El año de escribir absolutamente nada

Hará como un par de semanas recibí un correo de WordPress en el que se me informaba sin vaselina de que he pagado 96 pavos por mantener abierto este blog un año más, casi exactamente el mismo tiempo que llevaba sin escribir aquí. Me quedé bastante ojiplático, no por la factura en sí, sino por lo mucho que me había olvidado de que existía esta página. Nunca concebí MHQLH como un proyecto a largo plazo, sino más bien como un repositorio de artículos antiguos que escribí en Las Horas Perdidas, salpicados de enlaces y temas extracinematográficos, y como un amortiguador de la breve agonía y parón en seco que fue el cierre de la web. Una tercera parte de almacén de reserva semiprescindible– dado que los artículos originales siguen en la web –, una tercera parte de experimento, una tercera parte de metadona. En retrospectiva, creo que cumplió bastante bien todos estos propósitos. Así que despedida y cierre. Hasta que 96 pavos, doce meses de prórroga. Suficiente dinero como para sacarle un poco más de partido. Eso o darme cabezazos contra la pared, por horrible gestor de mi patrimonio personal, por llamarlo de alguna forma.

Así pues, qué hay aquí. Algo de mí, algo de películas, algo de televisión, algo de música, algo de cómics, algo de juegos algo de libros. No tengo Twitter activo ni red social alguna, ni tampoco mucho interés en promocionar este post, por muy antiintuitivo que pudiera parecer. Lo hago simplemente por una mera cuestión de rendimiento — y un poquito por la curiosidad de saber qué impacto tiene realmente WordPress como plataforma de difusión, dada como es a post largos (como va a ser este, voy a avisando) y alejada de la inmediatez predominante.

Yo estoy bien. Trabajo, salud, amigos, familia: todo check. Canto en los dientes. No creo en el karma, pero si 2022 termina con una lluvia de pianos sobre mi cabeza cambiaré de opinión. Yo estoy bien y espero que vosotros lo estéis, y simplemente terminar esta introducción diciendo que si en un momento dado experimentáis brotes agudos de urticaria, mareos, gases, diarreas o sensación de congestión y ahogo esporádicos de manera simultánea quizás está relacionado con la presencia de este pequeño cabrón y convendría un chute nuclear de antibióticos inmediatamente porque no, esto no ha sido «una indigestión del jamón york éste que me comí raro y se pasa en dos días». Creedme.

PELÍCULAS

Una por encima de todas y su nombre es una auténtica bocanada de aire. Se llama Preparativos para pasar juntos un periodo desconocido de tiempo, de Lili Horvát. La trama: neurocirujana húngara conoce a colega durante un simposio en el extranjero. Surge una conexión lo suficientemente importante como para quedar para volver a verse de retorno a su país. Cuando vuelven a verse las caras, él no la recuerda. Ella, absoluto genio en lo suyo, introspectiva, vulnerable, hermética, decide dar un salto de fe y realizar una nueva aproximación para comprender, por lo menos, los motivos de esta amnesia — y a su edad, terminar de comprender cómo funciona esta cosa de las «relaciones humanas» — . Y es, como el desempeño de su trabajo, tan mesurado y elegante su acercamiento que un romance que parecía muerto amaga con renacer, principio para él, segundo acto para ella, y lo que parecía un misterio distante al principio se convierte en un ejercicio de detalles apasionante hasta el punto de que verles juntos por cada lado de una acera, en silencio y dedicándose media sonrisa de soslayo quita. El. Puñetero. Aliento. Es una de estas películas rara avis que son profundamente líricas sin necesidad de vociferarlo. Le sale natural. No se me ocurre mejor elogio. Calibre Breve Encuentro o Antes del Atardecer. Juro que no estoy de coña.

Más películas:

Algunas a bote pronto, otras fruto de refrescar la memoria, y con enlaces a su página de IMDb. The Humans, de Stephen Karam, y The Innocents son las dos primeras que me vienen a la cabeza. La primera se presenta como «drama familiar-crepuscular-elevado con posibilidades de Oscar» o como se diga ahora pero entre líneas es una película de terror bastante angustiosa que enfrenta a un apesadumbrado padre de familia, Richard Jenkins, contra un cochambroso dúplex del Lower East Side neoyorquino plagado de misteriosos ruiditos, paredes descorchadas, luces moribundas, goteras, puertas atascadas y vecinos desenfocados. La película llama la atención sobre estos incómodos detalles con una insistencia cada vez mayor hasta culminar en 15 minutos finales más tensos que una visita al dentista. Me da reparo enlazar el tráiler porque es espantoso. The Innocents, por otro lado, es una mezcla de Déjame Entrar meets Los Nuevos Mutantes de la mano de Eskel Vogt, el guionista de Thelma. Como la anterior, usa los poderes de sus jóvenes protagonistas como expresión de los traumas propios de esos años, pero si Thelma se amparaba en un romance, The Innocents abraza más el misterio, el suspense y el terror hasta culminar en una batalla del Bien contra el Mal que nunca debería haber tenido lugar, por desgracia para el supuesto supervillano de la historia, por dos motivos sobre los que os aviso aquí y ahora: escenas de maltrato infantil y crueldad animal. Id con cuidado.

Al hilo de películas monumentales, me puse recientemente al día con El Viajante, de Asghar Farhadi. No vale la pena redundar mucho en las capacidades de alguien del que me parece que lleva opositando desde hace más de una década a mejor director vivo del planeta. Me pregunto si el tío — como los Dardenne — se da cuenta de lo condenadamente difícil que es hacer lo que hace. Sirva lo mismo para Benedetta, de Verhoeven, que necesitaría de un post entero al margen. Si comento que no es ni rematadamente la exhibición de soft porno que esperaba como agua de mayo temía no va a iluminaros gran cosa. Si digo que me pareció una mezcla entre El Ala Oeste de la Casa Blanca y La Casa de Bernarda Alba solo os va a liar más. Simplemente: es una película que no deja de lanzar ideas extremadamente articuladas sobre mujeres, política, Dios, religión y los diferentes aspectos del deseo (desde el fervor hasta la lujuria, pasando por la ambición) que distorsionan todo lo anteriormente mencionado. Porque al final, todos somos humanos y Sus caminos son inescrotables. Inescrutables.

Ah. Barbarroja puede haberse convertido en mi película favorita de Kurosawa. Ahí ahí con El Infierno del Odio.

Más que me saltan en el radar de ayer y hoy, algunas nuevas, otras no: The Novice, de Lauren Hadaway, una suerte de Black Swan ambientada en el mundo del remo femenino con Isabelle Fuhrman; la scifi malrrollera de Undergods, de Chino Moya– y, por insistir con el terror: Anything for Jackson, A Dark Song, Malignant, Blood Quantum y No One Gets Out Alive –, siguiendo con el enésimo ejemplo de que a los australianos no les sale un thriller malo ni intentándolo que es The Dry, con Eric Bana; Synchronic o The Card Counter, de Paul Schrader (cuya banda sonora prácticamente he agotado en Spotify).

