La muerte de Malcolm Angell

Foto: Mel James / Medium

Una noticia muy perturbadora llegó desde Canadá la semana pasada: el suicidio del responsable de efectos visuales Malcolm Angell, ciudadano neozelandés de 46 años, empleado de la conocida casa de producción de VFX Mill Film, con sede en Montreal, y trabajador del sector con más de dos décadas de carrera a sus espaldas, con producciones como Avatar, Wonder Woman o Iron Man 3.

El periodista Jacob Serebrin, encargado de cubrir el fallecimiento para The Canadian Press y la cadena nacional CTV News, detalla en su información que antiguos compañeros de Angell “revelan un ambiente tóxico de trabajo en Mill Film, donde las semanas de 80 horas de trabajo son habituales, y que Angell era constantemente humillado por sus jefes”.

La noticia señala además que a Angell le resultaba imposible abandonar su trabajo. Estaba clasificado como “miembro esencial” como responsable de uno de los equipos responsables de completar los VFX de la película de ciencia ficción Bios — protagonizada por Tom Hanks y con fecha de estreno prevista para el año próximo –, y su contrato incluía una cláusula por la que podría verse obligado a pagar a la compañía un montante de 35.000 dólares si abandonaba un proyecto excepto por motivos “muy graves y excepcionales”. Para la profesora en Derecho Laboral Adelle Blackett, consultada en la noticia, esta cláusula supondría una violación de los estatutos de los trabajadores de Quebec.

Ninguno de los colegas de Angell proporciona nombre y apellidos. Ya en su cuenta de Twitter, Serebrin indica que “la gente no solo no quería hablar ‘on the record’; no quería hablar. Punto. Tenían miedo de entrar en una lista negra. Es una industria cuya cultura del miedo está arraigada como jamás he visto antes”.

El hilo:

La compañía propietaria de Mill Film, Technicolor, aseguró que no había recibido quejas de maltrato y se limitó a enviar sus “más profundas condolencias” en un comunicado y a anunciar, tras el fallecimiento de Angell, un programa de apoyo a la salud mental para sus empleados, ante el agravante que representa la “naturaleza de la pandemia” de coronavirus actual.

Las informaciones sobre la precaria situación laboral de los empleados de VFX parecen haber disminuido de los últimos cinco años a esta parte, con notables excepciones, como la polémica generada por la desaparición de la compañía MPC, también propiedad de Technicolor, en 2019. En su momento, la web Cartoon Brew recogió algunas reacciones en un hilo de Reddit en los que usuarios identificados como exempleados de la compañía detallan casos habituales de explotación laboral.

Dado que se trata de usuarios no identificados, Cartoon Brew (y yo) recomienda aceptar estas declaraciones con el correspondiente grado de escepticismo, pero aquí os dejo un vídeo del canal de YouTube Flipped Normals, sobre la creación de contenido digital, uno de cuyos responsables, Henning Sanden (a la derecha, en el vídeo) se identifica como antiguo empleado de MPC y sí detalla estas prácticas hostiles de trabajo. El vídeo tiene subtítulos en inglés bastante ajustados.

Aquí tenéis un obituario sobre Malcolm Angell.

Y, si queréis más información, os dejo un vídeo (sin subtítulos) del responsable de VFX Sohail Al Jamea, con fecha de 2015, sobre la situación de los empleados del sector. Entre las cifras que aporta Al Jamea, se detalla que un 38% de los empleados ha trabajado en alguna ocasión más de 100 horas por semana y que más del 90 por ciento de los empleados de Reino Unido, Francia o India no han cobrado por la totalidad de las horas trabajadas — algo que menciona Sanden en el vídeo de arriba –.

(Siguiendo con las recomendaciones sobre este tipo de informaciones, aquí dejo una lista con teléfonos para la prevención del suicidio en España)

Una vieja dama que fluye con su vestido

La mejor nueva película que he visto este año es My Octopus Teacher, dirigida por Pippa Ehrlich y James Reed, una historia de regeneración protagonizada por el documentalista sudafricano Craig Foster a través de la relación que entabla con un pulpo hembra, residente en un bosque de algas del Cabo de las Tormentas, en la punta sur del continente africano, a lo largo del breve ciclo vital del animal.

El tráiler, y su correspondiente enlace a Netflix, donde podéis verla.

