Jerusalén y el significado de la ciudad

He terminado Jerusalem: A Biography, una historia de la ciudad de Jerusalén de la mano de Simon Sebag Montefiore, tan condensada y rápida en su sucesión de acontecimientos (está construida en forma de breves apartados de tres, cuatro páginas a lo sumo) que se me ha hecho una lectura bastante amena.

Me he quedado con una idea en particular: la transformación de Jerusalén de lugar a símbolo a través de la poesía. Montefiore nos cuenta que, hasta cierto momento de la historia, unos mil años antes de Cristo, Jerusalén goza de importancia por su posición estratégica privilegiada como escala comercial — “Salomón comerciaba con Egipto y Cilicia en especias y oro, y compartía expediciones a Sudán y Somalia con su aliado fenicio, el rey Hiram de Tiro” — y la enorme riqueza que acumuló merced a ello, por mucho que su tamaño fuera más pequeño que otras grandes ciudades de la época, como Babilonia.

Esta riqueza sirvió para sembrar la semilla de la trascendencia simbólica que adquiriría la ciudad y que continúa hasta nuestros días, a partir de los 3.000 proverbios y 1.000 canciones de Salomón y el eco de su templo — “Todas las idealizaciones de Jerusalén, nuevas o antiguas, celestiales o temporales, están basadas en la descripción bíblica de la ciudad de Salomón” –. Pero el responsable de la consolidación de estas visiones fue un hombre llamado Isaías, siglo VIII a.C., estadista, asesor de reyes, poeta, orador y escritor de al menos la primera mitad del libro bíblico que lleva su nombre, quien “dio forma a una idea universal y espiritual de Jerusalén como campeona de los desvalidos”.

Google Books

Y así comenzó una especie de anhelo de Jerusalén, “la montaña de la casa del Señor (…) a la que acudirán todas las naciones”, construida sobre metáforas apocalípticas — “el león yacerá con el cordero, y los niños jugarán con serprientes venenosas” — en el Día del Juicio, en forma de una “poesía incandescente que daría forma no solo al Judaísmo, sino también al Cristianismo”. No lo que es, sino lo que será algún día. Un deseo que, relata el autor, ha pervivido sobre reyes, guerreros, sultanes, potentados y presidentes. Y más allá.

(Fun facts: las primeras cien páginas del libro o así están salpicadas de muertes, asesinatos y masacres del día que se lo pidáis, pero ninguno de estos eventos destaca tanto como el fallecimiento de Herodes el Grande tras una larga agonía iniciada por una enfermedad en el riñón que derivó en una gangrena genital. The more you know)

¡Enlaces! A lo largo de las páginas de Jerusalem: A Biography, Montefiore remite a tres libros en particular:

· La Guía de Perplejos, de Maimonides, el gran tratado del filósofo sefardí (1135-1204), y una síntesis de la filosofía aristotélica, las creencias judías y su relación en el desarrollo científico de la Edad Media . Quiere la puñetera casualidad que lo tengo en mi casa, edición de David Gonzalo Maeso, pillado prácticamente al azar en la Casa Árabe de Madrid. Le he dado un par de tientos. Me cuesta. Mucho. Y no por la falta de buena voluntad de su autor, que cada dos páginas reconoce la dificultad del contenido y resalta su carácter didáctico para animar al lector. Es que simplemente no doy para más. Vosotros sí.

· El Seyahatname o Libro de los Viajes. Para el autor, “el relato de viajes más completo de la literatura islámica y, quizás, de la universal”. Diez volúmenes de las aventuras del explorador otomano Evliya Celebi, “El Caballero”, durante el siglo XVII, caracterizadas por su ligereza, apuntes a volapié y carácter semifantástico — Celebi es descrito casi como un trovador — y humor mundano. “No hay guerra santa más grande que el sexo”, escribe.

