Fail Safe (Sidney Lumet, 1964)

Rara vez Sidney Lumet me ha enseñado su verdadero rostro. A lo largo de la mayor parte de su filmografía solo he podido atisbarlo, diluido y filtrado a través los esquemas del realismo social que ha dominado su cine. A través de películas como 12 Hombres sin Piedad, Serpico, Tarde de Perros o Veredicto Final percibo a un hombre observador, pragmático, anti-institucional, cualidades todas ellas intrínsecas a su reputación como “el gran artesano liberal de Hollywood”.

Su polivalencia tampoco me ayuda a la hora de descubrir su personalidad. Rodó musicales, rodó misterios, rodó comedias. Así que quizás ese interés social correspondía en su lugar a las modas de la era. El hecho de que lo más parecido que tenemos a unas memorias sea un manual de dirección, Making Movies — un texto metódico, humilde, profundamente informativo, desprovisto de cualquier mística. “Te levantas, trabajas, duermes” — parece reforzar la idea de que Lumet era más bien un catalizador de talentos que prefería dejar que la película se expresara por él.

Pero a veces esos cierres saltan por los aires y Lumet me deja ver su auténtica percepción sobre nosotros. Nunca es constante ni hay película que lo defina enteramente. Hay algo en Equus, hay algo en La ofensa, hay algo en El Prestamista, hay algo en Network, hay algo en Fail Safe, cuando Lumet da un paso más y abandona la orilla del género para sumergirse en el drama psicológico.

Y es horrible. Estamos rotos. El Sistema no es un instrumento invisible de opresión: es un diseño humano que hemos concebido específicamente para explotar nuestras debilidades y garantizar nuestra propia destrucción. En un momento dado de Fail Safe, el piloto que va a arrojar una bomba nuclear sobre Moscú ignora las súplicas de su mujer, convencido de que se trata de una argucia soviética y aferrado a la fiabilidad de los múltiples mecanismos de seguridad, sin saber que han fallado uno tras otro, en cadena, porque cada error ha multiplicado exponencialmente el factor miedo.

Así que cuando el Presidente de Estados Unidos ofrece destruir a cambio la ciudad de Nueva York, a sabiendas de su mujer está de visita, a sabiendas de que la mujer y los hijos del piloto que va a lanzar la bomba viven en Manhattan, Lumet da la vuelta a lo que entendemos por raciocinio, y usa la lógica para justificar una atrocidad. El Sistema que nos destruye nos reconforta, susurrando al mandatario y a la plana mayor de su Administración que no podían hacer otra cosa. Pero el piloto que lanza la bomba lo entiende. Lo entiende en el sueño que inaugura la película: en nosotros sigue intacta una porción reptiliana de violencia, pánico y sadismo, y solo escuchamos ruido y estática.

Los cuadernos de bocetos del soldado Victor Lundy

Victor Lundy, estadounidense, nacido en 1923 en Nueva York, interrumpió sus estudios de Arquitectura para alistarse en el Ejército durante la llamada a filas de 1942. Su destino de instrucción fue la 26ª División de Infantería en Fort Jackson (Carolina del Sur), donde permaneció durante dos años antes de partir para Cherburgo (Francia), donde combatió en el frente hasta que resultó herido en combate a finales de 1944. Tenía 21 años.

Lundy, que recibió el correspondiente Corazón Púrpura, completó sus estudios e inició una carrera como arquitecto que le llevaría a convertirse en uno de los grandes ejemplos de la escuela modernista norteamericana. Pero durante su tiempo en el Ejército, llenó varios cuadernos de bocetos sobre su experiencia en el cuartel y en primera línea de batalla. Todos se encuentran disponibles en su integridad en la web de la Biblioteca del Congreso de EEUU. Aquí.

Soldiers looking at ship in the distance 27 de agosto de 1944
“Shep,” D-day – 6 de junio de 1944
Part of the Atlantic Wall, Quinéville 6 men from L Co. hurt here, 6 killed – 21 de septiembre de 1944
Ship and tugboat – 6 de agosto de 1944
Sunset – First night out – 27 de agosto de 1944

Después de servir completó una licenciatura en arquitectura en la Escuela de Graduados de Diseño de la Universidad de Harvard, Tras unos años en el extranjero, Lundy abrió en 1954 una firma de arquitectos en Sarasota, Florida. En 1967, fue nombrado miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos. Entre los edificios notables diseñados se encuentran el Tribunal Fiscal de los Estados Unidos (abajo) o la Embajada de los Estados Unidos en Sri Lanka.

En Flashbak tenéis más imágenes en alta resolución, y Curbed le dedica un perfil sobre su carrera de arquitecto.

