Un pulso de sonido

A Short Pulse es un cortometraje documental (subtítulos en inglés) de Dorothy Allen-Pickard que explica la experiencia de una persona sorda — parcial, como la directora, o completa — sobre la musica electrónica. Tres protagonistas: los productores musicales Richard France y Helen Oakley, y el DJ Troi Lee, todos ellos con distintos grados de la misma discapacidad, relatan la forma en la que sus cuerpos reciben los ritmos musicales y las creaciones que a partir de ella han acabado desarrollando.

¿Deseáis saber más? NPR entrevista al DJ Nico DiMarco, “orgulloso sordo de cuarta generación”, en una pieza que también aborda el desarrollo musical entre los estudiantes de la universidad para sordos de Gallaudet, en Washington D.C., donde Nico se formó.

You didn’t see that before, but the output levels are such that they can hear it,” said Larry Medwetsky, the chair of Gallaudet’s Hearing, Speech & Language Science department. “I don’t know if they’re hearing it, or feeling it in their ears, but they’re enjoying music.”

Aquí tenéis el artículo completo y, debajo, el vídeo correspondiente.

PD: Así suena un tema creado por una productora musical sorda. First Time, de Helen Oakley

Una astrofísica y La noche estrellada de Van Gogh

El Museo de Arte Moderno de Nueva York lleva unas semanas colgando una serie de vídeos llamada The Way I See It (Tal y como lo veo). En ella, científicos, profesores y artistas examinan junto a los conservadores del museo algunas de las obras de arte desde su perspectiva profesional. Uno de estos ejemplos es el que tenéis arriba: la astrofísica Janna Levin aprecia La noche estrellada, de Vincent Van Gogh, y se ve inmediatamente atraída por el desplazamiento de las estrellas en el cuadro.

Hay más: el músico de jazz Jason Moran convierte Broadway Boogie Woogie , de Piet Mondrian, en una partitura, tocando al piano las “piezas más grandes” con la mano derecha, las “más pequeñas” con la mano izquierda.

Steve Martin — cliente acérrimo de las galerías de arte de Los Ángeles, por cierto, y de gusto exquisito según sus responsables –, nos enseña cómo mirar arte abstracto. Él mismo nos presenta los cuadros elegidos: Synchromy, de Stanton Macdonald-Wright y Color Form Synchromy, de Morgan Russell.

Y si os quedáis con ganas de más, tenéis las versiones extendidas de esta serie en una colección de podcast de la BBC, en 31 episodios, con nombres como John Waters, Stanley Tucci o Margaret Cho. Aquí, la web. Si preferís un formato más cómodo, también están recopilados en Listen Notes. Las obras que se referencian, aquí.

via Open Culture

Paterson (Jim Jarmusch, 2016)

Lo peor que pude hacerle a Paterson fue verla como lo hice por vez primera: de día. No es que tenga una enfermedad que me bloquee el cerebro mañana y tarde, pero de noche, y en especial a la entrada de la madrugada, me siento más desajustado, mis filtros saltan por los aires, y mi tolerancia se dispara. No se trata solo de una reacción fisiológica: es parte de mi experiencia juvenil como espectador durante las madrugadas de Cine Club en La 2, cuando veía estupefacto todo tipo de películas sin la imperiosa necesidad de comprenderlas ni valorarlas, y me limitaba en su lugar a asumirlas tal y como venían desde mi estado de cansancio y duermevela, ni aquí ni allí.

El caso es que, dentro de la programación de Cine Club, había películas que me parecían especialmente sintonizadas con este doble estado físico y mental, y creo que Paterson podría haber sido una de ellas, porque la vi por segunda vez hace unos días a las tres de la mañana, y lo que en un primer momento no me pareció nada especialmente considerable, bueno, la palabra es “florecer”. Es moñas. Pero eso fue lo que sucedió. Paterson es una película que habla de la belleza en lo mundano y rutinario — hasta el punto de que deja de ser “mundano y rutinario”, y no es un mensaje que pueda digerir después de tres cafés de sobremesa.

