La historia del probable estreno ilegal de ‘Star Wars’

Este artículo fue publicado originalmente el 25 de mayo de 2017

“Se suponía que Sorcerer tenía que estar lista para el 25 de mayo. Era la única forma de que nos dejaran estrenar en el Grauman’s Chinese Theater”, recuerda el montador de Carga Maldita, Bud Smith, en Moteros Tranquilos, Toros Salvajes. Carga Maldita no llegó a tiempo para su proyección en el icónico cine de Los Ángeles y solo pudo presentar un tráiler el día del estreno de la película que ocupó su lugar, Star Wars.

“Nuestro tráiler fundió a negro. Las cortinas se cerraron y se abrieron de nuevo. Comencé a sentir que se aproximaba algo enorme, abrumador, por encima de mi hombro. Entonces escuché un sonido, ese sonido, y de repente me di cuenta de que me habían lanzado al espacio. En comparación, nuestra película parecía un pedazo de mierdecita amateur. Le dije a Billy (William Friedkin, director de Carga Maldita): “Acaban de mandarnos a tomar por culo de la pantalla. Tienes que ver esto”.

25 DE MAYO DE 1977

Los primeros quince días de exhibición de Star Wars han pasado a la memoria colectiva en forma de innumerables imágenes de la multitud aglomerada frente a la entrada del que ha sido uno de los cines más emblemáticos del mundo. Pero, por trascendente y simbólica que fuera su proyección en el Grauman’s, el 25 de mayo de 1977, miércoles, Memorial Day, Star Wars se estrenó en solo 32 pantallas de Estados Unidos — ampliadas a 43 cuando llegó el fin de semana — . Por comparación, y ese mismo año, películas como Orca o El Exorcista II abrieron en más de 700.

Cuarenta años de historia a posteriori han generado dos narrativas principales que intentan justificar el reducido número de cines en los que se estrenó la película. Ambas condicionadas por un sistema de distribución muy distinto al que conocemos hoy en día, pero ambas caracterizadas por las expectativas sobre la respuesta popular que podría generar la película de George Lucas, que en el apogeo de su primera exhibición, en agosto y septiembre del 77, se extendió a más de 1.000 cines de todo el país en un primer recorrido en salas que se prolongó hasta el 20 de julio de 1978. Dos historias excluyentes: la primera se basa en una decisión puramente artística basada en la confianza en la calidad intrínseca como película de Star Wars y ha pasado a los anales como un acto de heroísmo. La segunda obedece a motivos puramente económicos y acaba con la Fox pagando 25.000 dólares de multa por violar un mandato del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

UN ACTO DE FE

La primera de ellas está protagonizada por el vicepresidente de distribución nacional de 20th Century Fox, Peter Myers, responsable de un legendario memorándum interno en forma de telegrama que la web oficial de Star Wars conserva en su integridad, y en el que el ejecutivo reprocha ciertas “informaciones tendenciosas” que han llegado a sus oídos donde “varias personas que han trabajado en la película” parecen dudar del éxito de la misma. En respuesta, Myers declara su amor incondicional por la cinta y propone un estreno limitado en aquellas salas que puedan proporcionar la máxima calidad posible en la proyección.

“George Lucas ha tenido una idea maravillosa y Laddie (Alan Ladd, presidente de 20th Century Fox) ha demostrado la previsión y las agallas necesarias para respaldarla. Y la apuesta ha salido bien porque la película funciona. Todos los personajes importan. Tenemos la obligación, para con la compañía y para con nosotros mismos, de proteger esta inversión con los mejores cines, términos y garantías de estreno que podamos conseguir. Esta película debería recibir mejor trato que Tiburón, King Kong, El Padrino o El Coloso en Llamas“, escribe Myers, en un mensaje ferviente, como él mismo reconoce. “Como habréis podido deducir, ahora mismo me encuentro en las nubes”, remacha.