· Los Diarios de Wasif Jawhariyyeh, el cronista por excelencia de la Jerusalén de la primera mitad del siglo XX. Cuatro volúmenes en forma de manuscrito personal, y siete volúmenes adicionales con una colección fotográfica que abarcaba la vida social, política y cultural de Jerusalén desde 1917 a 1948. En un manuscrito titulado al-Dafatir al-mus iqiyya, Jawariyyeh, músico de profesión, recopiló un inventario completo de las tonadillas en Palestina a principios del siglo XX. Tenéis una condensación de sus memorias en este libro, también autobiográfico, The Storyteller of Jerusalem.

Máximo Riesgo (Renny Harlin, 1993)

Esto que voy a escribir desmerece al equipo que ha rodado la película (con agravante, además, porque es enteramente responsabilidad suya), pero “se les va de las manos”, porque no me puedo explicar de otra forma por qué lo que comienza como una premisa bastante inane — un clon campestre de Jungla de Cristal; ladrones pierden dinero y obligan a Stallone, montañero traumatizado, a recuperarlo — termina, 26 años después, inspirando el gran final de la última entrega de la franquicia referencial de acción en la acualidad, Misión: Imposible – Fallout.

“Se les va de las manos” porque el contexto ayuda. El director, Renny Harlin, está en pleno apogeo, recién salido de La Jungla 2, como también lo está Stallone, a sus 45 años de edad y en un retorno al género tras sus experimentos cómicos. La acción es el género predominante de principios de década en el blockbuster estadounidense; el ordenador está comenzando a extenderse pero todavía no existe la confianza suficiente en la máquina como para convertirla en un sustitutivo universal. Todo contribuye.

Al margen de dos o tres escenarios de cartón-piedra por motivos logísticos y retoques digitales para integrar a Stallone en el escenario, todo es real. El tío que está colgado de una roca horizontal a 1.000 metros de altura, el tío que cruza de avión a avión, la especialista que debe dejarse caer desde un risco sujetada únicamente por un hilo invisible. Esta vista es real.

Incluso si no estás entonado con las pequeñas idiosincrasias del género — los fatalities, la sangre, las palabrotas, las explosiones, las pullitas — Máximo Riesgo intenta ganarte por otro lado: por la genuina sensación de asombro. “Cómo han rodado esto, de dónde salen estos paisajes, quién es esta gente loca que se cuelga de paredes a una distancia de un rascacielos sobre el suelo. Se suponía que esta película iba a ser una tontería para pasar el rato. Por qué todo se percibe tan grande”.

Porque el tráiler mismo nos avisó. Hay tiros, hay explosiones, hay peleas. Pero por encima de todo: tuvieron las narices de poner a Mozart. A Mozart. No querían hacerlas guais. Querían hacerlas espléndidas.

La jugada Montecarlo

Foto: Alex Song

“Mientras encaje con nuestro modelo, nos da igual” – Ryan Cavanaugh, ex consejero delegado de Relativity Media. Declarada en bancarrota en julio de 2015.

Entre 2004 y 2006, los fondos de inversión privados aportaron a los estudios de Hollywood una cantidad de dinero aproximada de 4.000 millones de dólares; la mayor inyección económica externa que se recuerda en la historia de la industria del cine estadounidense, superior a la efectuada por los bancos norteamericanos y europeos durante la década anterior o inversores individuales como William Randolph Hearst, Joe Kennedy, Howard Hughes, Edgar Bronfman, Mel Simon, Paul Allen o Philip Anschutz en los 70 años previos. Entre 2006 y 2008, antes del estallido de la crisis económica, fondos de inversión y bancos unieron fuerzas para disparar esta cantidad hasta los 12.000 millones de dólares.

La crisis obligó a los bancos y a estos fondos a disminuir temporalmente su presencia en Hollywood hasta que amainó la tormenta. Y, cuando regresaron, acudieron directamente a una de las fuentes: las agencias de talentos. La William Morris Endeavor, la Creative Artist Agency y la United Talent Agency, las tres agencias más importantes de Hollywood, están controladas por fondos de inversión privada o fondos soberanos. Como resultado, según el Gremio de Guionistas de Cine y TV de Estados Unidos, “todas ellas operan bajo la presión de las expectativas de beneficios que esperan estos fondos”.

¿Por qué alinearse con estos fondos?

1.- Tienen un billón de dólares listos para gastar, y los estudios no.