Meto también el gótico americano noventero con vampiros The Reflecting Skin, de Philip Ridley; el fantástico western que es Let Him Go, por el que Diane Lane recogió el segundo Oscar Simbólico a la Mejor Actriz de su carrera; Alphabet City (el GTA Vice City hecho película); El Padre (mi favorita de los Oscar del año pasado), Old Henry, The Nest, Spontaneous, The White Tiger, el combo El Último Duelo / La Casa Gucci, Night of the Kings, Mass (Jason Isaacs es un pedazo de actor y la película es un ejemplo de cine cristiano sin ánimo proselitista), Angel’s Egg, Ley 627

…(También está Symbol, de Hitoshi Matsumoto. Si alguien avezado en cine japonés lee esto, seguro que está sonriendo ahora mismo)

…Y por ir terminando y ya completamente cazándolas al vuelo: La carta que no se envió (una de las más grandes pelis de aventuras E-V-E-R), El Sirviente, La trilogía de El Anillo de los Nibelungos de Fritz Lang, la trilogía de Lindsay Anderson / Malcolm McDowell que conforman …If, O Lucky Man y Britannia Hospital; la también trilogía de La Condición Humana de Masaki Kobayashi, la adaptación de Ace Attorney dirigida por Takashi Miike, El Almuerzo Desnudo o el fantástico, FANTÁSTICO combo de cine negro noventero que conforman Phoenix y Ajuste de Cuentas (que han perdido cero desde que las vi por vez primera). También volví a Buñuel. Algunos Greatest Hits. Nazarín. Viridiana. Ese Oscuro Objeto de Deseo. Y, por encima de todas ellas y en mi modesta opinión, El Ángel Exterminador y El Discreto Encanto de la Burguesía.

Menciones especiales: dos. Una para Mary Elizabeth Winstead en Kate, tan por encima de la película que ni siquiera es gracioso. Esta mujer es pura dinamita y cómo demonios no estamos hablando de una superestrella en 2022 es algo que se me escapa a las entendederas. La segunda es para una de mis sorpresas del año: The King’s Man, mi preferida de la trilogía por una distancia considerable. Hay algo que me asombra de Matthew Vaughn: le veo más cómodo cuanto más contenido maneja y esta película, un recorrido entero por la I Guerra Mundial, va sobrada en este aspecto. Simplemente no para. Siempre está contando cosas. Siempre está progresando hacia algo, con pies ligeros pero sin abrumar. Sabe cuándo meter el montaje, sabe cómo limitar al mínimo la exposición y sabe cuándo dejar que los giros de guion (y hay algunos que parten cuellos) se asienten lo suficiente en el recuerdo. Es un puntito más ligera que sus precedesoras y el humor le sale un poco más natural — y para mí, que he sufrido a veces con el modo cómico de Vaughn y siempre he preferido la versión amable y piadosa de Mark Millar, me resulta muchísimo más digerible –. Es verdad que parece un abuso de ordenador en algunas ocasiones pero aquí sí que no hay tutía: hablamos de una película que abarca una barbaridad y un enfoque más práctico se habría traducido en un presupuesto del tamaño del PIB de Italia. Y sobre todo me llena de orgullo y felicidad el hecho de que Ralph Fiennes sea el protagonista indiscutible de la película en un papel puramente aventurero que le llega 15 años tarde, mínimo.

En definitiva, me parece lo mejor que ha hecho Vaughn desde X-Men: First Class. Y no he visto peleas mejores — cortesía del tristemente fallecido Brad Allen, antiguo integante del equipo de especialistas de Jackie Chan — esta temporada.

PD: Mis rituales anuales Jungla de Cristal, Señor de los Anillos, Master and Commander, Indiana Jones, Depredador, Arma Letal, etc… siguen vivos y bien. La hasta ahora última incorporación, Matt Damon es: El Marciano (todavía mi película de ciencia-ficción favorita de los últimos 15 años), recibe con los brazos abiertos a la nueva recién nacida de este club: Spider-Man: Into the Spider-Verse. Tengo el libro de arte de la peli, he visto making hasta que se me han caído los ojos, me he leído hasta el último artículo y de verdad: sigo sin saber cómo demonios está hecha esta maldita película. Magia vudú o algo.


TV

Recuperar la monumental Generation Kill ha sido la mejor idea televisiva que se me ha ocurrido en todos estos meses por mil y un motivos. Por destacar uno: recordar lo mucho que me gustan las miniseries, un formato amplio pero limitado, que disfruto con la sensación de que estoy viendo una gran historia que va a tener fin. Muchas de las series que voy a poner aquí pertenecen a este modelo y se me ocurren muy poquitas excepciones, como Succession, Euphoria o Raised by Wolves, sobre las que planea la amenaza bien del agotamiento — en el caso de las dos primeras, algo que va a acabar perjudicándolas tarde o temprano –, o de la cancelación inmediata por cabraloca / realmente no las ve ni Perri, caso de la última. Me fastidia un poco la experiencia. No se me ocurre mejor ejemplo que El Exorcista, la adaptación televisiva de la Fox, ahora desaparecida de la parrilla, y en particular su casi fantástica segunda temporada, donde la tensión de su historia principal*, un exorcismo en un albergue juvenil asolado por demonio convertido en asesino en serie, se ve constantemente boicoteada por las repentinas incursiones de su Gran Trama a Largo Plazo; completamente disociada de la narración hasta que acaba insertada en el último episodio con un calzador bajo la promesa de un millón de nuevas pregunCANCELADA.

*No me cansaré de repetir, hasta el día que me vaya a la tumba, lo condenadamente buena que es Alicia Witt.

Un caso particular es How to with John Wilson, que por su propia naturaleza no necesita tener un final y ahora mismo espero que no llegue nunca. Habréis leído algo ya sobre ella a estas alturas: estudios sobre lo mundano que, en un momento dado, encuentran un aspecto particularmente absurdo del que se dedican a tirar y tirar y tirar hasta meterte en un agujero negro de horror del que te saca antes de que des cuenta del meneo que te ha dado. Divertidísima en su concepto, divertidísima en su estilo, lleno a rebosar de imágenes puntuales de Nueva York que se transforman en descacharrantes metáforas de las ideas que te cuenta su protagonista, quien parece estar siempre en el momento perfecto, en el lugar idóneo.

Por supuesto que le han metido la música de Twin Peaks. Por supuesto.

También he estado bastante entregado a Corea del Sur, comenzando por El Juego del Calamar, evidentemente; una idea que ya he visto en ocasiones anteriores con menor éxito popular. Creo que su tema principal, la pobreza, tiene bastante que ver con el hecho de que haya sido ésta, y no otra de su tribu, la que haya calado en el imaginario colectivo. Por lo demás, Extracurricular. Mi Nombre. Vincenzo. Facultad de Derecho. Somos Muy Guapos y Nos Gustamos, ver. 13.2.5. Y las que me deje en el tintero. Todas a la yugular desde el minuto uno. Son auténticas bestias de sinopsis. Soy productor, llaman a mi despacho, me dice que «vienen de Corea del Sur con dos líneas de argumento» y se lo compro antes de que crucen la puerta. Incluso Infierno de Solteros me estoy tragando. Veo de todas formas cierto problema: son ganchos tan potentes que las series que menos me gustan se quedan en eso, en ganchos. De cualquier manera, entre series, música y Parasite, creo que estos últimos meses se han distinguido por la consolidación de la idea de que a Estados Unidos le ha salido su mayor competidor en décadas del espacio audiovisual. Molaría abundar en este tema y discernir sus cien y un matices, pero una de las ventajas de no estar escribiendo ya en Las Horas es que puedo decir con toda tranquilidad y una sonrisa en la cara que eso no va a ocurrir a corto plazo por la sencilla razón de que no me sale de los cojones. No obstante, hablando puramente en términos generales y perdón de antemano por esta simplificación aberrante, veo a Corea del Sur como un «rival» más potente, creo yo, que el frenesí chino de principios de los años 2000, gracias a las oportunidades de globalización que ofrecen las plataformas y a la mayor proximidad que guardan ambas culturas, en particular en los ámbitos comercial e ideológico, en comparación a lo ofrecido con Pekín.