SPOILERS (si queréis saltar directamente a los enlaces relacionados, se encuentran al final del post)

Foster regresa a su país natal, Sudáfrica, hastiado y descontento, necesitado de un nuevo impulso. Este nuevo ecosistema le proporciona todo lo que necesita. Sus frías aguas estimulan su cuerpo, la vida que se desplaza a su alrededor reanima su inquietud intelectual, y el habitante que coprotagoniza este relato se encarga de satisfacer sus carencias afectivas.

Acercamientos tentativos dan paso al contacto físico con la criatura, nunca nombrada, en una conexión sublimada través de metáforas, “una vieja dama que fluye con su vestido”, mientras crece su admiración por una superviviente nata, artista del camuflaje, “líquida como el agua” donde se desenvuelve, y cauta hasta el extremo.

Un desliz que pone en fuga a la octópoda sirve a Foster para reconectar un aspecto de su pasado en las antípodas de ese lugar: su estudio sobre las extraordinarias habilidades de los rastreadores San, habitantes del desierto del Kalahari. De repente, Foster se convierte en uno de ellos, a lo largo de una semana de búsqueda durante la que traza una topología tan precisa que llega a identificar un ecosistema entero, transformado por las huellas de carroña que deja el paso del animal.

Cuando el reencuentro ocurre, Foster ha conocido un lado más hostil de su compañera, momentos de caza nocturna en un entorno que nada tiene que ver con la placidez del día, que le obliga a reevaluar su relación con un entorno ausente de piedad. Cuando el ataque de un tiburón amputa una de las extremidades de la octópodo, la duda le consume. ¿Debería haber intervenido? ¿Debería haber alterado el proceso natural? Nuestra especie transforma constantemente el ecosistema, ¿tiene una sola persona la misma potestad?

Momentos como éste alimentan el documental, que en ningún momento padece el temido descenso de interés que comienza más allá de los tradicionales tres cuartos de hora que suele imponer el género, en especial en su vertiente televisiva. Es más, su tercio final reserva los instantes más entretenidos e iluminadores. Una extraordinaria persecución, un segundo asalto entre el tiburón y nuestra protagonista, nos habla de lecciones aprendidas en el arte de sobrevivir antes de dar paso a otra sobre el impulso de entregar la vida en el momento exacto, cuando la criatura coordina instintivamente sus instantes finales con la eclosión de su descendencia.

Y la vida sigue, y Foster y su hijo usan esta realidad para reenfocar la conexión que les une en un entorno donde ahora habitan decenas de nuevas vidas donde solo había una. Unos minutos finales para comentar la labor de desarrollo medioambiental que Foster ha desarrollado desde entonces, y la historia concluye, heredera de una insigne vertiente del documental naturalista, recordatoria de que tal y como cambiamos el mundo, el mundo nos cambia a nosotros.

Foto: Sea Change Project

– Para más obras dentro de esta vertiente, o primas hermanas de la misma, aparece instantáneamente en mi cabeza la extraordinaria filmografía del gran director estadounidense Carroll Ballard. El Corcel Negro, Los Lobos no Lloran, De Vuelta a Casa — y los respectivos libros en los que se basan estas dos últimas –.

– Dos libros que tengo en mi biblioteca también os podrían servir: The Peregrine, de J.A. Baker, y Sueños Árticos, de Barry Lopez, disponible en España a través de Capitán Swing.

– Sobre la labor de Foster, en su web Sea Project nos encontramos con más información y un enlace a un libro, coescrito por él mismo, que puede servir de fenomenal anexo. Se trata de Sea Change: Primal Joy and the Art of Underwater Tracking.

– Un making of del documental, presentado por la colaboradora y mujer de Foster, Swati Thiyagarajan. Aquí, su correspondiente artículo en web, tan extenso como minucioso.

– Por último, su página en Instagram.

Una Primavera Suspendida

Durante la primavera de 2019, los montañistas y esquiadores Mathéo Jacquemoud y Vivian Bruchez emprendieron la aventura de cruzar los Alpes de este a oeste, desde el Cervin hasta el Mont Blanc, en un viaje que ha sirvió para, un año después, la publicación de Un Printemps Suspendu (Una Primavera Suspendida), un espectacular reportaje interactivo del diario deportivo L’Equipe.

El interactivo está formado seis episodios de unos diez minutos de duración y combina animación 3D con vídeos de las subidas de Bruchez y Jacquemond a algunas de las montañas más famosas de la cordillera. Todos los episodios en web van acompañados de subtítulos en inglés.