PD: Otro de mis fetiches bélicos: mecheros Zippo de la Guerra de Vietnam. Aquí os dejo un álbum de ellos, en Imgur. Todas las leyendas son imborrables.

Las líneas del tiempo

¿Queréis saber cómo sería Twitter en el siglo IV? Podría ser así. He aquí el Chronikoi kanones de Eusebio de Cesarea. Una de las primeras sucesiones gráficas de eventos históricos relacionados entre sí en forma de filas y columnas de tamaño variable dependiendo de la importancia de los mismos. Data desde el inicio de la era Abrahámica (unos 1.800 años antes de Cristo) hasta el año aproximado de su publicación 325 d.C.

Conoció una segunda parte, publicada en el año 380 por el Doctor de la Iglesia Eusebio Hierónimo, que recopiló y sincronizó los eventos entre ambos escritos. A través de esta estructura, basada en la obra pionera del viajero cristiano Sextus Julius Africanus, ambos consiguieron resolver uno de los problemas fundamentales de la cronología histórica: el de la asociación de eventos.

Es el principio de lo que Wikipedia llama panorámica sincronóptica. Cronografía aquí, para abreviar.

via Richard A. Flower

Tras siglos de relativo silencio, y como otros tantos aspectos de la Edad Clásica, la cronología protagonizó un retorno por todo lo alto durante la Ilustración, de la mano del médico y editor Jacques Barbeu-Dubourg, a quien se le ocurrió la idea de exponer los datos en un formato horizontal, reservando ese eje para representar el paso del tiempo a través de diferentes filas de eventos, y distribuyendo el vertical en forma de columnas de anchura variable, dependiendo de la importancia de los mismos. Y así, en 1753, nació la Carte chronographique: un rollo de 6,5 metros que recopilaba 6.500 años de historia de la Humanidad.

Jacques Barbeu-Dubourg, Chronographie, ou Description des Tems…, tableau 34, Paris 1753

Unos años después, en 1769, el polímata británico Joseph Priestley continuaría con el formato de Barbeu-Dubourg y le añadiría color, en su Nuevo Mapa de la Historia.

Joseph Priestley’s A New Chart of History (1769)

En el siglo XIX, la cronografía fue elevada a la categoría de arte gracias a personas como la profesora y activista de los derechos de la Mujer, Emma Willard, responsable de obras como El Templo del Tiempo, una de las primeras visualizaciones históricas en tres dimensiones de las que se tiene constancia. Un título absolutamente literal, como podéis ver, donde el principio de la Historia se sitúa al final de la nave principal, avanzando conforme las líneas temporales se acercan a la fachada.

The Temple of Time (Emma Willard – 1846)

Willard no solo emplearía la arquitectura como referencia de sus obras. La naturaleza le sirvió de guía en esta historia del siglo XVIII en Estados Unidos, extraída de la biblioteca de mapas de David Rumsey — auténtica cueva de los tesoros para los fans de esta preciosa disciplina —

Willard’s Chronographer of American History – 1865

Aquí tenéis un perfil de Willard escrito por Susan Schulten para Public Domain Review. Aquí, uno de las primeras cronografías en web: Hyper History, de Andreas Nothiger.

Minding the Gap (Bing Liu, 2018)

Tres amigos. Tres formas de reaccionar a la violencia: evadirla, abrazarla, exorcizarla. Minding the Gap es una historia de abandono. “Sobre sus tablas”, escribe Tony Hawk, el skater más conocido del mundo, “Zack, Keire y Bing gozan de dignidad y poder. Sin ellas, están perdidos”. Y la vida hace que lo pierdan, y así lo refleja el desarollo del documental, a partir de su propio título: Cuidado con el hueco. Lo que comienza como una elegía a la disciplina del monopatín acaba transformado en el enfrentamiento a pie de sus tres protagonistas contra un pasado de abusos, un presente de pobreza y un futuro de incertidumbre.

Zack, Keire, Bing

El caso de Zack es particularmente descorazonador. Se convierte en un agresor. En su cabeza ha encontrado la excusa para golpear a su pareja: despersonalizándola por debajo de su propio ego. “Hay una diferencia entre pegar a una mujer y abofetear a una zorra“. De los tres amigos, es el patinador más inconsciente. Keire aparece cayendo una y otra vez de morros, buscando una excusa para reventar su tabla a patadas. Acaba marchándose porque intuye que lo siguiente que romperá no será una tabla. Lo entiende delante de la tumba de su padre. Pero Bing, que además es el director de este documental, eleva su patinaje a una expresión artística, más allá de una vía de escape: como un filtro para asimilar la realidad. Es él quien decide, detrás de una cámara en lugar de sobre un patinete, depurar una vida de agresiones. Todos son reflejo de sus capacidades.