Fuera de Seúl y alrededores: por encima de todo el retorno a un clásico de la televisión británica como es Our Friends in the North (Daniel Craig, Mark Strong, Christopher Eccleston y Gina McKee. Va de décadas de vida de un grupo de amigos pero por encima de todo vuelvo a repetir: Daniel Craig, Mark Strong, Christopher Eccleston y Gina McKee), Calls, Alice in Borderland, Lonesome Dove, Shadowplay, The North Water (género histórico-cafre en un ballenero con un Colin Farrell al nivel TOP que viene exhibiendo desde hace unos cuantos años ya), I Am The Night (algo estirada, pero casi imprescindible para fans de la crónica negra, mística, de Los Ángeles, y en la que Chris Pine está absolutamente fantástico) o mi Mike Flanagan favorito, Misa de Medianoche, una película estirada sin rubor alguno a serie donde todo el relleno ha ido a parar a… a los personajes. Puedo decir lo que quiera de algunas de sus películas, pero este tío tiene el corazón en su sitio. Mención especial para Brand New Cherry Flavor simplemente por Rosa Salazar (aunque creo que se cae un poco al final; casi os recomendaría mejor Room 104). También revista A Golpe de Bisturí, que sigue pareciéndome de lo mejor de Ryan Murphy por distancia sideral. Y parte de Luck, la serie maldita de Michael Mann y David Milch, al frente de un primer episodio en el que convierte a los caballos de carreras protagonistas en Ferraris. La he dejado temporalmente a medias porque el resto de la serie, simplemente, no puede competir con un episodio que entra en lo nunca visto en audiovisual sobre competiciones deportivas.

Una última mención especial para Dopesick, de la que no pude terminarme ni el primer episodio. La, más que crisis, tragedia criminal de los opiáceos en Estados Unidos es un tema con el que he trabajado en mi curro y no quiero abundar en él más de lo necesario. Quince minutos son suficientes para entrever las intenciones de la serie: educar. Compensa sus (pocos) excesos melodramáticos. Cogieron a comunidades enteras de trabajadores deslomados temerosos de Dios, los arruinaron, violaron a sus hijas, y finalmente asesinaron a todos. Mataron a tanta gente que la expectativa nacional de vida cayó una décima.

Algo de anime:

OddTaxi; Vivy: Fluorite Eye’s Song (ésta, una épica de ciencia ficción que abarca un siglo aproximadamente, me ha encantado particularmente); Sonny Boy; Komi-san no puede comunicarse y el acabose en forma de sinopsis: Back Street Girls, en la que tres miembros de la Yakuza pagan una deuda de honor con su jefe sometiéndose a un cambio de sexo para convertirse en un grupo de pop femenino. Sigo siendo un fan irredento de la serie de Goblin Slayer, pero me quedo con el manga (y los libros). En una hipotética adaptación a imagen real el conservador que hay en mí mantendría la brutalidad, enterraría un poco el sadismo, y me tomaría el tema realmente en serio porque es un poco más compleja de lo que parece — hay gente que prefiere salvar la aldea en lugar de salvar el mundo… sin darse cuenta de que, aldea a aldea, está haciendo exactamente eso — y la descripción de la acción es tan pormenorizada como aplastante, comenzando por el titular. En serio, cuando tu protagonista aúna la sed de sangre del Doomguy con la inteligencia táctica de Batman (con tiempo de preparación) frente a esa horda de hijos de puta, es la clase de personaje que mueve multitudes.

Así todos los números, la madre que parió a Panete.

DOCUMENTALES

Pervert Park, de Frida y Lasse Barkfors, es un documental sobre la vida cotidiana de los residentes del Palace Mobile Park de St. Petersburg (Florida): aproximadamente un centenar de condenados por abuso de menores. En su intento de explorar a esta gente, el documental aborda uno de los tabúes definitivos de nuestra sociedad, la humanización de los corruptores de la inocencia, y lo hace prácticamente vacío de cualquier tipo de intervención externa. Una cámara y comienza a grabar. Emergen cuestiones sobre el inexorable ciclo del abuso — no extrañará que muchos de ellos hayan sido antes objeto de la depravación a la que sometieron después a sus víctimas — y de los límites de protección de un sistema que lidia (o hace todo lo posible por no hacerlo, en realidad) con individuos que si por el sistema fuera lo mejor sería que se hubieran caído a un pozo negro.

Y el caso es que, en realidad, ya se han caído ahí. ¿Sabéis lo que hacen? Nada. Se levantan, se mueven sobre raíles — porque están más allá de la culpa, más allá de la redención, más allá de cualquier sustento moral o emocional alguno –, y duermen. Los instintos más crudos que albergo les desean el Infierno solo para descubrir que ya están allí.

Lo que quiero decir es que si veis Pervert Park con sed de sangre (y, seamos honestos, hay muchas posibilidades de que ello suceda), sospecho que puede quedar saciada. Pero también sospecho que no vais a quedar muy satisfechos con la forma que tiene de hacerlo. Más cosas:

Get Back. Iba a caer. Derecha a mi top de Peter Jackson, quien nunca parece haber perdido el idilio que le une con el documental, falso o verdadero. Una breve introducción y a partir de ahí ensayo tras ensayo por encima. Por debajo, un estudio de la dinámica de un grupo en las últimas: un metrónomo, un talento en ciernes y dos gigantes a punto de emprender respectivos caminos por separado, todos juntos para un último sprint. All-killer no-filler. Soy de la opinión no obstante de que si tienes 60 horas de imágenes y 100 horas de audio de Los Beatles en un estudio, remasterizas las 60 horas de imagen y las 100 horas de audio por imperativo categórico. Eres Disney. No te vas a arruinar.

Entrad por la música…

Quedáos por el salseo.

Algo mencioné hace un par de años, pero hacéos un favor y ved — también con estómago fuerte — el díptico Streetwise / Tiny de Martin Bell y Mary Ellen Mark. Por reiterar con la música, están Summer of Soul (…Or, When the Revolution Could Not Be Televised) o Peace, Love and Rage, el repaso que HBO hizo de lo acontecido en el Festival de Woodstock de 1999, de infausto recuerdo y de las múltiples causas que desembocaron en el, casi literalmente, cirio ardiendo en el que acabó convertido lo que en principio iba a ser una celebración de paz y amor… con Limp Bizkit al frente del cartel.

(Mejor el docu del original, dirigido por Michael Wadleigh, con Scorsese y Schoonmaker en la sala de montaje, y preferiblemente en su versión extendida, con karaoke y final épico incluidos)

(En realidad, la canción se llama I-Feel-Like-I’m-Fixin’-To-Die)

Y ya siento no haber dedicado mucho tiempo al género que tantas alegrías me ha dado pero a lo largo de este año ha sucedido en mí un cambio que me ha llevado a dejarlo apartado para entregarme definitivamente a mi nuevo amo y señor de realidades durante mis noches solitarias.


YOUTUBE

Donde está todo y si no está hoy ya estará mañana. ¿Queréis, no se, tutoriales del Cities: Skylines? Aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí. ¿Cómo restaurar la pezuña a un caballo? Aquí. ¿Ver por dentro el apartamento de Quentin Tarantino durante sus principios en Hollywood? Aquí. ¿Al batería de Michael Jackson reventando Smooth Criminal? Aquí. ¿La remasterización en osciloscopio de uno de los mejores temas jamás compuestos para consola alguna? Aquí. ¿La resolución de un Sudoku milagroso a través de una las epifanías más importantes de 2020? Aquí. ¿Cómo cocinar en tu casa una barra de Twix más rica que una barra de Twix? Aquí. ¿23 minutos de reacciones al anuncio del reparto de la peli de Mario? Por qué no. ¿Revivir los breves días en los que Sananda Maitreya (a.k.a. Terence Trent D’Arby) estuvo a punto de cambiar el rumbo de la música pop al abanderar INXS tras la muerte de Hutchence? Say no more.

Algunas recomendaciones particulares, basadas en mis suscripciones del último año:

Mi favorito: los documentales etnográficos de Eugenio Monesma sobre la cultura rural española y sus oficios perdidos. Cero materia grasa. Van derechitos a la técnica. Ingenio, paciencia y manos. Es un archivo enorme de más de 200 documentales y se me hace complicado elegir, pero dejo aquí uno de los recientes sobre la fabricación del papel artesanal, con Gene Simmons segoviano de anfitrión.