Los episodios, cuenta Telerama, han sido coordinados por el periodista de L’Equipe Aurélien Delfoss, con diseño del estudio Upian, en un viaje por el Matterhorn, el Gran Combin, el Viso y el Eiger, antes de culminar en los últimos veinte minutos con el macizo del Mont Blanc, primero con la llegada a la cresta de las Grandes Jorasses (que marca la frontera entre Francia e Italia) antes del abordaje de la mítica montaña desde el este.

Si os resulta más cómodo, el diario ha colgado los extractos de imagen real en su canal de YouTube, con la pega de que no hay subtítulos en esta modalidad.

Un enlace más: la banda sonora para la ocasión, cortesía de Roi Kedar (también en YouTube).

via Imperica

Cine a -60º C

Fotos: Alexey Vasilyev

En la región federal del Lejano Oriente de Rusia se encuentra la entidad subnacional más grande del mundo: la República de Sajá, conocida también por sus residentes –y por los jugadores del Risk — como Yakutia. Allí viven poco menos de un millón de habitantes, repartidos entre sus tres millones de kilómetros cuadrados de extensión (seis veces el territorio de España), y concentrados principalmente en la capital, Yakutsk, hogar de una tercera parte de su población, y epicentro desde hace algunos años de una industria cinematográfica en ciernes que se está desarrollando en un territorio que ha llegado a registrar temperaturas de hasta -60º en invierno para convertirse en el lugar más frío del hemisferio norte.

Uno de los principales documentalistas de esta industria, así como de la vida cotidiana de la región, en general, es el fotógrafo Alexey Vasilyev (página web, Instagram), quien ocupa su tiempo en captar imágenes como éstas para ratificar que, sí: debe de hacer frío.

Mucho.

De un tiempo a esta parte, a principios de este año, para ser más exactos, Vasiliev multiplicó sus labores para convertirse en portavoz oficioso de lo que sus propios participantes denominan cariñosamente ‘Sajawood’. Esta industria local del cine yakuto estrena cada año entre siete y diez largometrajes de variado género, desde comedias románticas a cuentos de hadas basados en leyendas y creencias locales, pasando por temas más comerciales como el siempre bienvenido apocalipsis zombi, con un presupuesto medio aproximado de entre uno y dos millones de rublos (entre 11.000 y 22.000 euros), si bien algunas producciones alcanzan cantidades estimadas de 85.000 euros.

Es posible que ahora mismo estéis pensando que nadie en su sano juicio se va a poner a hacer una película a -60º, y que seguramente los directores aguardan a la llegada de los meses de verano para ponerse en marcha y rodar el catálogo entero del año. Tendríais razón… parcialmente. Si bien es cierto que las temperaturas en verano pueden alcanzar los 40º, las estaciones cálidas son cortísimas. Vale la pena reiterar: el frío en Yakutia ronda lo insoportable por el ser humano. La capital es la ciudad más grande del mundo construida sobre permafrost y su temperatura media es de unos -9ºC.

Y si la película ocurre una vez caída la noche o requiere exhibir la dureza de la intemperie, o ambas cosas al mismo tiempo, nos encontramos obras como Khara Khaar (Nieve Negra), de Stepan Burnashev, la historia de un conductor atrapado debajo de su enorme camión. El rodaje se desarrolló durante el mes de marzo, con temperaturas de unos -40º.

Burnashev (a la derecha) ensaya una escena con el protagonista de la película, Fedor Lvov (izquierda)

Burnashev es uno de los directores y productores más prolíficos de esta cinematografía — nueve películas desde 2012 — aunque, como otros tantos compañeros, el cine no fue su primera opción (estudió Economía e Informática). Es responsable entre otras de la aventura de zombis Respublika Z (República Z), de 2018.

Aquí van tráilers de ambas.

Khara Khaar (Nieve Negra)
Respublika Z (República Z)

Por la parte de producción y expansión internacional se encuentra el también director Alexei Romaov, fundador de la productora oficial regional, Sakhafilms, quien pone de relieve el crecimiento en la difusión de esta cinematografía a través de certámenes internacionales, a través de retrospectivas como las realizadas en el Festival de Cine de Busan, en Corea del Sur, o en el Festival de Cine de Moscú donde una de estas películas, el relato tradicional The Lord Eagle, de Eduard Novikov, se alzó con el máximo galardón el año pasado.