El germen de Paterson es el poema del mismo nombre escrito por el autor William Carlos Williams, y publicado entre 1946 y 1958. Nada más empezar, nos habla de un hombre y la ciudad, situada en el estado de Nueva Jersey, “una ciudad de río”, comenta el autor, que da nombre al hombre, al poema y la película. Y nos habla con estrellas en los ojos: “…cerca del trueno de las aguas que llenan sus sueños”.

Paterson lies in the valley under the Passaic Falls
its spent waters forming the outline of his back. He
lies on his right side, head near the thunder
of the waters filling his dreams!”

Paterson – William Carlos Williams

Al contrario que el poema, la película no comunica inmediatamente esta pasión. De hecho, dedica los minutos previos a introducirnos en una rutina semanal de nuestro protagonista como compañero sentimental y como empleado en la línea de autobuses urbanos de su ciudad antes de llevarnos junto a él a los pies del parque nacional de Great Falls, un esfuerzo de conservación de las autoridades federales estadounidenses para aliviar la carga medioambiental de la ciudad, fundada en 1792 como la primera de naturaleza puramente industrial, fábricas de seda en este caso, de Estados Unidos.

Una panorámica de Paterson en torno a 1880 – Autor desconocido.

Es allí donde Paterson desata, como poeta en ciernes, su fervor creativo sobre una sencilla caja de cerillas a la que inyecta vida resaltando primero sus cualidades intrínsecas antes de relacionarla con la mujer que ama — artista, como él; más que una musa, una aliada en la creación –, expresado en forma de tres, hasta cuatro planos superpuestos, como si las ideas rebosaran el fotograma. Y así descubrimos que en lugar de usar la poesía como herramienta de escape, la utiliza para embellecer la síntesis de las experiencias que ha recabado desde que se despertó, sin ánimo de revancha. En su lugar, es un arte que emerge de la admiración por las pequeñas y grandes cosas así que, en su mundo, el hastío no tiene cabida.

Durante una entrevista posterior con su director, Jim Jarmusch, el periodista de North Jersey.com, Jim Beckerman, expresó cierta sorpresa sobre el espíritu esta película, “el regalo más sentido que esta polvorienta ciudad va a recibir jamás”. El realizador, no obstante, le respondió con una visión idealizada de la ciudad que visitó durante los años 90, vio nacer a Allen Ginsberg y conmovió a Williams como para dedicarle un poema de cinco volúmenes a sus cataratas y a sus edificios enladrillados, hasta convertir a nuestro protagonista en un reflejo del autor de Paterson, desde su aproximación a la poesía como una afición paralela a su trabajo — era jefe de Pediatría del Hospital General St. Mary — hasta su percepción de la realidad como fuente fundamental de inspiración: “No hay ideas mas que en las cosas“; una línea del poema que se convertiría en lema del Imagismo, una corriente estética dentro de la literatura estadounidense caracterizada por la precisión, la economía del lenguaje y el detalle en los objetos.

Esta corriente se traduce en la película en forma de innumerables atractivos que despiertan la curiosidad del protagonista, siempre saturado de la información que recibe de los espacios comunitarios en los que se desenvuelve, solo o en pareja, en su casa, en un autobús, en un bar, en una ciudad con historia. A lo largo de la película, los pasajeros de su autobús o el camarero que le sirve su cerveza diaria explican a Paterson las vidas de residentes más o menos ilustres de la ciudad, como el anarquista italoamericano Gaetano Bresci, asesino del rey de Italia Umberto II; el cómico Lou Costello o el boxeador Robin ‘Huracán’ Carter. Y, cuando llega a casa, se encuentra siempre con una sorpresa, una transformación — un plato nuevo, una nueva canción, una pintura –, una nueva expresión de belleza, cortesía de su esposa Laura, iraní-estadounidense (representación de la elevada densidad de población musulmana en la ciudad, la segunda del país).