Los tutoriales de la escuela de arte Watts Atelier. De vez en cuando mencionaba por Twitter las ganas que tenía de aprender a dibujar. Well, fuck it. Ahora veo estas maravillas de canales, como la clase semanal que da todos los viernes el antiguo artista de Disney Aaron Blaise, pienso «ey, magia». Y soy más feliz.

David Hoffman guarda en su canal muchas piezas históricas de Estados Unidos desde los años 50 a la década de los 90. Las revueltas raciales de los 60, el impacto del heavy metal en la juventud de 1986, enfrentamientos entre sindicatos y patronal en la Nueva York de hace medio siglo. Y Vietnam.

(Subtítulos en inglés)

Para cosas música, voy bastante al canal de Rick Beato, quien de un tiempo a esta parte se ha metido a las entrevistas, con fantásticos resultados. Enlazo aquí su largo careo con Pat Metheny pero su conversación con Brian May tampoco tiene desperdicio.

Por si no quedaba bastante claro hace unos párrafos al enlazar cincuenta tutoriales del Cities: Skylines, me estoy aficionando bastante al urbanismo y aquí os recomiendo el combo formado por City Beautiful, Not Just Bikes y Climate Town (en español tenéis Urbanópolis). Por qué urbanismo y no física cuántica se debe a que hace un par de meses mandé mi coche al carajo para terminar de convertirme en un ser superpedestre, completamente ajeno a esas cosas que se mueven sobre cuatro círculos negros y ocupan el 75 por ciento de las calles. Mucha tristeza, ver mi Renault Clio alejarse de mí, arrastrado por una grúa, hasta que recordé que me estaba ahorrando como unos 1.500 pavos al año. Ojalá hubiera apretado yo mismo el botón de la plancha aplastadora.

Andrew Callagher se ha convertido en mi cronista favorito de la América contemporánea. Comenzó en el canal All Gas No Brakes antes de mudarse a Channel 5 with Andrew Callagher. En los últimos dos años, Callagher se ha paseado micro en mano por reuniones de QAnon, manifas antivacunas por Hollywood, los disturbios de Portland, convenciones de furris, festividades del 4 de julio, eventos de cine porno, festivales de Burning Man y demás concentraciones. Su aspecto inofensivo y su carácter apacible facilitan que sus entrevistados hablen sin filtro alguno. Vice le dedicó un reportaje que os dejo aquí para que entréis en contacto. Para el resto, pinchad en los enlaces de arriba.


VIDEOJUEGOS

Muchos motivos personales para destacar el Resident Evil: Village. Primero y fundamental: lo encontré inmensamente divertido con un aliciente especial como fue la sufridera / satisfacción resultante de pasárselo en nivel medio chungo. En retrospectiva, y si no habéis tocado uno de estos en vuestra vida, diría que fuérais directamente al modo fácil porque los incrementos de dificultad consisten básicamente en multiplicar por 300.000 los disparos a la cabeza que tenéis que propinar a enemigos que se mueven como un agente de Matrix, y disfrutar con este homenaje con esteroides a los clásicos de la Universal y sus versiones de Drácula, Frankenstein, El Hombre Lobo o la Criatura de la Laguna Negra. El resto del juego no puede competir con un primer tercio donde te tira TODO encima — persecuciones, asedios, sigilo, agonía y bichos por doquier de toda clase y condición — pero intenta constantemente remontar sin perder su dignidad (y si llegáis a la Casa Beneviento y a la abominación nivel «tirar el mando, apagar PS4» que aguarda ahí, descubriréis por qué digo esto). No todo me funciona: su mecánica de protección sigue siendo un poco ridícula («un dragón de veinte metros está a punto de embestirme a 200 kilómetros por hora así que voy a poner las manos delante de la cara. Así aprenderá») y hay una fase Call of Duty que podría haberse ido al carajo perfectamente, por antinatural que resulta respecto a lo visto anteriormente. Pero, la verdad, recapacitando sobre el lugar en el que está Resident Evil en 2022, estas dos quejas me parecen absolutas menudencias. Llamar reinvención lo que ha sucedido con esta franquicia desde la anterior entrega me parece flaco favor. Revitalización, creo, es la palabra apropiada.

Y luego está éste.

YO: «La jugabilidad es el aspecto más importante de un videojuego y el resto de elementos deberían ser subsirvientes a la misma, historia incluida»

Marvel’s Guardians of the Galaxy: «VETE A TU PUTA CASA, CALVO»

Hay historias tan bien contadas que acaban generando EL MOMENTO casi por ciencia infusa. Este juego contiene al menos tres.

Otros juegos, sin orden ni concierto, con trailers incluidos: Grime, Eastward, Opus, Mundaun, CrossCode, Solas 128, Unavowed, Unsighted, Wildermyth, UnMetal, Zero Ranger, Quake Enhanced, Phoenix Wright Ace Attorney Trilogy, Impostor Factory, There Is No Game, Environmental Station Alpha, Cyber Shadow, Kathy Rain, Ender Lilies — y creo recordar que me harté en su día de recomendar Disco Elysium, Return to Obra Dinn y Observation, pero los dejo por aquí por si acaso –. Mis juegos de la pandemia con los colegas han sido el Among Us, nada de particular realmente, salvo que ha acabado palideciendo en comparación con el afinado instrumento sadomasoquista que es Don’t Starve Together, concebido específicamente para arrancarme el alma, escupir en ella, y enviar el cascarón que queda de mí de cara a la pared para contemplar en silencio que todo en este mundo es pasajero, que la felicidad no es sino una ilusión, y que la vida es en realidad un Deerclops que pisotea tus esperanzas y sueños a una velocidad inversamente proporcional a la que has tardado en construirlos.

PD: Elden Ring – 57 horas y contando. Sigo vivo.


MÚSICA

Anyway, here’s Wonderwall.


CÓMICS

El retorno de Barry Windsor-Smith tras una ausencia de casi una década y, como el propio autor reconoce, la expansión definitiva de la semilla que plantó a principios de los 90 con uno de mis comics favoritos de siempre de Marvel: Arma-X. Aquí, y como ya sucediera con Lobezno hace 30 años, el joven Bobby Bailey, marcado por un pasado de violencia, familiar es transformado en un monstruo durante un repulsivo experimento militar. Ahora, su única esperanza es el oficial que le reclutó, ahora abrumado por una crisis de conciencia y un particular sentido de la empatía que, en su hija, alcanza niveles sobrenaturales.

De no ser por Monsters, habría encabezado con Immortal Hulk o Strange Adventures, que devuelve a Tom King a su hábitat casi natural: un estudio de los crímenes de guerra. También habría enarbolado una bandera en una colina solitaria por su Rorschach, la verdad sea dicha. Le tengo aprecio. Su recorrido con Batman me parece irregular, pero siempre le llevó por derroteros poco transitados — con un par de momentos excepcionales — y siempre se lo he agradecido. Para más del hombre murciélago, he desempolvado Gotham by Design («¡Harrigan! ¡Eh, Harrigan! ¡Más arquitectura! ¡más urbanismo! Qué bien, ¿no?«) Estoy pendiente de Catwoman: Lonely City y del retorno de Saga. He seguido a medias los X-Men orquestados por Hickman (sobre todo porque me resultaba imposible estar pendiente de diez colecciones al mismo tiempo). También enganchado a Asadora, de Urasawa, muy encantado con Fire Punch, de Tatsuki Fujimoto (Chainsaw Man) y acojonado por Blood on the Tracks, de Shūzō Oshimi.

Fuera de mi elemento, Donny: gracias a quien se las merece por Sabrina, de Nick Drnaso, y por la adaptación de Giraffes on Horseback Salad, la película nunca realizada de los Hermanos Marx con guion de Dalí.

Y uno preferido muy, muy particular para terminar la sección.

Assholes.