2.- Porque las películas suelen arrojar un porcentaje de beneficio bastante suculento. “Pero hay películas que son un fracaso absoluto”, diréis. Sí, si te lo montas mal. Un ejemplo de lo contrario es el que cuenta Edward J. Epstein en su libro The Hollywood Economist 2.0: The Hidden Financial Reality Behind the Movies y es Tomb Raider. El presupuesto oficial de producción fue de 94 millones de dólares. Paramount Pictures solo apoquinó menos de un diez por ciento de esa cantidad. Aprovechando un vacío legal en su país, la firma alemana Intermedia Films se gastó 65 millones de dólares en obtener los derechos de distribución de la cinta en seis países. La taquilla, apunta Epstein, es un valor sobrevalorado, valga la redundancia. ¿Queréis otro ejemplo con Paramount y beneficios indirectos? Toshiba pagó al estudio 50 millones de dólares por sacar Titanic en DVD a tiempo para adjuntar la película en forma de pack junto a los reproductores. Los bonos basura con los que trabajan los fondos de inversión suelen dar un 10 por ciento de beneficio. En 2003, un año horrible de la Paramount, el porcentaje de beneficios fue del 15 por ciento. Hay dinero. Y, para unas organizaciones implicadas en el meollo de la crisis de 2008, el cine es territorio más seguro.

3.- “Porque nos conviene ir de pobres”, explica a Epstein un ejecutivo bajo condición de anonimato. “Es la mejor forma de que las estrellas reduzcan sus exigencias. Llevo treinta años en este negocio y todavía me sigue asombrando la credulidad de esta gente”.

Los fondos de inversión están para quedarse. Estos son los máximos accionistas de Disney. A la cabeza está Vanguard Group, el segundo fondo de inversión más grande del mundo. Pero es que el primer fondo de inversión ocupa el segundo lugar: BlackRock, una organización que gestiona 6,3 billones de dólares –5,6 billones de euros–, casi tanto como el PIB de Alemania y Francia juntos.

No tienen un billón de dólares. Tienen seis veces más.

NOTA – Como aquí no hay partidismos: los 10 principales accionistas de Comcast, la matriz de los estudios Universal. Los tres primeros son los mismos.

Y aquí llegamos al minuto 90, falta que tira Messi: los fondos de inversión no son productores cinematográficos. Ni siquiera entienden el término “riesgo” en función de un estudio de cine tradicional. Jugársela con un producto desconocido no entra en sus parámetros. “Pregunta a cualquier gestor de fondos cómo es su día óptimo”, explica Raghu Kumar, cofundador del fondo RAIN Technologies, “y la mayoría te contarán lo mismo: un día con CERO decisiones críticas; un día que se han pasado mirando inexpresivos la pantalla de un ordenador, en un mundo donde reina el automatismo, y en el que cualquier actividad que involucre un juicio humano debe desaparecer, eliminando cualquier decisión que incentive la incertidumbre: somos una cultura de aburrimiento, procesos y repetición“.

Tanta repetición, que uno de los pioneros en la introducción de los fondos de inversión en Hollywood, Thomas Tull, el fundador de Legendary Pictures, recurrió a un sistema automatizado para elegir en qué películas de Warner Bros. depositar los 600 millones de dólares recabados de entidades como el brazo de inversión privada del Bank of America, AIG Direct Investments, Columbia Capital o Falcon Investment Advisors. Este sistema es conocido como Simulación Montecarlo y no tiene nada, pero nada que ver con artículos previos que os hayáis leído sobre el uso de inteligencia artificial en la escritura de guiones y otras marcianadas. Este sistema tenía un impacto real, estaba orientado a la obtención de beneficios, consistía en la combinación de múltiples factores relacionados con la película — director, intérpretes, género, presupuesto, fecha de estreno y calificación moral, entre otros — y se expandió por todos los estudios y productoras de Hollywood, Relativity incluida:

Hollywood Math and Aftermath: The Economic Image and the Digital Recession – J.D. Connor