Así, Myers propone dos fechas para el estreno de la película: el 16 o el 23 de mayo en “una docena o así” de cines de las principales ciudades del país, con estrictas condiciones de proyección: la película deberá ser proyectada en 70mm para amplificar las extraordinarias sensaciones audiovisuales que Lucas ha concebido. Tal es la fe que Myers profesa en este modelo de distribución, que se declara dispuesto a “eximir de toda responsabilidad” a los subordinados que sean incapaces de cerrar acuerdos con cines por no responder a estas exigencias.

En agosto, y ya en pleno éxito apoteósico de Star Wars, Myers explicó a Associated Press las líneas maestras de su proyecto. “La solución fue colocar la película en los cines correctos, con la presentación correcta, para que la gente pudiera descubrirla y extender la palabra”, declaró Myers, definiendo la expresión “boca a oreja” de nuestros días.

En la entrevista se le pregunta a Myers por una película, también producida por 20th Century Fox, titulada The Other Side of Midnight, estrenada el 8 de junio directamente en 525 salas, y que tiene todas las expectativas de ser un fracaso descomunal para el estudio. “Tiene poder de permanencia, pero la verdad es que es no ha funcionado como esperábamos”, confesó Myers.

The Other Side of Midnight era, en realidad, la gran apuesta de 20th Century Fox para el verano de 1977. Y la película gracias a la cual Star Wars pudo ver la luz del día.

UN ACTO DE DINERO

“La mayoría de la gente solo compró Star Wars porque tenía que hacerlo. No les dimos ninguna opción. Por ilegal que pueda ser, era la forma en la que se jugaba a este juego” – Alan Ladd, presidente de 20th Century Fox

Según el dictamen de un tribunal federal de Nueva York, Star Wars fue estrenada de manera ilegal porque 20th Century Fox obligó a varios cines a adquirir la space opera de George Lucas a cambio de los derechos de proyección de The Other Side of Midnight. El estudio se comportó, según el veredicto, de manera desleal y en contra de un dictamen del Tribunal Supremo que impidió este tipo de prácticas con una histórica sentencia en 1948 de la que hablamos hace unos cuantos años aquí, que puso fin a una práctica llamada “block booking”.

Por resumir: esta práctica obligaba a los exhibidores a adquirir junto a éxitos potenciales varias películas morralla, ‘patatas calientes’ que el estudio veía incapaz de distribuir de otra manera que no fuera a través de maniobras de presión. A pesar de que la sentencia data de casi 30 años antes del estreno de Star Wars, fue ignorada de manera intermitente por los grandes estudios, incapaces de reconvertirse a un nuevo sistema que separaba definitivamente los ámbitos de la producción y la distribución cinematográficas. Os animo encarecidamente a leer lo que podáis de este dictamen, considerado absolutamente esencial para comprender el ascenso de la televisión durante los años 50 y los efectos que tendría esta emergencia en el cine de Hollywood.

Como habréis podido adivinar, Star Wars era la “película morralla” que iba a acompañar a The Other Side of Midnight, y así lo confirmaron cinco distribuidores de la época en declaraciones realizadas a The Hollywood Reporter en diciembre de 2015, en la que todos reconocían que estrenar Star Wars era un billete para la ruina.

“Yo era presidente por aquel entonces de Mann Theatres, que poseía el Teatro Chino de Hollywood y los cines de Westwood”, explicó Larry Gleason. “Y había muchísima gente en Fox que no quería hacer Star Wars. El chiste que circulaba por ahí era que, cuando Lucas le hizo la propuesta final a Alan Ladd, este dijo que ‘no’, pero tan bajito que nadie le oyó”.

“En los meses previos al estreno”, añade Erik Lomis, “muchos de los viejos creían que Star Wars era una película para niños. El reparto no les decía nada, y nadie sabía quién era George Lucas. En esa época yo trabajaba en un circuito de cines, Sameric Theater en Philadelphia. Pensábamos que nos iban a crujir porque la competencia se había hecho con la ‘Película A’, The Other Side of Midnight“. Nadie sabe nada. “Cinco años después”, recuerda Lomis, “pasó lo mismo con Poltergeist y E.T.“. “Poltergeist iba a ser la grande. E.T. parecía algo a toro pasado”. Travis Reid, comprador de Theatre Management Inc. Misma historia. “No había visto Star Wars, así que tuve que elegir. Chulo que era yo, me decidí por Abismo, la de Jacqueline Bisset en camiseta.