LIBROS

Hacéos de una biblioteca pública. En serio. Si estás leyendo esto y eres de Madrid Centro, a mí me pilla muy bien la de José Luis Sampedro. Gente superamable. Me hice del sitio buscando con pocas expectativas de cosas de la radio en Euskadi durante los años 50 para una cosa que estaba preparando y acabó en absolutamente nada y acabé con una pila de libros hasta la cintura cortesía de no una sino dos bibliotecarias. De la típica atención que sales del sitio y da gusto haber entrado. En serio. Gratis todo. Todo ventajas.

Por lo demás… The Jungle, de Upton Sinclair. Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino. Blacktop Wasteland, de S.A. Cosby. The Night Land, de William Hope Hodgson. We Begin at the End, de Chris Whitaker. Piranesi, de Susannah Clarke. Dos de Jeff VanderMeer: Borne (muy bien) y Hummingbird Salamander (muy meh). En el terreno de la no ficción, Beaten Down, Worked Up: The Past, Present and Future of the American Labor, de Steven Greenhouse; Debt: The First 5.000 Years, del tristemente fallecido David Graeber y The Hardest Place, de Wesley Morgan (uno de los mejores recuentos que he leído sobre la invasión estadounidense de Afganistán). Me lo pasé muy bien con This is Going to Hurt, las memorias de un joven doctor y sus desventuras en el servicio de Obstetricia en un hospital británico. Fueron adaptadas a serie de BBC, protagonizada por Ben Whishaw, quien dentro de unos 20 años será el mejor actor del planeta.

Y ya está.

La muerte de Malcolm Angell

Foto: Mel James / Medium

Una noticia muy perturbadora llegó desde Canadá la semana pasada: el suicidio del responsable de efectos visuales Malcolm Angell, ciudadano neozelandés de 46 años, empleado de la conocida casa de producción de VFX Mill Film, con sede en Montreal, y trabajador del sector con más de dos décadas de carrera a sus espaldas, con producciones como Avatar, Wonder Woman o Iron Man 3.

El periodista Jacob Serebrin, encargado de cubrir el fallecimiento para The Canadian Press y la cadena nacional CTV News, detalla en su información que antiguos compañeros de Angell «revelan un ambiente tóxico de trabajo en Mill Film, donde las semanas de 80 horas de trabajo son habituales, y que Angell era constantemente humillado por sus jefes».

La noticia señala además que a Angell le resultaba imposible abandonar su trabajo. Estaba clasificado como «miembro esencial» como responsable de uno de los equipos responsables de completar los VFX de la película de ciencia ficción Bios — protagonizada por Tom Hanks y con fecha de estreno prevista para el año próximo –, y su contrato incluía una cláusula por la que podría verse obligado a pagar a la compañía un montante de 35.000 dólares si abandonaba un proyecto excepto por motivos «muy graves y excepcionales». Para la profesora en Derecho Laboral Adelle Blackett, consultada en la noticia, esta cláusula supondría una violación de los estatutos de los trabajadores de Quebec.

Ninguno de los colegas de Angell proporciona nombre y apellidos. Ya en su cuenta de Twitter, Serebrin indica que «la gente no solo no quería hablar ‘on the record’; no quería hablar. Punto. Tenían miedo de entrar en una lista negra. Es una industria cuya cultura del miedo está arraigada como jamás he visto antes».

El hilo:

La compañía propietaria de Mill Film, Technicolor, aseguró que no había recibido quejas de maltrato y se limitó a enviar sus «más profundas condolencias» en un comunicado y a anunciar, tras el fallecimiento de Angell, un programa de apoyo a la salud mental para sus empleados, ante el agravante que representa la «naturaleza de la pandemia» de coronavirus actual.

Las informaciones sobre la precaria situación laboral de los empleados de VFX parecen haber disminuido de los últimos cinco años a esta parte, con notables excepciones, como la polémica generada por la desaparición de la compañía MPC, también propiedad de Technicolor, en 2019. En su momento, la web Cartoon Brew recogió algunas reacciones en un hilo de Reddit en los que usuarios identificados como exempleados de la compañía detallan casos habituales de explotación laboral.

Dado que se trata de usuarios no identificados, Cartoon Brew (y yo) recomienda aceptar estas declaraciones con el correspondiente grado de escepticismo, pero aquí os dejo un vídeo del canal de YouTube Flipped Normals, sobre la creación de contenido digital, uno de cuyos responsables, Henning Sanden (a la derecha, en el vídeo) se identifica como antiguo empleado de MPC y sí detalla estas prácticas hostiles de trabajo. El vídeo tiene subtítulos en inglés bastante ajustados.

Aquí tenéis un obituario sobre Malcolm Angell.

Y, si queréis más información, os dejo un vídeo (sin subtítulos) del responsable de VFX Sohail Al Jamea, con fecha de 2015, sobre la situación de los empleados del sector. Entre las cifras que aporta Al Jamea, se detalla que un 38% de los empleados ha trabajado en alguna ocasión más de 100 horas por semana y que más del 90 por ciento de los empleados de Reino Unido, Francia o India no han cobrado por la totalidad de las horas trabajadas — algo que menciona Sanden en el vídeo de arriba –.

(Siguiendo con las recomendaciones sobre este tipo de informaciones, aquí dejo una lista con teléfonos para la prevención del suicidio en España)

Una vieja dama que fluye con su vestido

La mejor nueva película que he visto este año es My Octopus Teacher, dirigida por Pippa Ehrlich y James Reed, una historia de regeneración protagonizada por el documentalista sudafricano Craig Foster a través de la relación que entabla con un pulpo hembra, residente en un bosque de algas del Cabo de las Tormentas, en la punta sur del continente africano, a lo largo del breve ciclo vital del animal.

El tráiler, y su correspondiente enlace a Netflix, donde podéis verla.

SPOILERS (si queréis saltar directamente a los enlaces relacionados, se encuentran al final del post)

Foster regresa a su país natal, Sudáfrica, hastiado y descontento, necesitado de un nuevo impulso. Este nuevo ecosistema le proporciona todo lo que necesita. Sus frías aguas estimulan su cuerpo, la vida que se desplaza a su alrededor reanima su inquietud intelectual, y el habitante que coprotagoniza este relato se encarga de satisfacer sus carencias afectivas.

Acercamientos tentativos dan paso al contacto físico con la criatura, nunca nombrada, en una conexión sublimada través de metáforas, «una vieja dama que fluye con su vestido», mientras crece su admiración por una superviviente nata, artista del camuflaje, «líquida como el agua» donde se desenvuelve, y cauta hasta el extremo.

Un desliz que pone en fuga a la octópoda sirve a Foster para reconectar un aspecto de su pasado en las antípodas de ese lugar: su estudio sobre las extraordinarias habilidades de los rastreadores San, habitantes del desierto del Kalahari. De repente, Foster se convierte en uno de ellos, a lo largo de una semana de búsqueda durante la que traza una topología tan precisa que llega a identificar un ecosistema entero, transformado por las huellas de carroña que deja el paso del animal.

Cuando el reencuentro ocurre, Foster ha conocido un lado más hostil de su compañera, momentos de caza nocturna en un entorno que nada tiene que ver con la placidez del día, que le obliga a reevaluar su relación con un entorno ausente de piedad. Cuando el ataque de un tiburón amputa una de las extremidades de la octópodo, la duda le consume. ¿Debería haber intervenido? ¿Debería haber alterado el proceso natural? Nuestra especie transforma constantemente el ecosistema, ¿tiene una sola persona la misma potestad?

Momentos como éste alimentan el documental, que en ningún momento padece el temido descenso de interés que comienza más allá de los tradicionales tres cuartos de hora que suele imponer el género, en especial en su vertiente televisiva. Es más, su tercio final reserva los instantes más entretenidos e iluminadores. Una extraordinaria persecución, un segundo asalto entre el tiburón y nuestra protagonista, nos habla de lecciones aprendidas en el arte de sobrevivir antes de dar paso a otra sobre el impulso de entregar la vida en el momento exacto, cuando la criatura coordina instintivamente sus instantes finales con la eclosión de su descendencia.