Aquí os dejo el tráiler de otra de las participantes en el certamen moscovita de este año, el relato costumbrista The Sun Above Me Never Sets (El Sol sobre mí nunca se pone), de Lyubov Borisova.

Romanov defiende el éxito de una cinematografía que se beneficia en cierto modo de las duras condiciones climatológicas porque en los meses de invierno la población local elige el cine como una de sus primeras opciones de ocio, aunque esta ventaja, si la queréis llamar así, se convierte en una necesidad dado que los salarios del equipo de producción y actores son irrisorios, por lo que requieren perentoriamente de un porcentaje de la taquilla para llegar a fin de mes.

Os dejo aquí unos cuantos enlaces de interés, por si queréis profundizar más:

Un especial del magacín Time.

– La web oficial de la productora regional Sakhafilm, con opción en inglés, dentro del menú principal.

– El canal en YouTube del director Stepan Burnashev, con tráilers y vídeos cortos de rodaje.

“Interrumpimos esta transmisión…”

Teaser póster de Special Bulletin (1983) – via Bill Geerhart | Twitter

Dentro del reino de películas que hacen de la veracidad su patio de recreo existe un reducido grupo que vive al límite del abismo: las falsas retransmisiones, un género de ficción que se apropia de características propias de la radio y la televisión, como son la inmediatez y la credibilidad, y las entremezcla con la ficción propia de las artes hasta que tu marco habitual de referencia a la hora de ver películas acaba saltando por los aires. Estás viendo algo que no ha ocurrido. Pero lo estás viendo “ahora”, “simultáneamente”, “con presentador y anuncios”.

Me encantan. Son un ‘mindfuck’ en un sentido no particularmente normal y corriente de ‘mindfuck’ (por ocurrir fuera de la historia que se nos relata para pertenecer, más bien, a la forma en la que es narrada) con referentes históricos conocidos por todos, y películas menores que han seguido sus pasos, de manera esporádica y con mucho tiento. De un tiempo a esta parte he visto por vez primera un par, recordado otra, y me he puesto a tirar un poco del hilo, a ver qué sacaba.

Primera sorpresa: se remonta más de una década antes de la retransmisión de La Guerra de los Mundos que protagonizó Orson Welles en 1938*, concretamente al año 1926, de la mano del capellán y escritor británico Ronald Knox, fanático de las novelas de detectives, quien aterrorizó a los radioyentes de Reino Unido al narrar una supuesta manifestación proletaria completamente fuera de control que estaba arrasando con las calles de la capital, Londres. Como sucedería doce años después, el programa, que llevaba por título Broadcasting the Barricades, algunos de los oyentes llamarían a la centralita del casi recién nacido servicio radiofónico de la BBC para intentar verificar informaciones como la destrucción del Big Ben y del hotel Savoy, así como la ejecución del ministro de Transporte, ahorcado en un poste de la luz.

La grabación de Broadcasting the Barricades no está disponible pero el periodista Paul Slade nos deja aquí un magnífico recuento, con multitud de fuentes, de lo ocurrido con esa retransmisión, precedente directo de la de Welles en forma y consecuencias, y ambas partes de una nueva forma de contar ficción que tendría su máximo exponente durante la primera mitad del siglo XX en el programa de radio Columbia Workshop, una serie de retransmisiones que tenían por objetivo jugar con las posibilidades de la comunicación radiofónica (uno de los programas, Broadway Evening, se dedicaba a simular un paseo de una pareja por la calle de los teatros neoyorquinos). Aquí, todos sus programas recogidos en Archive.

Os dejo aquí un histórico del Columbia Workshop: The Fall of the City, con voces de Orson Welles y Burgess Meredith; una alegoría en verso sobre el ascenso del Fascismo, con música del legendario Bernard Hermann (30′, .mp3, descargadlo aquí)


Esta experimentación daría el salto al audiovisual a lo largo de los siguientes años. Uno de los máximos exponentes es The War Game, el falso documental sobre un holocausto nuclear dirigido en 1965 por el gran Peter Watkins — y uno que a la postre recibiría el Oscar de la Academia –. Las autoridades de la BBC decidieron retener su contenido durante 20 años, preocupadas por la violencia de sus imágenes.

Y, sin embargo, The War Game no es exactamente una retransmisión en directo de un fenómeno inexistente. Para dejaros bien claro lo que quiero decir, quiero hablaros aquí del máximo exponente de este género: Special Bulletin, de Edward Zwick y Marshall Herskovitz (el primero, director de películas como Tiempos de Gloria o El Último Samurái; ambos, creadores de la mítica serie Treintaytantos), emitido en la NBC el 20 de marzo de 1983.