“Creo que a todos les pasó lo mismo: Fox te obligó a aceptar Star Wars si querías The Other Side of Midnight. Al final, la tortilla dio la vuelta. Si querías estrenar Star Wars, había que comprar la otra película”.

Y esta práctica no pasó desapercibida ante el tribunal federal neoyorquino. En septiembre de 1978, cuando La Guerra de las Galaxias se había convertido en la “película principal” del paquete, la corte sentenció a la Fox a pagar una multa de 25.000 dólares. El estudio respondió con un “nolo contendere”, una figura propia del Derecho estadounidense en el que no reconoce ni su inocencia ni su culpabilidad pero, por encima de todo, no refuta los cargos que se le imputaron.

El estudio, a través de un comunicado, declaró no tener el más mínimo conocimiento de esta práctica. “Por lo que respecta a cualquier incidente de block-booking que pudiera haber ocurrido, lo hizo contraviniendo rotudamente la larga política del estudio de aceptar al pie de la letra el decreto en vigor” del Supremo. De igual modo, y según la respuesta recogida por el Washington Post, “la cúpula del estudio nunca estuvo al tanto de estos presuntos incidentes y, desde que tuvimos conocimiento de esta queja, se han reforzado las medidas de nuestro programa en vigor para rechazar este tipo de prácticas”.

ROADKILL

¿Qué era The Other Side of Midnight? Una payasada bastante importante, recuerda Jessica Ritchey. Un relato infumable de 165 minutos de duración dirigido por Charles Jarrott y protagonizado por Marie-France Pisier, John Beck y Susan Sarandon basado en la novela del mismo nombre de Sidney Sheldon, y que describe el tórrido romance entre la esposa de un magnate y un piloto de combate estadounidense durante la II Guerra Mundial.

Ritchey no se anda con contemplaciones al describir a esta “extenuante y hortera” adaptación de un “culebrón de novela”, “barata como solo pueden parecerlo los grandes fracasos de estudio, donde cada plano parece revelar que nadie sabe cómo gastarse el dinero”. The Other Side of Midnight, con presupuesto de 9 millones de dólares, dos menos que Star Wars, recaudó unos estimables 18 millones de dólares en taquilla. Humildes, sin embargo, frente a los 235 millones, sin ajustar inflación, que La Guerra de las Galaxias obtuvo en su primer recorrido.

En retrospectiva, The Other Side… ha pasado a la historia de manera anecdótica, como un pie de página a un fenómeno extraordinario. En ella reside sin embargo, una tercera vía para explicar la explosión que generó la película de Lucas: el rechazo del público a cierto género de época, tan anquilosado como suntuoso, carente de elementos decididamente contemporáneos — como los que introduciría Carros de Fuego en 1981, con la música de Vangelis –. Es una vía puramente popular, de kilométricas colas de espectadores ansiosos de ver con sus ojos el futuro. Es una vía mística e irresistible, la idea de que Star Wars fue un fenómeno aparecido en el vacío que destapó unas necesidades en una audiencia que ni siquiera comprendía que las tuviera. E inmensamente más cercana a la pasión demostrada por Myers en su memorándum que a la fría realidad del fracaso a la que se enfrentaban los distribuidores, y a las consecuencias jurídicas, reales, que se desprenden del segundo relato. Uno que, pasados 40 años, parece completamente antitético con el recuerdo de Star Wars que preservamos en nuestra memoria.

PD: Os dejamos aquí un fantástico artículo de Michael Coate, una de las bases de este post, que aporta cifras y detalles sobre los primeros días de estreno de la película. Documentadísimo.

Éter, nitrato y fuego: la historia de las primeras víctimas del cinematógrafo

Este podcast es un recorrido por los primeros 50 años de historia del cine, unos marcados por una gravísima tragedia humana: la muerte de cientos de personas en espectáculos públicos de todo el mundo a causa de los incendios provocados por los antiguos cinematógrafos.