Es una vida sencilla pero completa, cómodamente acurrucada entre la conciencia del pasado y una promesa de futuro. Contenta con ello, Paterson es una apreciación sin más expectativa que prolongar un día más la vida plena, material e intelectual, que su director nos enseña. Sin los filtros de la urgencia, tranquilo, en mi casa y sin un ruido en la calle, lo que de día percibí como un ritmo contemplativo se convierte de madrugada en un espectáculo de observación. Los breves encuentros, en una rica transmisión de ideas, los conflictos en anécdotas. El paisaje, en una lección de historia. Y la voz de nuestro protagonista, en una reivindicación de los placeres de la monotonía.

Unos enlaces para terminar:

Algunos de los poemas de Paterson vienen del puño y letra del autor estadounidense Ron Padgett. Jaume Muñoz le dedica unas líneas de contexto en Culturaca.

Las localizaciones de la película, aquí. Y, aquí, la página del film en la web de su diseñador de producción, Mark Friedberg (Joker).

La biblioteca de nuestro protagonista, según la iMDb.

Some of the books visible in Paterson’s basement are “Walden” by Henry David Thoreau, “Lunch Poems” by Frank O’Hara, “Paterson” and “The Collected Earlier Poems” by William Carlos Williams, “The Fall” by Albert Camus, “The Walk” by Robert Walser, “Double Indemnity” by James M. Cain, “Bambi” by Felix Salten, “Alone and Not Alone” and “Great Balls of Fire” by Ron Padgett, “The Collected Poems” by Wallace Stevens, “On the Great Atlantic Rainway: Selected Poems 1950-1988” by Kenneth Koch, “The Call of the Wild/White Fang” by Jack London, “Collected Poems, 1956-1987” by John Ashbery, “The Soul of an Octopus: A Surprising Exploration into the Wonder of Consciousness” by Sy Montgomery, “In the Palm of Your Hand: A Poet’s Portable Workshop” by Steve Kowit, “Selected Prose and Poetry” by Edgar Allan Poe, “Save the Last Dance for Satan” by Nick Tosches, “The New York Trilogy” by Paul Auster, “I Fought the Law: The Life and Strange Death of Bobby Fuller” by Miriam Linna & Randell Fuller, “Kill All Your Darlings: Pieces 1990-2005” by Luc Sante, “Gone Man Squared” by Royston Ellis, “This Planet is Doomed: The Science Fiction Poetry of Sun Ra” and “Prophetika Book One” by Sun Ra, “The Baltimore Atrocities” by John Dermot Woods, “Sweets and Other Stories” by Andre Williams, “Benzedrine Highway” by Charles Plymell, “I Remember” and “The Nancy Book” by Joe Brainard, “Monk” by Laurent de Wilde, “Lawrence in Arabia: War, Deceit, Imperial Folly, and the Making of the Modern Middle East” by Scott Anderson, “Consider the Lobster and Other Essays” and “Infinite Jest” by David Foster Wallace, “The Flowers of Evil” by Charles Baudelaire, “Up Above the World” by Paul Bowles, and “Amerika” by Franz Kafka.

Enlaces

He aquí la adaptación animada de Cuento de Navidad, de Charles Dickens, de la mano de Richard Williams y Chuck Jones, y ganadora del Oscar al Mejor Cortometraje de Animación en 1972. La fuente del vídeo es una copia de 16mm en muy, pero que muy buen estado. Williams, diseñador de Roger Rabbit, maestro de maestros, mentor, inspiración para miles de futuros artistas, falleció en agosto de 2019 dejando tras de sí tanto un legado como un inmenso potencial en lo que podría haber sucedido de haber visto la luz su gran obra inacabada, The Thief and the Cobbler.

Sobre esta pieza, Animac Magazine deja unas declaraciones de Williams aquí, dentro de una entrevista muy recomendable.