¿Todas las películas se hacen así? Desde luego que no. Cultura, política, tests de mercado, fórmulas a prueba de bombas gozan del mismo peso en el sistema de decisiones. ¿Es un éxito a tiro fijo? Desde luego que tampoco. Relativity ya no existe. Pero ¿lidia este modelo con factores esenciales a la hora de dar luz verde a un proyecto? Desde luego que sí. Y es expresión del desarrollo industrial contemporáneo en Hollywood, enraizada ya en el sistema de producción, y tan expuesta a altos y bajos como el resto de participantes en un proceso sin fin a la vista. Cuando cayeron los primeros fondos de inversión estadounidenses con el estallido de la crisis, China ocupó su lugar hasta que este nuevo manantial comenzó a secarse hace dos años. “Es un poco como el ‘juego del topo’, explica Barton Crockett, analista de FBR Capital Markets, “cuando alguien se va, otro aparece”. El caso es que absolutamente todos estos jugadores se van a guiar por los mismos principios: maximización del retorno de beneficios, minimización de la incertidumbre, anulación del componente humano. Si hay alguien o algo que vaya a dar “la vuelta al cine”, ellos serán los últimos en averiguarlo.

Enlaces

Éste es el criterio que ha seguido la gente de href.cool para confeccionar esta lista. Abarca un espectro tan amplio de rarezas que estoy convencido de que alguna se convertirá en vuestro nicho particular — el mío es precisamente el que encabeza este repertorio, el maravilloso relato deportivo/sci-fi/interactivo 17776, de Jon Bois, para SBNation.

(Bois explicó sus intenciones aquí, en esta entrevista / comentarios del director)

Otros: la SCP-Foundation (una ficción sobre una oscura agencia dedicada a la investigación de artefactos extraordinarios), Nyan Cat, Eduard ‘Mr. Trololo’ Khil, el web-puzzle Cicada 3301 (todavía no resuelto) o los gifs de Paul Robertson y Uno Moralez.

Si os quedáis con ganas de más, The A.V. Club ha recopilado cien de estas curiosidades. Y aquí, Jon Sabia, jefe de desarrollo creativo de Condé Nast, compendia otros 136.


El artista Seung Lee ha convertido el patrón de sueño de su hijo recién nacido en una manta. “Borde de ganchillo que rodea un cuerpo de punto doble. Cada fila representa un solo día. Cada puntada representa 6 minutos de tiempo dedicado a despertarse o dormirse”.


“The Outer Worlds Developers React to 12 Minute Speedrun”. Primera vez que hablo aquí de los speedrun. Pero no será la última. La premisa es sencillísima: pasarse un videojuego a la mayor velocidad posible. Desde ahí, las posibilidades son infinitas. Trucos o no trucos, manual o con ayuda de programas, en su totalidad o en el camino más corto posible.

Me vuelven loco. “Rompe el sistema”. El ejemplo que os dejo aquí es el del juego The Outer Worlds, cuyos desarolladores asisten atónitos al desempeño de un usuario que se revienta en 12 minutos lo que aquí servidor tardó 15 horas en completar. “No sabía que se podía saltar esa valla”, uno de los highlights.

Si he conseguido llamar vuestra atención, y espero que sí:

· Games Done Quick gira en torno a una reunión semestral de speedrunners cuyos beneficios van destinados a la lucha contra el cáncer o Médicos sin Fronteras. Suelen alcanzar entre los dos y tres millones de dólares en donaciones, estas buenas personas. Técnica incomparable al servicio del Bien. Toneladas de vídeos aquí.

Éste es divertidísimo.

· Super Mario Bros. y la barrera de los 4’55

· Como nota superparticular, una de las cosas más asombrosas que he visto: Ninja Gaiden Sigma 2 – Master Ninja – No Damage. Ninja Gaiden 2 es el juego más difícil que me he pasado en mi puñetera vida; una de las pocas hazañas que me puedo llevar orgulloso a la tumba, triste como ha sido mi existencia. Esto que viene a continuación me resulta incomprensible. El nivel de dificultad más alto, sin recibir daño. Un demonio. Una máquina de destruir.