Es un recorrido que comienza en 1897, en París, con el incendio del Bazar de la Caridad por la explosión de una lámpara de oxígeno y éter, y por el que marchamos por Estados Unidos, Escocia o España — con un recuerdo especial para las víctimas de dos deflagraciones prácticamente consecutivas en 1912, en cines de Bilbao y Villareal –, examinamos la tremenda peligrosidad que suponía el manejo y el uso del nitrato de celulosa, el material de las primeras películas, y las medidas tomadas por diferentes gobiernos para garantizar la seguridad de los espectadores, quienes debían poner de su parte la calma y el valor para impedir no solo la muerte por las llamas o el humo, sino por el aplastamiento provocado por el pánico.

Helo aquí.

Descargar

Aquí va una colección de enlaces para acompañar y completar la información que os proporcionamos.

– Dos han sido los libros que han servido de pilar para este podcast. Para la información sobre Estados Unidos, he echado mano de The Perils of Moviegoing in America, de Gary Rhodes. En el caso de España, el libro se trata de Historia Social del Cine en España, de Emeterio Díez Puertas.

– Sobre el incendio del Bazar de la Caridad, hay un espléndido recuento procedente de una fuente inesperada: La catástrofe del Bazar de la Caridad de Paris, nacimiento de la Odontología Legal, un estudio de Oscar Heit, Abraham Arcushin y Carlos González. Aquí lo tenéis.

– Otro de los cimientos del podcast: un recuento de incendios en cines españoles desde 1897 a 1912 efectuado por los chicos y chicas de la universidad Lumière-Lyon. Curradísimo y hasta arriba de fuentes.

– Más estudios: el realizado por el Ministerio de Sanidad británico sobre los peligros que representaba el nitrato de celulosa.

Sobre reglamentación en España de espectáculos públicos.

– Una tragedia que me he dejado por desgracia en el tintero. La del cine Laurier, en Montreal, enero de 1927. 76 fallecidos.

Y, por último, las canciones.

Yves Montand – Les feuilles mortes

Ma Rainey – Booze and Blues

Pedro de Pastrana – Llenos de lágrimas tristes

The Kinks – Days (Live, 1969)

Al principio de la red

La primera película en streaming fue una película experimental titulada Wax: or the Discovery of Television Among the Bees y su retransmisión fue un completo desastre.

Para empezar: Wax no fue concebida para ser retransmitida de esa manera. Fue estrenada en primer lugar en 1991, en la culminación de siete años de trabajo de su director y protagonista, David Blair. La película, de 85 minutos de duración y coproducida con la televisión pública alemana, la ZDF, se estrenó en los hogares alemanes en primer lugar antes de presentarse en 26 salas estadounidenses.

Es una película de la que es imposible hablar con brevedad más allá de las líneas generales de su trama: Jacob Maker (el propio Blair) es un ingeniero nuclear que diseña sistemas de guiado de misiles, y que tiene la apicultura como hobby. Aquí la historia se complica: las abejas pertenecen a una línea especial procedentes de la antigua Mesopotamia, cradas por el abuelo de Maker (William S. Burroughs, en un cameo), y están capacitadas para entablar una conexión mental con su criador a través de imágenes de televisión. Las abejas encargan a Jacob restaurar “el equilibrio en el mundo” cometiendo un asesinato, uno que remite a su propio pasado y a su labor profesional como creador de misiles, en el marco del incio de la Guerra del Golfo de 1991.

El caso es que Wax or the Discovery of Television Among the Bees parecía desde el incio una obra destinada a presentarse en un medio digital. La pieza combina documental, narración, imágenes de archivo y, como nota particular, imágenes creadas por ordenador, desde artísticas y creadas por el propio Rubin hasta topografías en 3D de vuelos militares. La propia película — con ideas inspiradas en Thomas Pynchon, el propio Burroughs, o Jean Baudrillard — se autoproclamó en la carátula de su edición doméstica como una “película independiente de ciencia ficción electrónica”.