Y la vida sigue, y Foster y su hijo usan esta realidad para reenfocar la conexión que les une en un entorno donde ahora habitan decenas de nuevas vidas donde solo había una. Unos minutos finales para comentar la labor de desarrollo medioambiental que Foster ha desarrollado desde entonces, y la historia concluye, heredera de una insigne vertiente del documental naturalista, recordatoria de que tal y como cambiamos el mundo, el mundo nos cambia a nosotros.

Foto: Sea Change Project

– Para más obras dentro de esta vertiente, o primas hermanas de la misma, aparece instantáneamente en mi cabeza la extraordinaria filmografía del gran director estadounidense Carroll Ballard. El Corcel Negro, Los Lobos no Lloran, De Vuelta a Casa — y los respectivos libros en los que se basan estas dos últimas –.

– Dos libros que tengo en mi biblioteca también os podrían servir: The Peregrine, de J.A. Baker, y Sueños Árticos, de Barry Lopez, disponible en España a través de Capitán Swing.

– Sobre la labor de Foster, en su web Sea Project nos encontramos con más información y un enlace a un libro, coescrito por él mismo, que puede servir de fenomenal anexo. Se trata de Sea Change: Primal Joy and the Art of Underwater Tracking.

– Un making of del documental, presentado por la colaboradora y mujer de Foster, Swati Thiyagarajan. Aquí, su correspondiente artículo en web, tan extenso como minucioso.

– Por último, su página en Instagram.

Una Primavera Suspendida

Durante la primavera de 2019, los montañistas y esquiadores Mathéo Jacquemoud y Vivian Bruchez emprendieron la aventura de cruzar los Alpes de este a oeste, desde el Cervin hasta el Mont Blanc, en un viaje que ha sirvió para, un año después, la publicación de Un Printemps Suspendu (Una Primavera Suspendida), un espectacular reportaje interactivo del diario deportivo L’Equipe.

El interactivo está formado seis episodios de unos diez minutos de duración y combina animación 3D con vídeos de las subidas de Bruchez y Jacquemond a algunas de las montañas más famosas de la cordillera. Todos los episodios en web van acompañados de subtítulos en inglés.

Los episodios, cuenta Telerama, han sido coordinados por el periodista de L’Equipe Aurélien Delfoss, con diseño del estudio Upian, en un viaje por el Matterhorn, el Gran Combin, el Viso y el Eiger, antes de culminar en los últimos veinte minutos con el macizo del Mont Blanc, primero con la llegada a la cresta de las Grandes Jorasses (que marca la frontera entre Francia e Italia) antes del abordaje de la mítica montaña desde el este.

Si os resulta más cómodo, el diario ha colgado los extractos de imagen real en su canal de YouTube, con la pega de que no hay subtítulos en esta modalidad.

Un enlace más: la banda sonora para la ocasión, cortesía de Roi Kedar (también en YouTube).

via Imperica

Cine a -60º C

Fotos: Alexey Vasilyev

En la región federal del Lejano Oriente de Rusia se encuentra la entidad subnacional más grande del mundo: la República de Sajá, conocida también por sus residentes –y por los jugadores del Risk — como Yakutia. Allí viven poco menos de un millón de habitantes, repartidos entre sus tres millones de kilómetros cuadrados de extensión (seis veces el territorio de España), y concentrados principalmente en la capital, Yakutsk, hogar de una tercera parte de su población, y epicentro desde hace algunos años de una industria cinematográfica en ciernes que se está desarrollando en un territorio que ha llegado a registrar temperaturas de hasta -60º en invierno para convertirse en el lugar más frío del hemisferio norte.

Uno de los principales documentalistas de esta industria, así como de la vida cotidiana de la región, en general, es el fotógrafo Alexey Vasilyev (página web, Instagram), quien ocupa su tiempo en captar imágenes como éstas para ratificar que, sí: debe de hacer frío.

Mucho.

De un tiempo a esta parte, a principios de este año, para ser más exactos, Vasiliev multiplicó sus labores para convertirse en portavoz oficioso de lo que sus propios participantes denominan cariñosamente ‘Sajawood’. Esta industria local del cine yakuto estrena cada año entre siete y diez largometrajes de variado género, desde comedias románticas a cuentos de hadas basados en leyendas y creencias locales, pasando por temas más comerciales como el siempre bienvenido apocalipsis zombi, con un presupuesto medio aproximado de entre uno y dos millones de rublos (entre 11.000 y 22.000 euros), si bien algunas producciones alcanzan cantidades estimadas de 85.000 euros.

Es posible que ahora mismo estéis pensando que nadie en su sano juicio se va a poner a hacer una película a -60º, y que seguramente los directores aguardan a la llegada de los meses de verano para ponerse en marcha y rodar el catálogo entero del año. Tendríais razón… parcialmente. Si bien es cierto que las temperaturas en verano pueden alcanzar los 40º, las estaciones cálidas son cortísimas. Vale la pena reiterar: el frío en Yakutia ronda lo insoportable por el ser humano. La capital es la ciudad más grande del mundo construida sobre permafrost y su temperatura media es de unos -9ºC.

Y si la película ocurre una vez caída la noche o requiere exhibir la dureza de la intemperie, o ambas cosas al mismo tiempo, nos encontramos obras como Khara Khaar (Nieve Negra), de Stepan Burnashev, la historia de un conductor atrapado debajo de su enorme camión. El rodaje se desarrolló durante el mes de marzo, con temperaturas de unos -40º.

Burnashev (a la derecha) ensaya una escena con el protagonista de la película, Fedor Lvov (izquierda)

Burnashev es uno de los directores y productores más prolíficos de esta cinematografía — nueve películas desde 2012 — aunque, como otros tantos compañeros, el cine no fue su primera opción (estudió Economía e Informática). Es responsable entre otras de la aventura de zombis Respublika Z (República Z), de 2018.

Aquí van tráilers de ambas.

Khara Khaar (Nieve Negra)
Respublika Z (República Z)

Por la parte de producción y expansión internacional se encuentra el también director Alexei Romaov, fundador de la productora oficial regional, Sakhafilms, quien pone de relieve el crecimiento en la difusión de esta cinematografía a través de certámenes internacionales, a través de retrospectivas como las realizadas en el Festival de Cine de Busan, en Corea del Sur, o en el Festival de Cine de Moscú donde una de estas películas, el relato tradicional The Lord Eagle, de Eduard Novikov, se alzó con el máximo galardón el año pasado.

Aquí os dejo el tráiler de otra de las participantes en el certamen moscovita de este año, el relato costumbrista The Sun Above Me Never Sets (El Sol sobre mí nunca se pone), de Lyubov Borisova.

Romanov defiende el éxito de una cinematografía que se beneficia en cierto modo de las duras condiciones climatológicas porque en los meses de invierno la población local elige el cine como una de sus primeras opciones de ocio, aunque esta ventaja, si la queréis llamar así, se convierte en una necesidad dado que los salarios del equipo de producción y actores son irrisorios, por lo que requieren perentoriamente de un porcentaje de la taquilla para llegar a fin de mes.

Os dejo aquí unos cuantos enlaces de interés, por si queréis profundizar más:

Un especial del magacín Time.

– La web oficial de la productora regional Sakhafilm, con opción en inglés, dentro del menú principal.

– El canal en YouTube del director Stepan Burnashev, con tráilers y vídeos cortos de rodaje.