“Imagina nacer en esa época y tener un cuerpo. Ugh” – Natural History Museum, un cortometraje animado de Kirsten Lepore. Comedia de ciencia ficción que nos lleva desde la actualidad hasta un gritón de años en el futuro. Ecos de La Última Pregunta, de Isaac Asimov (en inglés, aquí). Creo. Me parece entrever.


En respuesta a la nueva política de la lista de éxitos musicales Billboard de añadir las visitas en YouTube para decidir sus canciones top, Radiohead ha publicado su discografía entera en esta plataforma. Falta alguna canción que otra, rarezas varias, pero son todas las que están.

Por mi parte, agradezco que no hayan decidido retirar sus antiguas demos de los años 80, principios de los 90. Stereogum recopiló aquí la historia de ese grupo de pipiolines, On a Friday, con la mayor parte de sus canciones.

Ésta es preciosa.

PD: Hoy lo negarán y posiblemente te claven dagas con los ojos por hacer esta afirmación… Pero cómo les gustaba U2 (y los Pixies, por otro lado).

Los cortos animados de los Oscar 2019

Hace unos días, la Academia de Hollywood dio a conocer la lista de diez nominados al Oscar al Mejor Cortometraje de Animación. Dejo aquí lo que he encontrado sobre ellos. Algunos, completos. Otros, solo en forma de avance. Unos pocos, con vídeos adicionales sobre su proceso de creación.

Uncle Thomas: Accounting for the Days, de Regina Pessoa. Cartoon Brew nos deja aquí una entrevista con su directora y un breve vídeo de making.


The Physics of Sorrow, de Theodore Ushev

Incluyo aquí el making of.


Sister, de Siqi Song. Completo, pero disponible por tiempo limitado. Aquí la web oficial.


Mind my Mind, de Floor Adams


Mémorable, de Bruno Collet. Incluyo su making of, via Zippyframes, donde tenéis una reseña del cortoometraje.


Kitbull, de Rosana Sullivan. De la colección Sparkshorts de Pixar. Tenéis algunos de ellos aquí. El resto, previamente online, han pasado a la plataforma digital Disney+, que llegará a España el 31 de marzo de 2020.


Hors Piste, de Leo Brunel, Loris Cavalier, Camille Jalabert & Oscar Malet. Completo, pero disponible solo por un tiempo limitado.


Dcera (Daughter), de Daria Kashcheeva. La web de su directora, aquí.


He Can’t Live Without Cosmos, de Konstantin Bronzit. Secuela de We Can’t Live Without Cosmos, ganadora en Annecy. Un breve que le dedica aquí Cartoon Brew.


Hair Love, de Matthew A. Cherry. Completo. El twitter del director (y empleado de MonkeyPaw, la productora de Jordan Peele), aquí.

55 fotos de una década

The Atlantic ha seleccionado cincuenta y cinco fotos que resumen los últimos diez años, desde la erupción del volcán Eyjafjallajökull en Islandia, hasta el vertido de la plataforma Deepwater, pasando por la emergencia de Estado Islámico en Siria e Irak, la última crisis migratoria, la aparición del movimiento #MeToo o el juicio político al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Como advierte la propia web, contiene imágenes no aptas para todas las sensibilidades.

Chris McGrath / Getty
Kai Pfaffenbach / Reuters
Lucas Jackson/Reuters
Ronaldo Schemidt / AFP / Getty
AP Photo/UNRWA
Mainichi Shimbun/Reuters
Thomas Samson/AFP
Jesco Denzel / AP
Vincent Yu / AP

Alien 3 (David Fincher / Charles de Lauzirika, 1992)

“Prefiero no ser nada”

Alien 3 me demostró que quiero a las películas a las que no les importo, y por eso recuerdo esa tarde como si fuera ayer. Tenía 11 años cuando la vi en los cines Liceo acompañado de mi padre, con su precedente relativamente fresco en la memoria, y creía que iba a ver “más bichos, más marines, más miedeque, más robots, más naves, qué guai”. Esa sensación solo me duró media fanfarria de la 20th Century Fox. Sabéis cuál. Empieza normal y de repente se “rompe” en un galimatías y acaba en una especie de grito interminable. Cogí la mano de mi padre. Era el resumen musical y simplificado de los 130 minutos que ocurren a continuación. Alien 3 arranca tu seguridad y te lleva al Infierno.