Richard Williams: Chuck got me the job. He was wonderful. We were kind of friends, and he was head of ABC TV children’s programming – or advisor or consultant or something- and he got them to give me the assignment. He had seen The Charge of the Light Brigade, this 1850-set feature film by Tony Richardson we animated on. We did it strictly in period, and Chuck showed this to the business people and they said “we’ll hire this guy to do Dickens, that’s from the same era.” And I said, “but Chuck, we’ll never do this on time”. We had 7 to 9 months, so we’d have to do it in pencil. And I said, “why don’t you just let me design it, my way” and he said “no, it must look like 1850’s book illustrations”. So I said, “ok, but in pencil.” He completely left me alone. It was marvelous. He helped at the end – we were running out of time, and I told him we were really worried we couldn’t deliver it in time, so he lent me his three top animators. They came in the last six weeks and helped us finish.


Las cinco fases de una borrachera, por Charles Percy Pickering (c. 1865) – via Retronaut. Desde mi experiencia, y con la perspectiva que otorga un año exacto de sobriedad: nunca hace falta pasar de la fase uno.

Y sin embargo.


De vez en cuando me paso por Rules for my Unborn Son, el Tumblr de Walker Lamond, para comprobar que una de mis páginas favoritas sigue viva y bien. Y todavía aguanta. Sin necesidad de seguir los consejos a rajatabla… me parece guai. Tiene un libro.


Foto: Steve Liss

Every computer would think it was 1900. When that happened, ATMs would stop working, the electrical grid would shut down, planes would fall out of the skies, and newborn babies would get hundred-year-old birth certificates.” Popular Mechanics nos deja una retrospectiva del pánico informático de finales del siglo XX: el efecto 2000, contada por sus protagonistas.


El artista sueco Stefan Larsson se dedica a “estructurar ciudades en foorma de organismos vivos con resultados a veces surrealistas, siempre misteriosos”. Lo hizo con Osaka en 2016, ahora es el turno de Hong Kong y Shenzhen. Es Spatial Bodies, con música de Daisuke Tanabe.


Mejora año nuevo, tras año nuevo, tras año nuevo, tras año nuevo, tras año nuevo. Más nervio que un filete de dos euros y uno de los más grandes finales de cualquier género que me vengan a la cabeza de la mano de una pareja tan improbable como el primer día (Bassett era un valor seguro elevada aquí a la categoría de bomba termonuclear; Fiennes sigue siendo el gancho de izquierda de esta película, juntos son irresistibles). El megapost de Cinephilia & Beyond — fotos, entrevistas, guion, vídeos –, aquí.

2020, here we come.

Jerusalén y el significado de la ciudad

He terminado Jerusalem: A Biography, una historia de la ciudad de Jerusalén de la mano de Simon Sebag Montefiore, tan condensada y rápida en su sucesión de acontecimientos (está construida en forma de breves apartados de tres, cuatro páginas a lo sumo) que se me ha hecho una lectura bastante amena.

Me he quedado con una idea en particular: la transformación de Jerusalén de lugar a símbolo a través de la poesía. Montefiore nos cuenta que, hasta cierto momento de la historia, unos mil años antes de Cristo, Jerusalén goza de importancia por su posición estratégica privilegiada como escala comercial — “Salomón comerciaba con Egipto y Cilicia en especias y oro, y compartía expediciones a Sudán y Somalia con su aliado fenicio, el rey Hiram de Tiro” — y la enorme riqueza que acumuló merced a ello, por mucho que su tamaño fuera más pequeño que otras grandes ciudades de la época, como Babilonia.

Esta riqueza sirvió para sembrar la semilla de la trascendencia simbólica que adquiriría la ciudad y que continúa hasta nuestros días, a partir de los 3.000 proverbios y 1.000 canciones de Salomón y el eco de su templo — “Todas las idealizaciones de Jerusalén, nuevas o antiguas, celestiales o temporales, están basadas en la descripción bíblica de la ciudad de Salomón” –. Pero el responsable de la consolidación de estas visiones fue un hombre llamado Isaías, siglo VIII a.C., estadista, asesor de reyes, poeta, orador y escritor de al menos la primera mitad del libro bíblico que lleva su nombre, quien “dio forma a una idea universal y espiritual de Jerusalén como campeona de los desvalidos”.

