahámica (unos 1.800 años antes de Cristo) hasta el año aproximado de su publicación 325 d.C.

Conoció una segunda parte, publicada en el año 380 por el Doctor de la Iglesia Eusebio Hierónimo, que recopiló y sincronizó los eventos entre ambos escritos. A través de esta estructura, basada en la obra pionera del viajero cristiano Sextus Julius Africanus, ambos consiguieron resolver uno de los problemas fundamentales de la cronología histórica: el de la asociación de eventos.

Es el principio de lo que Wikipedia llama panorámica sincronóptica. Cronografía aquí, para abreviar.

via Richard A. Flower

Tras siglos de relativo silencio, y como otros tantos aspectos de la Edad Clásica, la cronología protagonizó un retorno por todo lo alto durante la Ilustración, de la mano del médico y editor Jacques Barbeu-Dubourg, a quien se le ocurrió la idea de exponer los datos en un formato horizontal, reservando ese eje para representar el paso del tiempo a través de diferentes filas de eventos, y distribuyendo el vertical en forma de columnas de anchura variable, dependiendo de la importancia de los mismos. Y así, en 1753, nació la Carte chronographique: un rollo de 6,5 metros que recopilaba 6.500 años de historia de la Humanidad.

Jacques Barbeu-Dubourg, Chronographie, ou Description des Tems…, tableau 34, Paris 1753

Unos años después, en 1769, el polímata británico Joseph Priestley continuaría con el formato de Barbeu-Dubourg y le añadiría color, en su Nuevo Mapa de la Historia.

Joseph Priestley’s A New Chart of History (1769)

En el siglo XIX, la cronografía fue elevada a la categoría de arte gracias a personas como la profesora y activista de los derechos de la Mujer, Emma Willard, responsable de obras como El Templo del Tiempo, una de las primeras visualizaciones históricas en tres dimensiones de las que se tiene constancia. Un título absolutamente literal, como podéis ver, donde el principio de la Historia se sitúa al final de la nave principal, avanzando conforme las líneas temporales se acercan a la fachada.

The Temple of Time (Emma Willard – 1846)

Willard no solo emplearía la arquitectura como referencia de sus obras. La naturaleza le sirvió de guía en esta historia del siglo XVIII en Estados Unidos, extraída de la biblioteca de mapas de David Rumsey — auténtica cueva de los tesoros para los fans de esta preciosa disciplina —

Willard’s Chronographer of American History – 1865

Aquí tenéis un perfil de Willard escrito por Susan Schulten para Public Domain Review. Aquí, uno de las primeras cronografías en web: Hyper History, de Andreas Nothiger.