SPECIAL BULLETIN

Special Bulletin, que os dejo abajo en su integridad, es un boletín informativo que narra una noticia ocurrida en el puerto de Charleston (Carolina del Sur), donde un grupo de científicos desencantados presentan al mundo una bomba nuclear de fabricación casera que amenazan con detonar si las potencias internacionales, principalmente Estados Unidos y la Unión Soviética, no ponen fin inmediatamente a la carrera armamentística.

El Washington Post, en su archivo, narra cómo Zwick y Herskovitz enviaron su idea a NBC en 1982 a través del productor ejecutivo Don Ohlmeyer. Tras conseguir la aprobación de la división de entretenimiento, la junta de Standard and Practices encargada de controlar el contenido de la cadena dictaminó que el programa grabado debía ir precedido de un descargo de responsabilidad que alertaba a los espectadores sobre el engaño. Este descargo debía emitirse al principio del falso programa y antes de su reanudación tras los intermedios publicitarios.

Dados estos avisos, el programa no causó en los espectadores el malestar entre la audiencia generado por sus predecesores. Cabe decir que Zwick siempre lamentó la decisión de la cadena, que le fue comunicada por el presidente de la NBC, Grant Tinker, quien le explicó que era “mejor errar por el lado de la responsabilidad “.

“El problema es que Ohlmeyer hizo un trabajo fantástico”, explicó en su momento M.S. (Bud) Rukeyser Jr., vicepresidente ejecutivo de NBC. “No fue hasta que lo vimos en su forma final que nos dimos cuenta del gran problema que teníamos. Estamos tratando de servir a dos maestros aquí y encontrar una solución que mantenga la integridad del programa, pero también tenemos que ser responsables ante nuestros televidentes”.

Aquí os dejo el “programa” en su integridad, ganador en último término de cuatro premios Emmy, entre ellos el de guion y montaje para un programa especial.

Special Bulletin no fue ni el primero ni el último de estos falsos programas. La primera mitad de la década de los noventa fue escenario de otros dos experimentos similares, ambos enmarcados en la ciencia ficción.

Aquí os dejo Without Warning, un falso especial informativo sobre la súbita aparición de un misterioso asteroide que va a entrar en colisión con la Tierra, emitido por la CBS en 1994 de la mano del productor ejecutivo David L. Wolper — un nombre extraordinario por méritos propios, responsable entre otras de Raíces — quien había tratado previamente el tema de los falsos documentales.

Otro ejemplo más: Special Report – Journey to Mars, sobre los últimos momentos de una misión tripulada estadounidense al planeta rojo. Tiene fecha de 1995, y entre su reparto podemos ver a una joven Alfre Woodard.

Dejo mi favorito para el final: Ghostwatch, que se presenta ante nosotros como un supuesto programa en directo de la BBC, cuyo anfitrión es Michael Parkinson (uno de los más conocidos presentadores de talkshows de la época, en la vida real), que sigue a un equipo de TV en una casa presuntamente encantada por un malévolo fantasma llamado coloquialmente como Pipes (“El tuberías”). El programa desencadenó las mismas consecuencias que sus predecesores. Primero, por la extraña decisión de sus responsables de insertar el programa dentro de la ilustre antología Screen One (una serie de ficción, de largo recorrido en Reino Unido), lo que reforzó en la audiencia la idea de que lo que estaban viendo sucedía realmente, de tan clara que era la ruptura con la línea habitual de la serie; y segundo por su desarrollo, primero marcadamente inocentón y “televisivo”, que progresivamente evoluciona hacia algo mucho más críptico, inquietante y rupturista, por no mencionar su uso de la sugestión a la hora de reproducir las supuestas apariciones del fantasma.

SPOILERS en este vídeo, cuidado.

Recomendado encarecidamente, este último. Aquí os dejo una retrospectiva.


UPDAIT: Pol Turrents me recuerda el falso informativo emitido por TVE-Catalunya en abril de 1991 sobre el falso asesinato del premier soviético Mijáil Gorbachov.

  • Como último apunte sobre la retransmisión de La Guerra de los Mundos de Welles, os dejo algo que me he encontrado de refilón: un suceso exactamente igual que ocurrió en la capital de Ecuador, Quito, en 1949, cuando una retransmisión en español de ese programa generó graves disturbios que se saldaron con siete muertos y la quema de una emisora de radio local. Tenéis un recuento de lo sucedido aquí, en Radio Ambulante.