Sucede en Rockford, Illinois, una ciudad sobre la que el documental gasta pocas palabras. La World Wide Socialist Website nos deja aquí un amplio perfil sobre la localidad, modelo de la destrucción del cinturón económico norteamericano — el índice de pobreza se sitúa en el 22,6% –. Es un entorno incapaz de monetizar una pasión.

A diferencia de otros documentales sociales norteamericanos, Minding the Gap nunca aborda la panorámica general y en su lugar elige profundizar en las experiencias individuales de cada personaje. Tanto mejor, en este caso. Para sí mismo, por venir de quien viene — de una víctima transformada en combatiente — y para el género al engrosar sus filas más intimistas, un poco desastradas en beneficio de obras con ambiciones más generalizadas.

(Salon entrevista a su director con la mirada puesta precisamente en esta perspectiva urbana que falta en el documental, para completar)

Enlaces

Arte: Robin Galante

Desde hace unos días estoy escuchando Nocturne (Twitter, Web), un podcast producido por Vanessa Lowe. Se define como “un híbrido de documental y ficción en forma de ensayos” que giran en torno a un tema principal: lo que ocurre durante la noche. Lo mismo te habla de grillos, que de velas, que de incursiones del KKK. Todo lo que te cuenta, sucede durante la puesta de sol. Su tono es difuso, casi fantasmagórico, gracias muy en parte a los espacios sonoros que crea el compositor Kent Sparling (técnico de sonido en los estudios Skywalker de Lucasfilm). Perfectamente apropiado para esas horas.

Os dejo con un episodio: Shortboard, la historia del surfista Matthew Bryce, a la deriva durante 31 horas tras un accidente en las costas de Escocia. (Descarga, aquí – .mp3, 42′)


Tomorrow’s On Fire, un breve cortometraje animado de Darcy Prendergast, animador de Mary & Max, sobre la crítica situación en Australia debido a la ola de incendios — casi una treintena de muertos, diez millones de hectáreas quemadas, mil millones de animales salvajes calcinados: el humo se ve desde el espacio y acabará dando una vuelta completa a la Tierra –.

PD: La colección de fotos de In Focus. Apocalíptica.

REUTERS/Tracey Nearmy

El código de VVVVVV está abierto. Uno de los clásicos indies de los últimos diez años. (Humble, GOG, Steam – aproximadamente unos 5€)


Estaba claro que tarde o temprano iban a emerger discípulos del gran cineasta canadiense Guy Maddin*. Uno de ellos es otro hijo de Winnipeg, Matthew Rankin. Aquí os dejo un cortometraje experimental sobre el inventor Nikola Tesla: The Tesla World Light

… para cuyos efectos de luz Rankin, animador de profesión, acabó empleando más de 15.000 bengalas.

PD: Rankin ha estrenado largometraje hace poco: The Twentieth Century.

PD2: ¿Guy Maddin? The Saddest Music in the World. Tiene muchas. Pero yo empezaría por ésta.


¿Rock japonés de los años 70? Rock japonés de los años 70. Él es Yosui Inoue. El disco se llama Kōri no Sekai, el primer album que vendió más de un millón de copias en Japón.

Méliès, recuperado

La Visual Effects Society ha anunciado este pasado martes el proyecto The Méliès Collection: la reconstrucción y restauración de 88 cortometrajes del pionero cinematográfico Georges Méliès, que se presentarán en otoño de este año 2020 en la apertura del museo del cineasta en la Cinémathèque Française.

Me he puesto a mirar y no he encontrado ninguna restauración de semejante envergadura sobre las obras de Méliès. El comunicado de prensa remite como origen de estos cortometrajes “el hallazgo de 58 latas de negativos originales que comprenden estos 88 cortos, ninguno de ellos restaurado, ninguno de ellos exhibido previamente en salas”. Esto me parece una barbaridad, sinceramente, que debería haber encabezado el comunicado, o al menos aparecer en el primer párrafo.

Y os explico por qué. Sucede con Méliès que gran parte de sus obras originales fueron destruidas en torno a 1923 por el propio cineasta francés cuando, sumido en plena depresión, decidió cavar un hoyo en su jardín y prender fuego a 520 negativos de películas que rodó entre 1896 y 1912. Méliès estaba en la ruina por una infinidad de motivos: la falta de circulación internacional (en parte por la apropiación que Thomas Edison hizo de su obra más insigne, Viaje a la Luna), la incautación oficial de nitrato de plata, elemento imprescindible del celuloide, para su uso en la I Guerra Mundial o la competencia de nuevas películas. Aunque su hermano Gaston vendió algunas copias supervivientes a la compañía Vitagraph, de Blackton y Smith, competidores de Edison, se cree, a ojo de buen cubero por la masiva filmografía de este hombre, que solo existen 231 películas de las 520 mencionadas.