Google Books

Y así comenzó una especie de anhelo de Jerusalén, “la montaña de la casa del Señor (…) a la que acudirán todas las naciones”, construida sobre metáforas apocalípticas — “el león yacerá con el cordero, y los niños jugarán con serprientes venenosas” — en el Día del Juicio, en forma de una “poesía incandescente que daría forma no solo al Judaísmo, sino también al Cristianismo”. No lo que es, sino lo que será algún día. Un deseo que, relata el autor, ha pervivido sobre reyes, guerreros, sultanes, potentados y presidentes. Y más allá.

(Fun facts: las primeras cien páginas del libro o así están salpicadas de muertes, asesinatos y masacres del día que se lo pidáis, pero ninguno de estos eventos destaca tanto como el fallecimiento de Herodes el Grande tras una larga agonía iniciada por una enfermedad en el riñón que derivó en una gangrena genital. The more you know)

¡Enlaces! A lo largo de las páginas de Jerusalem: A Biography, Montefiore remite a tres libros en particular:

· La Guía de Perplejos, de Maimonides, el gran tratado del filósofo sefardí (1135-1204), y una síntesis de la filosofía aristotélica, las creencias judías y su relación en el desarrollo científico de la Edad Media . Quiere la puñetera casualidad que lo tengo en mi casa, edición de David Gonzalo Maeso, pillado prácticamente al azar en la Casa Árabe de Madrid. Le he dado un par de tientos. Me cuesta. Mucho. Y no por la falta de buena voluntad de su autor, que cada dos páginas reconoce la dificultad del contenido y resalta su carácter didáctico para animar al lector. Es que simplemente no doy para más. Vosotros sí.

· El Seyahatname o Libro de los Viajes. Para el autor, “el relato de viajes más completo de la literatura islámica y, quizás, de la universal”. Diez volúmenes de las aventuras del explorador otomano Evliya Celebi, “El Caballero”, durante el siglo XVII, caracterizadas por su ligereza, apuntes a volapié y carácter semifantástico — Celebi es descrito casi como un trovador — y humor mundano. “No hay guerra santa más grande que el sexo”, escribe.

· Los Diarios de Wasif Jawhariyyeh, el cronista por excelencia de la Jerusalén de la primera mitad del siglo XX. Cuatro volúmenes en forma de manuscrito personal, y siete volúmenes adicionales con una colección fotográfica que abarcaba la vida social, política y cultural de Jerusalén desde 1917 a 1948. En un manuscrito titulado al-Dafatir al-mus iqiyya, Jawariyyeh, músico de profesión, recopiló un inventario completo de las tonadillas en Palestina a principios del siglo XX. Tenéis una condensación de sus memorias en este libro, también autobiográfico, The Storyteller of Jerusalem.

Máximo Riesgo (Renny Harlin, 1993)

Esto que voy a escribir desmerece al equipo que ha rodado la película (con agravante, además, porque es enteramente responsabilidad suya), pero “se les va de las manos”, porque no me puedo explicar de otra forma por qué lo que comienza como una premisa bastante inane — un clon campestre de Jungla de Cristal; ladrones pierden dinero y obligan a Stallone, montañero traumatizado, a recuperarlo — termina, 26 años después, inspirando el gran final de la última entrega de la franquicia referencial de acción en la acualidad, Misión: Imposible – Fallout.

“Se les va de las manos” porque el contexto ayuda. El director, Renny Harlin, está en pleno apogeo, recién salido de La Jungla 2, como también lo está Stallone, a sus 45 años de edad y en un retorno al género tras sus experimentos cómicos. La acción es el género predominante de principios de década en el blockbuster estadounidense; el ordenador está comenzando a extenderse pero todavía no existe la confianza suficiente en la máquina como para convertirla en un sustitutivo universal. Todo contribuye.