«Interrumpimos esta transmisión…»

Teaser póster de Special Bulletin (1983) – via Bill Geerhart | Twitter

Dentro del reino de películas que hacen de la veracidad su patio de recreo existe un reducido grupo que vive al límite del abismo: las falsas retransmisiones, un género de ficción que se apropia de características propias de la radio y la televisión, como son la inmediatez y la credibilidad, y las entremezcla con la ficción propia de las artes hasta que tu marco habitual de referencia a la hora de ver películas acaba saltando por los aires. Estás viendo algo que no ha ocurrido. Pero lo estás viendo «ahora», «simultáneamente», «con presentador y anuncios».

Me encantan. Son un ‘mindfuck’ en un sentido no particularmente normal y corriente de ‘mindfuck’ (por ocurrir fuera de la historia que se nos relata para pertenecer, más bien, a la forma en la que es narrada) con referentes históricos conocidos por todos, y películas menores que han seguido sus pasos, de manera esporádica y con mucho tiento. De un tiempo a esta parte he visto por vez primera un par, recordado otra, y me he puesto a tirar un poco del hilo, a ver qué sacaba.

Primera sorpresa: se remonta más de una década antes de la retransmisión de La Guerra de los Mundos que protagonizó Orson Welles en 1938*, concretamente al año 1926, de la mano del capellán y escritor británico Ronald Knox, fanático de las novelas de detectives, quien aterrorizó a los radioyentes de Reino Unido al narrar una supuesta manifestación proletaria completamente fuera de control que estaba arrasando con las calles de la capital, Londres. Como sucedería doce años después, el programa, que llevaba por título Broadcasting the Barricades, algunos de los oyentes llamarían a la centralita del casi recién nacido servicio radiofónico de la BBC para intentar verificar informaciones como la destrucción del Big Ben y del hotel Savoy, así como la ejecución del ministro de Transporte, ahorcado en un poste de la luz.

La grabación de Broadcasting the Barricades no está disponible pero el periodista Paul Slade nos deja aquí un magnífico recuento, con multitud de fuentes, de lo ocurrido con esa retransmisión, precedente directo de la de Welles en forma y consecuencias, y ambas partes de una nueva forma de contar ficción que tendría su máximo exponente durante la primera mitad del siglo XX en el programa de radio Columbia Workshop, una serie de retransmisiones que tenían por objetivo jugar con las posibilidades de la comunicación radiofónica (uno de los programas, Broadway Evening, se dedicaba a simular un paseo de una pareja por la calle de los teatros neoyorquinos). Aquí, todos sus programas recogidos en Archive.

Os dejo aquí un histórico del Columbia Workshop: The Fall of the City, con voces de Orson Welles y Burgess Meredith; una alegoría en verso sobre el ascenso del Fascismo, con música del legendario Bernard Hermann (30′, .mp3, descargadlo aquí)


Esta experimentación daría el salto al audiovisual a lo largo de los siguientes años. Uno de los máximos exponentes es The War Game, el falso documental sobre un holocausto nuclear dirigido en 1965 por el gran Peter Watkins — y uno que a la postre recibiría el Oscar de la Academia –. Las autoridades de la BBC decidieron retener su contenido durante 20 años, preocupadas por la violencia de sus imágenes.

Y, sin embargo, The War Game no es exactamente una retransmisión en directo de un fenómeno inexistente. Para dejaros bien claro lo que quiero decir, quiero hablaros aquí del máximo exponente de este género: Special Bulletin, de Edward Zwick y Marshall Herskovitz (el primero, director de películas como Tiempos de Gloria o El Último Samurái; ambos, creadores de la mítica serie Treintaytantos), emitido en la NBC el 20 de marzo de 1983.

SPECIAL BULLETIN

Special Bulletin, que os dejo abajo en su integridad, es un boletín informativo que narra una noticia ocurrida en el puerto de Charleston (Carolina del Sur), donde un grupo de científicos desencantados presentan al mundo una bomba nuclear de fabricación casera que amenazan con detonar si las potencias internacionales, principalmente Estados Unidos y la Unión Soviética, no ponen fin inmediatamente a la carrera armamentística.

El Washington Post, en su archivo, narra cómo Zwick y Herskovitz enviaron su idea a NBC en 1982 a través del productor ejecutivo Don Ohlmeyer. Tras conseguir la aprobación de la división de entretenimiento, la junta de Standard and Practices encargada de controlar el contenido de la cadena dictaminó que el programa grabado debía ir precedido de un descargo de responsabilidad que alertaba a los espectadores sobre el engaño. Este descargo debía emitirse al principio del falso programa y antes de su reanudación tras los intermedios publicitarios.

Dados estos avisos, el programa no causó en los espectadores el malestar entre la audiencia generado por sus predecesores. Cabe decir que Zwick siempre lamentó la decisión de la cadena, que le fue comunicada por el presidente de la NBC, Grant Tinker, quien le explicó que era «mejor errar por el lado de la responsabilidad «.

«El problema es que Ohlmeyer hizo un trabajo fantástico», explicó en su momento M.S. (Bud) Rukeyser Jr., vicepresidente ejecutivo de NBC. «No fue hasta que lo vimos en su forma final que nos dimos cuenta del gran problema que teníamos. Estamos tratando de servir a dos maestros aquí y encontrar una solución que mantenga la integridad del programa, pero también tenemos que ser responsables ante nuestros televidentes».

Aquí os dejo el «programa» en su integridad, ganador en último término de cuatro premios Emmy, entre ellos el de guion y montaje para un programa especial.

Special Bulletin no fue ni el primero ni el último de estos falsos programas. La primera mitad de la década de los noventa fue escenario de otros dos experimentos similares, ambos enmarcados en la ciencia ficción.

Aquí os dejo Without Warning, un falso especial informativo sobre la súbita aparición de un misterioso asteroide que va a entrar en colisión con la Tierra, emitido por la CBS en 1994 de la mano del productor ejecutivo David L. Wolper — un nombre extraordinario por méritos propios, responsable entre otras de Raíces — quien había tratado previamente el tema de los falsos documentales.

Otro ejemplo más: Special Report – Journey to Mars, sobre los últimos momentos de una misión tripulada estadounidense al planeta rojo. Tiene fecha de 1995, y entre su reparto podemos ver a una joven Alfre Woodard.

Dejo mi favorito para el final: Ghostwatch, que se presenta ante nosotros como un supuesto programa en directo de la BBC, cuyo anfitrión es Michael Parkinson (uno de los más conocidos presentadores de talkshows de la época, en la vida real), que sigue a un equipo de TV en una casa presuntamente encantada por un malévolo fantasma llamado coloquialmente como Pipes (“El tuberías”). El programa desencadenó las mismas consecuencias que sus predecesores. Primero, por la extraña decisión de sus responsables de insertar el programa dentro de la ilustre antología Screen One (una serie de ficción, de largo recorrido en Reino Unido), lo que reforzó en la audiencia la idea de que lo que estaban viendo sucedía realmente, de tan clara que era la ruptura con la línea habitual de la serie; y segundo por su desarrollo, primero marcadamente inocentón y “televisivo”, que progresivamente evoluciona hacia algo mucho más críptico, inquietante y rupturista, por no mencionar su uso de la sugestión a la hora de reproducir las supuestas apariciones del fantasma.

SPOILERS en este vídeo, cuidado.

Recomendado encarecidamente, este último. Aquí os dejo una retrospectiva.


UPDAIT: Pol Turrents me recuerda el falso informativo emitido por TVE-Catalunya en abril de 1991 sobre el falso asesinato del premier soviético Mijáil Gorbachov.

  • Como último apunte sobre la retransmisión de La Guerra de los Mundos de Welles, os dejo algo que me he encontrado de refilón: un suceso exactamente igual que ocurrió en la capital de Ecuador, Quito, en 1949, cuando una retransmisión en español de ese programa generó graves disturbios que se saldaron con siete muertos y la quema de una emisora de radio local. Tenéis un recuento de lo sucedido aquí, en Radio Ambulante.