Se ha hablado mucho de lo que Alien 3 podría haber sido de haber culminado alguna de sus innumerables premisas, y de lo que fue después, merced a la posterior versión remontada y ampliada. Se ha hablado mucho de la procesión de decepciones en la que consistieron su caótico desarrollo artístico y su recepción popular a lo largo de los años subsiguientes en una película cuyos participantes recuerdan con frustración en el mejor de los casos, rechazo en el peor. David Fincher reniega de la película. No me importa. Es más, creo que es tan suya como cualquier otra, merced a los toques de humor quemado a la brasa que aparecen de vez en cuando. Pero me parece que se habla poco de lo que creo que realmente es: una despiadada elegía de horror, indiferente a toda lógica o satisfacción — nada está a salvo, nada es sagrado — , cargada hasta los topes de un extraño poder mitológico medievalista, en la que fanáticos criminales olvidados son juzgados ante un dragón entre coros diabólicos dentro de un terrible lugar “en el culo del Espacio, donde Dios ha sido encontrado” y a la vez “tan bueno como cualquier otro para dar tus primeros pasos hacia el Paraíso”.

Todos van a morir en Fiorina 161. Si no les mata el dragón, lo hará la Compañía que lo desea. Y morirán horriblemente — devorados vivos, gritando durante minutos enteros, escuchando el crujir de sus propios huesos y el ruido húmedo de sus vísceras arrancadas; Alien 3 se toma su tiempo en sus crueldades– sin consideración de su estatus de supervivientes en la película anterior o de su potencial carácter heroico en ésta. Pero nunca pensé en ella como una película nihilista. Todo lo contrario. Es una excepcionalidad del género: un film de horror humanista que habla de una promesa religiosa de salvación. Después de que la hija adoptada de nuestra protagonista muera ahogada, después de que sus restos hayan sido desecrados en una indigna autopsia, es despedida “con el corazón alegre porque cada semilla encierra la promesa de una nueva vida”. Es un momento tan genuino y esperanzador como irónico y catastrófico, considerando el montaje paralelo que lo enlaza con el nacimiento del dragón. Un funeral y un bautizo. Ellen Ripley va a morir. Pero morirá como Dios manda, con todos sus asuntos en orden y con el dragón derrotado a base de sacrificio tras sacrificio tras sacrificio, en éxtasis celebratorio tras padecer la peor de las desventuras: una en la que no hay esperanza en la Tierra.

Salí horripilado del cine y la sensación me duró varios días. Cómo había podido hacerme esto. Tardé bastante tiempo en entender su simbolismo pero hasta entonces — a un nivel puramente de aficionado — lo pasé realmente mal. No solo mató a mi heroína. La torturó. La obligó a lanzarse a un mar de llamas, herida de muerte por su peor enemigo, devorada por dentro, y me dijo que ese era el menor de todos los males. Alien 3 fue olvidada, apartada, negada, enterrada. No veo muchas posibilidades de una reivindicación futura a gran escala mediante un glorioso ejercicio de rescate comunitario. Lo dudo, la verdad. Las películas más proclives a ello son las que se consideran como puntuales errores maravillosos, locas obras de pioneros. No la tercera entrega de una franquicia, y menos una con un concepto tan particular y hostil de “maravillarse”. En cualquier caso, no está en mis manos. Y a Alien 3 el reconocimiento no le importa. Ni lo más mínimo.

A través del cristal

De un tiempo a esta parte, compañías como Facebook, Google o Intel están invirtiendo grandes cantidades de dinero en una tecnología sustitutiva de lo que tradicionalmente entendemos por “el 3D”, a ver si esta vez suena la flauta. Los hologramas y las imágenes lenticulares que tanto me emocionaban en mis años mozos parecen estar a punto de volver a lo grande después de pasarse décadas agazapados a la sombra.

NOTA: Soy escéptico por naturaleza con esta clase de expectativas. Cualquier tecnología emergente es una Atari Jaguar en mi cabeza. Pero ey: cacharritos. Mirad el gif de abajo, cómo mola.