Al margen de dos o tres escenarios de cartón-piedra por motivos logísticos y retoques digitales para integrar a Stallone en el escenario, todo es real. El tío que está colgado de una roca horizontal a 1.000 metros de altura, el tío que cruza de avión a avión, la especialista que debe dejarse caer desde un risco sujetada únicamente por un hilo invisible. Esta vista es real.

Incluso si no estás entonado con las pequeñas idiosincrasias del género — los fatalities, la sangre, las palabrotas, las explosiones, las pullitas — Máximo Riesgo intenta ganarte por otro lado: por la genuina sensación de asombro. “Cómo han rodado esto, de dónde salen estos paisajes, quién es esta gente loca que se cuelga de paredes a una distancia de un rascacielos sobre el suelo. Se suponía que esta película iba a ser una tontería para pasar el rato. Por qué todo se percibe tan grande”.

Porque el tráiler mismo nos avisó. Hay tiros, hay explosiones, hay peleas. Pero por encima de todo: tuvieron las narices de poner a Mozart. A Mozart. No querían hacerlas guais. Querían hacerlas espléndidas.

La jugada Montecarlo

Foto: Alex Song

“Mientras encaje con nuestro modelo, nos da igual” – Ryan Cavanaugh, ex consejero delegado de Relativity Media. Declarada en bancarrota en julio de 2015.

Entre 2004 y 2006, los fondos de inversión privados aportaron a los estudios de Hollywood una cantidad de dinero aproximada de 4.000 millones de dólares; la mayor inyección económica externa que se recuerda en la historia de la industria del cine estadounidense, superior a la efectuada por los bancos norteamericanos y europeos durante la década anterior o inversores individuales como William Randolph Hearst, Joe Kennedy, Howard Hughes, Edgar Bronfman, Mel Simon, Paul Allen o Philip Anschutz en los 70 años previos. Entre 2006 y 2008, antes del estallido de la crisis económica, fondos de inversión y bancos unieron fuerzas para disparar esta cantidad hasta los 12.000 millones de dólares.

La crisis obligó a los bancos y a estos fondos a disminuir temporalmente su presencia en Hollywood hasta que amainó la tormenta. Y, cuando regresaron, acudieron directamente a una de las fuentes: las agencias de talentos. La William Morris Endeavor, la Creative Artist Agency y la United Talent Agency, las tres agencias más importantes de Hollywood, están controladas por fondos de inversión privada o fondos soberanos. Como resultado, según el Gremio de Guionistas de Cine y TV de Estados Unidos, “todas ellas operan bajo la presión de las expectativas de beneficios que esperan estos fondos”.

¿Por qué alinearse con estos fondos?

1.- Tienen un billón de dólares listos para gastar, y los estudios no.

2.- Porque las películas suelen arrojar un porcentaje de beneficio bastante suculento. “Pero hay películas que son un fracaso absoluto”, diréis. Sí, si te lo montas mal. Un ejemplo de lo contrario es el que cuenta Edward J. Epstein en su libro The Hollywood Economist 2.0: The Hidden Financial Reality Behind the Movies y es Tomb Raider. El presupuesto oficial de producción fue de 94 millones de dólares. Paramount Pictures solo apoquinó menos de un diez por ciento de esa cantidad. Aprovechando un vacío legal en su país, la firma alemana Intermedia Films se gastó 65 millones de dólares en obtener los derechos de distribución de la cinta en seis países. La taquilla, apunta Epstein, es un valor sobrevalorado, valga la redundancia. ¿Queréis otro ejemplo con Paramount y beneficios indirectos? Toshiba pagó al estudio 50 millones de dólares por sacar Titanic en DVD a tiempo para adjuntar la película en forma de pack junto a los reproductores. Los bonos basura con los que trabajan los fondos de inversión suelen dar un 10 por ciento de beneficio. En 2003, un año horrible de la Paramount, el porcentaje de beneficios fue del 15 por ciento. Hay dinero. Y, para unas organizaciones implicadas en el meollo de la crisis de 2008, el cine es territorio más seguro.