Norma Percy y La Muerte de Yugoslavia

Norma Percy lleva produciendo documentales histórico/políticos desde hace casi 40 años. Entre sus entrevistados se encuentran Barack Obama, Ariel Sharon, Bill Clinton, Mijáil Gorbachov, Slobodan Milosevic, Radovan Karadzic, Vladimir Putin, Tony Blair, Jimmy Carter, George W. Bush, Boris Yeltsin, Colin Powell o Ehud Barak, sin contar la pléyade de asesores de los respectivos mandatarios cuyas declaraciones emplea para redondear unos relatos que han tratado las tres primeras guerras de Yugoslavia de la década de los 90, el conflicto en Oriente Próximo, el escándalo del Watergate o la emergencia de la Revolución iraní.

Percy sigue un método. “Las decisiones políticas clave se adoptan a puerta cerrada, en privado, muchhas de ellas en secreto. La misión del entrevistador es descubrir cuándo ocurrieron estos momentos, descubrir en detalle lo que sucedió ahí, y conseguir que sus participantes relaten su versión de lo ocurrido”.

Ello sucede, por ejemplo, en el segundo episodio de su gran serie documental, ganadora de un Premio Peabody: La Muerte de Yugoslavia. El encuentro tiene lugar el 12 de marzo de 1991 en la sede del Ejército yugoslavo, donde el general serbio Veljko Kadijevic propone la instauración del estado de emergencia para intervenir en Croacia y aniquilar el movimiento separatista. Allí están presentes los miembros del Consejo de Estado de Yugoslavia, representantes de Bosnia, Montenegro, Kosovo e incluso de la propia Croacia — el ahora expresidente Stjepan Mesic, una voz solitaria en la mesa suplicando para impedir el conflicto armado que acabaría desencadenándose a la postre –.

El encuentro fue grabado por los propios militares por motivos de seguridad. Percy consiguió el acceso a las grabaciones, y entrevistó a sus participantes sobre ellas. “¿Jugarán al mismo juego?”, se pregunta Percy. “¿Lo contarán en forma de historia? ¿Te repetirán la misma línea que han dado a otros periodistas? O bien, dado que están ante la oportunidad de contar lo que realmente ocurrió, ¿echarán la vista atrás, se imaginarán de vuelta en esa habitación, y relatarán exactamente eso? Cuando tal cosa sucede, no hay nada que se le compare”.

Y eso es solo el segundo episodio. En el cuarto, somos testigos de un episodio absolutamente increíble: la retención temporal del presidente de Bosnia, Alija Izetbegovic, por las fuerzas serbobosnias — un acontecimiento narrado en directo por la televisión a través de una tensísima llamada a tres entre Izetbegovic; su número dos, Ejup Ganic, y el comandante de las fuerzas serbobosnias que le mantiene cautivo — y su posterior extracción por un convoy de la ONU flanqueado a través de zona de combate por un pelotón con ganas de liarse a tiros en cualquier momento. La llamada está documentada, los participantes prestan testimonio, los combates están grabados.

La Muerte de Yugoslavia consta de cinco episodios emitidos entre septiembre y octubre de 1995 más un anexo posterior sobre los acuerdos de paz de Dayton que vio la luz en verano de 1996. Es decir, comenzó su emisión cuando la guerra de Bosnia no había terminado. Es un documental que canjea perspectiva histórica por inmediatez y calidad de las fuentes.

Diez años después, los testimonios recabados en la serie fueron empleados en el proceso emprendido contra Milosevic y Karadzic en el Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia.

Si vas a canjear perspectiva por inmediatez, así es como se hace.

Aquí tenéis el documental completo, con subtítulos en español. Los testimonios de sus más de 70 participantes se encuentran en el idioma original con subtítulos — por lo que he podido ver en algunos comentarios, no captan por completo el énfasis en algunas declaraciones pero, en general, son bastante ajustados –. La playlist, aquí.

La Muerte de Yugoslavia no es el único documental de Percy que se encuentra en YouTube. Aquí tenéis Irán y Occidente (2009).

Aquí está Paz Elusiva: Israel y los Árabes (2005)

Y aquí, Watergate (1994)

Y aquí, un repaso de la propia Percy a su carrera, en una entrevista con BBC Radio 4, en 2016. Aquí, en YouTube.