Minority Report en nuestras casas.

Un apunte: leo que hay que distinguir entre lentículas y holografías porque, si bien su efecto es el mismo — crear sensación de tridimensionalidad a partir de una ilusión óptica conocida como paralaje: la impresión de que estamos viendo múltiples profundidades en una imagen plana dependiendo del lugar desde el que la observamos — las propiedades de la luz a las que recurren son distintas.

Las lentículas refractan la luz.

Jens Mortensen / Timothy Schenck

Las holografías, la reflejan.

Lo que os enseño aquí parece ser la evolución de ambas, una tecnología que ha vuelto a ganar impulso gracias al desarrollo de los dos pilares en los que se apoya — las cámaras que captan las imágenes y las pantallas donde se representan — y que han comenzado a converger hasta el punto de que sus desarrolladores anticipan una explosión comercial en los próximos cinco años bajo un solo nombre y un mercado que podría crecer desde los 578 millones de dólares el año pasado hasta los 2.780 para 2023, según un estudio de Markets and Markets.

Las llaman “imágenes volumétricas”.

Como digo: soy un escéptico con estas cosas, pero la apuesta está ahi, de todas formas. Como muestra, tenemos el megaestudio de 930 metros cuadrados que ha levando Intel en Los Ángeles, capacitado para tomar imágenes desde cualquier ángulo que permita su cúpula, y que recientemente ha empleado el director de Grease, Randal Kleiser, para rodar una promo con motivo del 40 aniversario de la película.

¿Cómo luce en estos momentos? A nivel más elemental, sin interactividad por parte del espectador, parece una evolución del bullet-time de Matrix. Este vídeo es de 2018.

Sin embargo, es más flexible — y accesible — de lo que parece. No es necesario un estudio volumétrico como el que ha diseñado Intel para desarrollar esta clase de imágenes. Al margen de esta instalación existen, de momento, otras tres opciones, diferenciadas por su fidelidad a la imagen tridimensional, y por el coste que comportan.

Shawn Fryne

· Teléfonos móviles, como el iPhone 11. A grandes rasgos, sacan una imagen de un objeto y analizan su “mapa de profundidad”; una especie de silueta en negativo donde las partes más oscuras son las más cercanas. A partir de esos valores, crea una separación entre primer plano y fondo.

Facebook hace uso de esta opción para tridimensionalizar las fotos, como veis aquí.

· También existen las llamadas cámaras de percepción de profundidad, como DepthKit (o el Kinect de Microsoft, Dios lo tenga en su gloria).

· O la opción más avanzada de todas: la captación de campos de luz a través de un conjunto de cámaras (hasta 32 en algunos casos) que recogen toda la información lumínica que registramos cuando nos movemos sobre un objeto. Teóricamente proporciona el mejor resultado de entre todas estas opciones.

Google está trabajando bastante en esta disciplina. De hecho, el año pasado empleó uno de estos sistemas multicámaras en la cabina de la lanzadera Discovery.

La compañía Looking Glass empleó este mismo sistema para grabar a un polluelo de petrel…

…Y trasladar lo grabado a un prisma de cristal.

Estas imágenes pertenecen a un post de uno de los responsables de la compañía, Shawn Fraye, desarrollador de un monitor específicamente preparado para este tipo de imágenes — la versión “más plana” del prisma del gif anterior — y que comenzará a llegar a sus usuarios en primavera de 2020.

Huelga decir que esta tecnología no está exenta de problemas. En el CES 2018, el director de Intel Studios, Diego Priluski, reconocía que el ancho de banda actual no puede manejar tal cantidad de datos: 40 cámaras a una resolución de 5K generan 5 teras de información por minuto. Demasiado.

¿Queréis saber más? Aquí, una historia de la cinematografía volumétrica, por James George. Es una tecnología, como véis, bastante reciente. Los primeros ejemplos datan del año 2000, aproximadamente y sin tener en cuenta su prehistoria. Que yo recuerde, la primera vez que vi algo remotamente parecido fue en el Telediario, con esta máquina recreativa de Sega: el videojuego Hologram Time Traveler, creado por Rick Dyer. El año era 1991.