3.- “Porque nos conviene ir de pobres”, explica a Epstein un ejecutivo bajo condición de anonimato. “Es la mejor forma de que las estrellas reduzcan sus exigencias. Llevo treinta años en este negocio y todavía me sigue asombrando la credulidad de esta gente”.

Los fondos de inversión están para quedarse. Estos son los máximos accionistas de Disney. A la cabeza está Vanguard Group, el segundo fondo de inversión más grande del mundo. Pero es que el primer fondo de inversión ocupa el segundo lugar: BlackRock, una organización que gestiona 6,3 billones de dólares –5,6 billones de euros–, casi tanto como el PIB de Alemania y Francia juntos.

No tienen un billón de dólares. Tienen seis veces más.

NOTA – Como aquí no hay partidismos: los 10 principales accionistas de Comcast, la matriz de los estudios Universal. Los tres primeros son los mismos.

Y aquí llegamos al minuto 90, falta que tira Messi: los fondos de inversión no son productores cinematográficos. Ni siquiera entienden el término “riesgo” en función de un estudio de cine tradicional. Jugársela con un producto desconocido no entra en sus parámetros. “Pregunta a cualquier gestor de fondos cómo es su día óptimo”, explica Raghu Kumar, cofundador del fondo RAIN Technologies, “y la mayoría te contarán lo mismo: un día con CERO decisiones críticas; un día que se han pasado mirando inexpresivos la pantalla de un ordenador, en un mundo donde reina el automatismo, y en el que cualquier actividad que involucre un juicio humano debe desaparecer, eliminando cualquier decisión que incentive la incertidumbre: somos una cultura de aburrimiento, procesos y repetición“.

Tanta repetición, que uno de los pioneros en la introducción de los fondos de inversión en Hollywood, Thomas Tull, el fundador de Legendary Pictures, recurrió a un sistema automatizado para elegir en qué películas de Warner Bros. depositar los 600 millones de dólares recabados de entidades como el brazo de inversión privada del Bank of America, AIG Direct Investments, Columbia Capital o Falcon Investment Advisors. Este sistema es conocido como Simulación Montecarlo y no tiene nada, pero nada que ver con artículos previos que os hayáis leído sobre el uso de inteligencia artificial en la escritura de guiones y otras marcianadas. Este sistema tenía un impacto real, estaba orientado a la obtención de beneficios, consistía en la combinación de múltiples factores relacionados con la película — director, intérpretes, género, presupuesto, fecha de estreno y calificación moral, entre otros — y se expandió por todos los estudios y productoras de Hollywood, Relativity incluida:

Hollywood Math and Aftermath: The Economic Image and the Digital Recession – J.D. Connor

¿Todas las películas se hacen así? Desde luego que no. Cultura, política, tests de mercado, fórmulas a prueba de bombas gozan del mismo peso en el sistema de decisiones. ¿Es un éxito a tiro fijo? Desde luego que tampoco. Relativity ya no existe. Pero ¿lidia este modelo con factores esenciales a la hora de dar luz verde a un proyecto? Desde luego que sí. Y es expresión del desarrollo industrial contemporáneo en Hollywood, enraizada ya en el sistema de producción, y tan expuesta a altos y bajos como el resto de participantes en un proceso sin fin a la vista. Cuando cayeron los primeros fondos de inversión estadounidenses con el estallido de la crisis, China ocupó su lugar hasta que este nuevo manantial comenzó a secarse hace dos años. “Es un poco como el ‘juego del topo’, explica Barton Crockett, analista de FBR Capital Markets, “cuando alguien se va, otro aparece”. El caso es que absolutamente todos estos jugadores se van a guiar por los mismos principios: maximización del retorno de beneficios, minimización de la incertidumbre, anulación del componente humano. Si hay alguien o algo que vaya a dar “la vuelta al cine”, ellos serán los últimos en averiguarlo.