De estas 231 películas, aproximadamente 190 se encuentran recopiladas en el megapack que Lobster Films presentó en 2008 titulado Georges Méliès: The First Wizard of Cinema (1896-1913) y su añadido Georges Méliès: Encore – New Discoveries (1896-1911); un total de seis DVD con 800 minutos de contenido. A día de hoy son la recopilación definitiva para los fans de Méliès. Nada de este material está restaurado: que se sepa, entre los tres grandes esfuerzos de los que se tiene constancia en este sentido están la versión remasterizada del Viaje a la Luna que coincidió con La Invención de Hugo (la película-homenaje de Martin Scorsese) y la antología Méliès: Fairy Tales in Color, que comprende solo 13 obras.

Lo presentado el miércoles comprende ocho veces más material sin que en ningún momento especifique las circunstancias de su hallazgo. Este aspecto, sin embargo, es un poco secundario: estos negativos podrían haber sobrevivido perfectamente en los archivos de la Cinémathèque Française, inmersa desde 1992 en un extraordinario proceso de recatalogación de todo su material — proceso que no terminará hasta 2029, aproximadamente –, por no mencionar el goteo de “películas perdidas” de Méliès que son noticia de cuando en cuando: dos de sus películas fueron encontradas en los archivos Brinton de Iowa y su Robinson Crusoe, fue descubierto en la propia Cinémathèque, para convertirse la tercera gran restauración de una obra de Meliés, presentada en 2012 en el Festival de Cine Mudo de Pordenone, en el norte de Italia.

via Animation Magazine

Los Museos de París publican 100.000 obras de arte en alta resolución

Claude Monet (1840-1926). “Soleil couchant à Lavacourt (détail)”. 1880. Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris, Petit Palais.

La sociedad de Museos de París han puesto a disposición del público unas 100.000 reproducciones digitales de las obras contenidas en 14 museos de la capital francesa, entre ellos el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, el Petit Palais o las Catacumbas, en alta resolución y sin restricciones.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669). Vieillard à grande barbe et au front ridé, 1631. Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris.
Alphonse Mucha (1860-1939). Motif floral pour la boutique Fouquet
Pierre Bonnard (1867-1947). “Ambroise Vollard avec son chat”, vers 1924. Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris.

El proceso es bastante sencillo:

1 – Entráis en su portal de colecciones.

2 – Marcáis “Image libre de droit seulement.

3 – Una vez elegida la obra, pinchad en “Descargar” para recibir un .zip con la imagen, un .pdf con los detalles sobre su uso — la Sociedad garantiza imágenes de 300 DPI — y un documento de texto con los detalles de la obra.

Pintura, numismática, diseño, fotografía, etcétera. Obras de Rembrandt, Gustave Courbet, Eugène Delacroix o Anthony van Dyck, o fotografías de Eugène Atget.

Rue du Cimetière Saint-Benoît. Paris, 1909. Photographie d’Eugène Atget (1857-1927). Paris, musée Carnavalet.

via Hyperallergic

Un pulso de sonido

A Short Pulse es un cortometraje documental (subtítulos en inglés) de Dorothy Allen-Pickard que explica la experiencia de una persona sorda — parcial, como la directora, o completa — sobre la musica electrónica. Tres protagonistas: los productores musicales Richard France y Helen Oakley, y el DJ Troi Lee, todos ellos con distintos grados de la misma discapacidad, relatan la forma en la que sus cuerpos reciben los ritmos musicales y las creaciones que a partir de ella han acabado desarrollando.

¿Deseáis saber más? NPR entrevista al DJ Nico DiMarco, “orgulloso sordo de cuarta generación”, en una pieza que también aborda el desarrollo musical entre los estudiantes de la universidad para sordos de Gallaudet, en Washington D.C., donde Nico se formó.

You didn’t see that before, but the output levels are such that they can hear it,” said Larry Medwetsky, the chair of Gallaudet’s Hearing, Speech & Language Science department. “I don’t know if they’re hearing it, or feeling it in their ears, but they’re enjoying music.”

Aquí tenéis el artículo completo y, debajo, el vídeo correspondiente.

PD: Así suena un tema creado por una productora musical sorda. First Time, de Helen Oakley