PD: Si os interesa el tema yugoslavo, os recomiendo este libro.

El Paso Intermedio: un postmortem

En 2017 comenzamos a grabar un cortometraje titulado El Paso Intermedio. Yo lo escribí. Tardamos tres años en estrenarlo.

Doce páginas de guion. Dos localizaciones, tres actores. Tres años.

Por ir aclarando: estoy enamorado del corto como el primer día. Es posiblemente una de las cosas de las que más orgulloso me siento en mi vida. Pero hacer un corto sin una estructura profesional de producción esconde muchas complicaciones, cada una de las cuales es capaz de hacerte retroceder cinco casillas.

Así que un par de meses después de la presentación “en abierto” del corto, se me ocurrió la idea de hablar con Javi Ruiz de Arcaute y con Daniel Rayado — director y montador/sonido — para analizar el desarrollo del proyecto de principio a fin.

Javi y Dani saben de primera mano, mucho más que yo (entregué el guion, con mis bendiciones, para pasar a ver los toros desde la barrera) lo peliagudo que fue. Así que nadie mejor que ellos para explicaros las trampas que esconden esta clase de producciones y para facilitaros recursos de producción con enlaces varios (al final del post).

Por mi parte, dos apuntes:

1.- Que la gran pregunta que me hice mientras lo escribí no fue “¿es bueno?” sino “¿es lo suficientemente bueno? ¿Merece la pena que la gente se parta la crisma por esto?”

2.- Que el diablo está en los detalles y que cada detalle al azar regresará en algún momento dado, multiplicado exponencialmente, para machacarte la cabeza.

Dicho esto, nunca podré agradecer lo suficiente a todo el mundo haber acabado escribiendo este post.

Aquí, el podcast:

Descarga directa – aquí

Aquí está el guion:

Y aquí, por completar, unos comentarios adicionales de Javi sobre aspectos de producción, con enlaces incluidos a recursos: dónde adquirió las lentes, encontró la casa, y las webs a las que acudió para mover el corto en festivales.

“Las ópticas que utilizamos fueron unas Samyang XEEN de cine, concretamente un 85mm, 50mm y 24mm, y luego en la pista un Sigma 70-200mm. Los focos que fueron dos pantallas de led Newer nuestras, en momentos muy puntuales y, sobre todo un ARRI L7-C LE2 y dos Dedoled DLED 9. Luego, aparte, banderas para cortar la luz, trípodes y material convencional de ese tipo.

Las alquilamos en Falco Films, pero en Madrid hay otras casas de alquiler como Welab, Asiria Producciones u Ovide. Hay más seguro, pero nosotros hemos trabajado casi siempre con las tres primeras. Ovide me suena más de producciones tochas de cine y tele aunque manejen equipos similares.

La casa la busqué por AirBnb avisando a la propietaria que era para un rodaje, que no suelen ser muy proclives a eso porque normalmente algo se jode siempre y a veces la gente es muy poco cuidadosa. Era más barato de esa manera pese a pagar más que por un alojamiento convencional por esto de las molestias del rodaje. Pero para buscar localizaciones específicas para rodajes, sesiones de fotos, eventos, etc. hay una web chula: Espacios más Creativos. Tienen mogollón de referencias y, por lo general, muy preparadas para acoger estas movidas. El precio, obviamente, sube mucho. Una amiga que es productora de publi sobre todo me dijo que una localización normalita, en plan un piso o una casa pequeña, difícilmente baja de 1.000€ por día, y de ahí para arriba. Para cosas que hemos hecho de vodafone me suena que han buscado ahí sobre todo.

En cuanto a la distribución de cortos la plataforma que más me gusta es Filmfreeway  Tiene mejor diseño, muchos más festivales, un motor de búsqueda de puta madre e información cojonuda y actualizada. También he utilizado Clickforfestivals y Shortfilmdepot, que era las que conocía de antes, pero, siendo útiles, están mucho menos actualizadas y envejecidas además de que para cualquier información específica te rebotan a la web del festival de turno, que muchas son muy chusqueras. No las han mejorado desde que hice Mendigo en llamas y eso fue en 2011-2012. En Filmfreeway, igual que tú rellenas un perfil vistoso de tu corto que es fácil de actualizar, los festivales hacen lo propio y de verdad que está guay.”