Norma Percy y La Muerte de Yugoslavia

Norma Percy lleva produciendo documentales histórico/políticos desde hace casi 40 años. Entre sus entrevistados se encuentran Barack Obama, Ariel Sharon, Bill Clinton, Mijáil Gorbachov, Slobodan Milosevic, Radovan Karadzic, Vladimir Putin, Tony Blair, Jimmy Carter, George W. Bush, Boris Yeltsin, Colin Powell o Ehud Barak, sin contar la pléyade de asesores de los respectivos mandatarios cuyas declaraciones emplea para redondear unos relatos que han tratado las tres primeras guerras de Yugoslavia de la década de los 90, el conflicto en Oriente Próximo, el escándalo del Watergate o la emergencia de la Revolución iraní.

Percy sigue un método. «Las decisiones políticas clave se adoptan a puerta cerrada, en privado, muchhas de ellas en secreto. La misión del entrevistador es descubrir cuándo ocurrieron estos momentos, descubrir en detalle lo que sucedió ahí, y conseguir que sus participantes relaten su versión de lo ocurrido».

Ello sucede, por ejemplo, en el segundo episodio de su gran serie documental, ganadora de un Premio Peabody: La Muerte de Yugoslavia. El encuentro tiene lugar el 12 de marzo de 1991 en la sede del Ejército yugoslavo, donde el general serbio Veljko Kadijevic propone la instauración del estado de emergencia para intervenir en Croacia y aniquilar el movimiento separatista. Allí están presentes los miembros del Consejo de Estado de Yugoslavia, representantes de Bosnia, Montenegro, Kosovo e incluso de la propia Croacia — el ahora expresidente Stjepan Mesic, una voz solitaria en la mesa suplicando para impedir el conflicto armado que acabaría desencadenándose a la postre –.

El encuentro fue grabado por los propios militares por motivos de seguridad. Percy consiguió el acceso a las grabaciones, y entrevistó a sus participantes sobre ellas. «¿Jugarán al mismo juego?», se pregunta Percy. «¿Lo contarán en forma de historia? ¿Te repetirán la misma línea que han dado a otros periodistas? O bien, dado que están ante la oportunidad de contar lo que realmente ocurrió, ¿echarán la vista atrás, se imaginarán de vuelta en esa habitación, y relatarán exactamente eso? Cuando tal cosa sucede, no hay nada que se le compare».

Y eso es solo el segundo episodio. En el cuarto, somos testigos de un episodio absolutamente increíble: la retención temporal del presidente de Bosnia, Alija Izetbegovic, por las fuerzas serbobosnias — un acontecimiento narrado en directo por la televisión a través de una tensísima llamada a tres entre Izetbegovic; su número dos, Ejup Ganic, y el comandante de las fuerzas serbobosnias que le mantiene cautivo — y su posterior extracción por un convoy de la ONU flanqueado a través de zona de combate por un pelotón con ganas de liarse a tiros en cualquier momento. La llamada está documentada, los participantes prestan testimonio, los combates están grabados.

La Muerte de Yugoslavia consta de cinco episodios emitidos entre septiembre y octubre de 1995 más un anexo posterior sobre los acuerdos de paz de Dayton que vio la luz en verano de 1996. Es decir, comenzó su emisión cuando la guerra de Bosnia no había terminado. Es un documental que canjea perspectiva histórica por inmediatez y calidad de las fuentes.

Diez años después, los testimonios recabados en la serie fueron empleados en el proceso emprendido contra Milosevic y Karadzic en el Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia.

Si vas a canjear perspectiva por inmediatez, así es como se hace.

Aquí tenéis el documental completo, con subtítulos en español. Los testimonios de sus más de 70 participantes se encuentran en el idioma original con subtítulos — por lo que he podido ver en algunos comentarios, no captan por completo el énfasis en algunas declaraciones pero, en general, son bastante ajustados –. La playlist, aquí.

La Muerte de Yugoslavia no es el único documental de Percy que se encuentra en YouTube. Aquí tenéis Irán y Occidente (2009).

Aquí está Paz Elusiva: Israel y los Árabes (2005)

Y aquí, Watergate (1994)

Y aquí, un repaso de la propia Percy a su carrera, en una entrevista con BBC Radio 4, en 2016. Aquí, en YouTube.

PD: Si os interesa el tema yugoslavo, os recomiendo este libro.

La historia del remake tuareg de ‘Purple Rain’

Este artículo fue publicado originalmente el 19 de noviembre de 2015 en Las Horas Perdidas

En enero de este año se estrenó en Estados Unidos, de manera francamente limitada, Akounak, descrita por sus responsables como la primera película de ficción en idioma tuareg. Originalmente se llamaba Akounak Tedalat Taha Tazoughai, pero finalmente se va a estrenar con el nombre de Akounak, lo que por desgracia va a eliminar la mayor parte del contenido de su título original, que se puede traducir como “La lluvia color azul con un poco de rojo”. En el tamashek, el idioma tuareg (un grupo bereber seminómada del norte de África), no existe la palabra “púrpura”.

Akounak es el remake de Purple Rain.

La película, dirigida por Christopher Kirkley y rodada en la ciudad de Agadez, en Níger, es la historia de un joven guitarrista que intenta sobreponerse a todas las adversidades para triunfar en el mundo de la música, armado con su instrumento musical y con su motocicleta. A partir de ahí, acaban buena parte de los parecidos con la película original protagonizada por Prince, dado que “los actores modificaban constantemente sus líneas y cambiaban la ambientación para crear algo más ajustado, más cultural y personalmente apropiado”, en palabras de su director.

Christopher Kirkley es un etnomusicólogo nacido en Portland que tuvo la idea de realizar este remake durante su estancia en Mauritania y comenzó los preparativos de la película en 2013 con el objetivo de aprovechar la temática guitarrera de la película de Prince para acercar al gran público el género del “desert blues” que han protagonizado grupos malienses como Tinariwen.

“Hay un montón de guitarristas tuareg, pero muchos de ellos no componen sus propias canciones, así que necesitábamos un verdadero músico, alguien parecido a Prince”, explicó a The Atlantic. Lo encontró finalmente en la figura de Mdou Moctar, a la postre protagonista de la película. Una vez hallado, Kirkley rodó Akounak con un presupuesto prácticamente nulo durante nueve días junto al cineasta francés Jerome Fino, que sirvió de director de fotografía. Originalmente tenía previsto estrenar la película seis meses después del rodaje, pero se dió cuenta de que el material rodado se merecía mucho más trabajo de postproducción.

Kirkley completó rodaje y postproducción a través de una campaña en Kickstarter por la que recaudó 17.000 dólares que han servido para pagar corrección de color, mezcla de audio y grabación de nuevas versiones, más pulidas, de las canciones que aparecen en la película. “Lo que se convirtió en un proyecto experimental se transformó en algo que fue mucho más allá de nuestras expectativas”, indicó el director en su blog / sello discográfico Sahel Sounds.

La película pretende explorar igualmente la forma en la que se difunde la música tuareg: a través de teléfonos móviles y rara vez sin el nombre del autor — lo que dificulta en gran medida el camino del protagonista de Akounak — “A veces me encuentro con etiquetas identificadoras ‘id3’ en los archivos mp3 (…) pero la gente que se dedica a la difusión de esta música, propietarios de tiendas de descargas por Internet y venta de teléfonos móviles, suelen borrar los datos y ponen el nombre de su negocio”, explica Kirkley en una entrevista a Ethnomusicology.

“Los discos duros siguen siendo extremadamente caros aquí. Conozco a un chaval de Níger que tiene toneladas de ellos con música y vídeo, y espero que llegue un día en el que se almacene con un sentido documentalista. Ahora mismo la gente guarda música por el mero hecho de tenerla, pero espero que, dentro de 50 años y cuando Níger realmente se haya puesto las pilas, este material se convierta en el equivalente de nuestra Biblioteca del Congreso”, concluye.