“Hay que tener en cuenta”, explicó Blair en 1992 durante una conferencia sobre Futurismo en San Francisco, “que cuando empecé la película en 1985 no existía la realidad virtual o, al menos, un término que la definiera. En ese momento la gente no tenía ni idea del realismo que estaban expresando estas simulaciones de vuelo que preparaba el Ejército. Más que hablar de la realidad virtual, Wax hablaba de los conceptos que acabarían generando interés en esta tecnología. Max Headroom, la serie de televisión, apareció por esa época”.

A la propia naturaleza de la película se sumó el interés que generó su estreno en circuitos minoritarios de Nueva York y la labor de difusión del propio Blair entre la comunidad artística. Todo sumado, fue suficiente como para trazar la idea de que Wax or the Discovery se convirtiera en la primera película retransmitida a través de la red. Su artífice fue un amigo de Blair, Vincent Bilotta, diseñador de equipo de efectos de vídeo para Silicon Graphics. El 22 de mayo de 1993, la película fue retransmitida a 400 organizaciones de Estados Unidos.

Bilotta y Blair describen el proceso en términos sencillos. “Conectamos el VHS a un procesador de imagen Silicon Graphics, conectado  a una línea T1 a través de una “mbone”. Este lenguaje para los más jóvenes resultará arcaico: una línea T1 es simplemente el cable de red empleado para comunicar los datos, bien fibra óptica o bien de cobre, que en aquella época era uno de los colmos de la velocidad (1,5 megas por segundo). La “mbone” es la llamada “multicast backbone”, la red de comunicación empleada para retransmisión en línea simultánea durante los años 90).

Una de estas empresas conectadas fue la sede de Sun Microsystems — ya extinta tras su adquisición por Oracle en 2010, como Silicon Graphics un año antes –, donde se trasladó el periodista del New York Times John Markoff, uno de los primeros testigos del cine en streaming. Una experiencia “histórica” que demostró, no obstante, que la tecnología todavía estaba en su infancia.

“Wax: Or the Discovery of Television Among the Bees”, relata Markoff, “comenzó retransmitida en un borroso blanco y negro. De hecho, no fue hasta que los ingenieros de Sun Microsystems pudieron encontrar la señal correcta que comenzó su retransmisión en color”.

“Y cuando finalmente comenzaron a aparecer las imágenes en los monitores de ocho pulgadas, queda bastante claro que la retransmisión digital todavía no está lista. En parte por la limitada capacidad de transporte de datos, que motivó que la película se viera a la mitad de resolución de una televisión normal”, relata el periodista. Hablamos aproximadamente de unos 240 x 240 píxeles.

“La banda sonora llegaba de manera intermitente, rota con frecuencia por lo que los ingenieros describieron como una ‘pérdida de paquetes’, que ocurre cuando internet se congestiona con mucho tráfico de datos”, añade Markoff, antes de rematar: “Y lo que más desoerienta es el hecho de que la película fue retransmitida a unos oníricos dos frames por segundo en lugar de los 24 originales, un factor que le acabó dando una calidad todavía más surreal que su original cinematográfico”.

Con todo, añade Markoff, “los ingenieros de Sun Microsystems consideraron la premiere como un éxito. ‘No terminamos de entender el problema que comporta el envío simultáneo de miles de imágenes digitales… aún. Si nos dan seis meses, funcionará de maravilla”.

Al estreno digital de la película le acompañó su propia página web, Waxweb, que Blair conserva entera, funcional y prácticamente sin retoques a día de hoy. En ella se encuentran recortes, entrevistas, vídeos, arte y, claro está,  la propia película (que por motivos de calidad os pasamos al final de este post en su enlace oficial de Vimeo). En ella se recuerda además otra primicia de Wax or the…, al tratarse, según sus palabras, de la primera película independiente que empleó un programa de edición no lineal, el Montage.

“Conseguimos pasar de blanco y negro a color en menos de una sesión: hicimos un salto generacional en menos de dos horas”, explicó Bilotta en su día, con proféticas palabras, al defender una tecnología “capacitada para que cada uno, en su hogar y en un futuro, sea capaz no solo de gestionar el márketing de la obra, sino su exhibición, distribución y postproducción, con innumerables beneficios para los cineastas independientes del mundo entero”.

Aquí, la película completa.