Enlaces

Éste es el criterio que ha seguido la gente de href.cool para confeccionar esta lista. Abarca un espectro tan amplio de rarezas que estoy convencido de que alguna se convertirá en vuestro nicho particular — el mío es precisamente el que encabeza este repertorio, el maravilloso relato deportivo/sci-fi/interactivo 17776, de Jon Bois, para SBNation.

(Bois explicó sus intenciones aquí, en esta entrevista / comentarios del director)

Otros: la SCP-Foundation (una ficción sobre una oscura agencia dedicada a la investigación de artefactos extraordinarios), Nyan Cat, Eduard ‘Mr. Trololo’ Khil, el web-puzzle Cicada 3301 (todavía no resuelto) o los gifs de Paul Robertson y Uno Moralez.

Si os quedáis con ganas de más, The A.V. Club ha recopilado cien de estas curiosidades. Y aquí, Jon Sabia, jefe de desarrollo creativo de Condé Nast, compendia otros 136.


El artista Seung Lee ha convertido el patrón de sueño de su hijo recién nacido en una manta. “Borde de ganchillo que rodea un cuerpo de punto doble. Cada fila representa un solo día. Cada puntada representa 6 minutos de tiempo dedicado a despertarse o dormirse”.


“The Outer Worlds Developers React to 12 Minute Speedrun”. Primera vez que hablo aquí de los speedrun. Pero no será la última. La premisa es sencillísima: pasarse un videojuego a la mayor velocidad posible. Desde ahí, las posibilidades son infinitas. Trucos o no trucos, manual o con ayuda de programas, en su totalidad o en el camino más corto posible.

Me vuelven loco. “Rompe el sistema”. El ejemplo que os dejo aquí es el del juego The Outer Worlds, cuyos desarolladores asisten atónitos al desempeño de un usuario que se revienta en 12 minutos lo que aquí servidor tardó 15 horas en completar. “No sabía que se podía saltar esa valla”, uno de los highlights.

Si he conseguido llamar vuestra atención, y espero que sí:

· Games Done Quick gira en torno a una reunión semestral de speedrunners cuyos beneficios van destinados a la lucha contra el cáncer o Médicos sin Fronteras. Suelen alcanzar entre los dos y tres millones de dólares en donaciones, estas buenas personas. Técnica incomparable al servicio del Bien. Toneladas de vídeos aquí.

Éste es divertidísimo.

· Super Mario Bros. y la barrera de los 4’55

· Como nota superparticular, una de las cosas más asombrosas que he visto: Ninja Gaiden Sigma 2 – Master Ninja – No Damage. Ninja Gaiden 2 es el juego más difícil que me he pasado en mi puñetera vida; una de las pocas hazañas que me puedo llevar orgulloso a la tumba, triste como ha sido mi existencia. Esto que viene a continuación me resulta incomprensible. El nivel de dificultad más alto, sin recibir daño. Un demonio. Una máquina de destruir.


“Imagina nacer en esa época y tener un cuerpo. Ugh” – Natural History Museum, un cortometraje animado de Kirsten Lepore. Comedia de ciencia ficción que nos lleva desde la actualidad hasta un gritón de años en el futuro. Ecos de La Última Pregunta, de Isaac Asimov (en inglés, aquí). Creo. Me parece entrever.


En respuesta a la nueva política de la lista de éxitos musicales Billboard de añadir las visitas en YouTube para decidir sus canciones top, Radiohead ha publicado su discografía entera en esta plataforma. Falta alguna canción que otra, rarezas varias, pero son todas las que están.

Por mi parte, agradezco que no hayan decidido retirar sus antiguas demos de los años 80, principios de los 90. Stereogum recopiló aquí la historia de ese grupo de pipiolines, On a Friday, con la mayor parte de sus canciones.

Ésta es preciosa.

PD: Hoy lo negarán y posiblemente te claven dagas con los ojos por hacer esta afirmación… Pero cómo les gustaba U2 (y los Pixies, por otro lado).