El corto, aquí:

Enlaces

Últimamente estoy escuchando The Deca Tapes, un podcast de ciencia ficción y misterio creado casi de cabo a rabo, voces excluidas, por el holandés Lex Noteboom (Twitter) y nominado a los Webby Awards. Cada uno de sus ocho episodios sigue a los ocho participantes de lo que parece ser un expermiento científico de distribucion de roles donde cada uno de ellos asume una función determinada (cocinera, profesora, líder). Hasta que alguien muere. Cada episodio sigue las grabaciones de los participantes, interrumpidas por una historia tangencialmente (o no, dun-dun-dun) relacionada con el misterio en cuestión. Tenéis las transcripciones en este enlace de Dropbox (.pdf). Aquí, su web oficial.

PD: El resto de los nominados a los Webbys, en la página oficial del certamen (sección “categorías”)


Tema libros. Me he terminado Borne, de Jeff VanderMeer — futuro distópico, empresa maligna, joven apandadora conoce a extraña criatura mutante, unen fuerzas contra un oso volador y su descendencia — y me ha dejado con las ganas justas para leer la segunda entrega de ese universo, Dead Astronauts, cuando termine con las dos lecturas que acabo de empezar: A History of Christianity, de Paul Johnson (Wiki), y The Power Broker, de Robert Caro. La primera se explica sola, la segunda es una biografía apócrifa de una figura absolutamente instrumental para entender el desarollo urbano de la Nueva York contemporánea: Robert Moses (Wiki).

Desde sus primeras páginas — y los mapas que las acompañan — queda claro la magnitud de la figura de Moses, un hombre que llegó a acumular hasta una docena de cargos simultáneos durante su carrera, principalmente como comisario de parques de Nueva York, capacitado para manejar miles de millones de dólares sin restricción alguna. A falta de terminarme el libro, os señalo una circunstancia histórica bien documentada de Moses: su enfrentamiento con otra figura trascendental del urbanismo, Jane Jacobs, quien protagonizó una larga historia de rivalidad con Moses por las intenciones de este último, acérrimo defensor del transporte privado, símbolo del progreso americano, de levantar una autopista en mitad de la ciudad. Literalmente EN MITAD de la ciudad.

Foto: AP

PD: Llegué a este libro tras leer algunos extractos de Working, las memorias de Caro, y un manual sobre la redacción de biografías. Aquí, un reportaje sobre el escritor, por la NPR.


Retroarch. Un interfaz/emulador universal que permite la reproducción de videojuegos clásicos (Super Nintendo, Mega Drive, Neo Geo, arcades, Atari, Commodore) con el aliciente añadido — y aquí entramos en el terreno de ‘quizás es demasiado friki para mi’ — de la posibilidad de incorporar unos filtros para convertir la imagen tal y como se vería en una televisión antigua de tubo de rayos catódicos: una CRT. Iluminación de los fósforos incluida.

A esto hemos llegado.

Pero aguantad este “quizás” un momento. Sucede una cosa: los gráficos de esos juegos estaban concebidos para aparecer en esta clase de televisores, cuyas líneas horizontales, si bien no tienen ni punto de comparación con las resolución de las televisiones actuales, suavizaban los duros píxeles de la época. Más aún: los juegos fueron desarrollados en este tipo de pantallas.

Imagen: Richmond Lee

Así que se puede decir que estos filtros no son tan pecata minuta como creía en un momento sino que tienen, en realidad, su cierta importancia a la hora de disfrutar, en plan purista, del juego original, con todos los pronunciamientos, excepción hecha de tenerlo físicamente en vuestra colección. Más la tele.

Yep. Tengo mis filtros favoritos.

Y oh sí, los he retocado a mi gusto. He tardado días.

Tecnicismos al margen: Retroarch es awesome. Tutoriales a rebosar en YouTube.


Una batería de enlaces con criterio absolutamente random: Drive & Listen es una web que os lleva de paseo en coche por las calles de las principales ciudades del mundo, acompañados de emisoras locales; un curso gratuito on-line de parques temáticos cortesía de la gente de Imagineering, la división especializada de Disney, y From dream to reality!, uno de los primeros cortometrajes parodia sobre el auge publicitario de los años 50 y 60 en Estados Unidos, recuperado por la excelente web Aeon.


Y por terminar con un disco, como es habitual: God Fodder, de Ned’s Atomic Dustbin. Cuando EEUU empezó con el grunge, Reino Unido se puso en plan rock disco con tripis. Aquí un concierto. Abajo su debut.