El ataque de los muñecos de Bristol

Este artículo fue publicado originalmente el 9 de julio de 2019

Hoy en día no queda mucho, pero algo queda, de la industria de la animación de Bristol; una que durante 20 años definió en gran parte el panorama de la animación británica. Desde la formación en 1991 de la Iniciativa de Animación de Bristol, creada por la BBC, hasta el inicio de una decadencia de cinco, seis años desde mediados a partir de la década de los ’00 y que culminó con la muerte en 2012 de Dave Borthwick, uno de los fundadores de la casa más experimental y transgresora de todas, Bolex Brothers.

Y lo hizo desde un propósito impuesto desde la propia cadena pública británica: el de arriesgar, lo hizo con una técnica particular, el stop-motion; y nos dio un largometraje que podría interpretarse como el epicentro de todo este fenómeno en ese momento particular del tiempo: The Secret Adventures of Tom Thumb, de Bolex Brothers. De hecho, parte de su equipo técnico integra los dos estudios puntales de la stop-motion de hoy en día. El cofundador del estudio, Dave Ridett, es ahora el director de fotografía de las películas de Aardman Animation. Su director artístico, Frank Passingham, es ahora el director de fotografía del estudio estadounidense Laika.

Hay que mencionar brevemente los antecedentes directos, en los que Aardman Animation es parte instrumental. La industria de Bristol comienza por este estudio y desde luego que se remonta antes de 1991. Unos quince años antes, para ser más exacto, cuando sus fundadores, Peter Lord y David Sproxton comenzaron a trabajar con la BBC en una serie de programas infantiles. De allí emergió un personaje sin el que es posible concebir, en palabras de otro fundador de Bolex Brothers, Andy Leighton, lo ocurrido a continuación en la ciudad británica: Morph. Aquí os dejamos una pequeña pieza sobre su creación, extracto del documental The Story of Aardman, de la BBC One.

Por cierto, Morph sigue vivo y bien, hoy en día. Tiene un canal de Youtube. Aquí.

El éxito del personaje lleva a la BBC y a Channel 4 a encargar trabajos a Aardman, que comienza a estar a manos llenas en el terreno de la ficción, de la publicidad y del videoclip (y qué videoclip: el histórico Sledgehammer, de Peter Gabriel). Nick Park se incorpora a su plantilla y estrena en 1985 A Grand Day Out, el primer corto de los personajes emblema de la compañía, Wallace y Gromit. Este éxito comienza a atraer a animadores y a convertir la ciudad en un hervidero de ideas a las que es necesario dar salida de algún modo.

Así que, en 1991, BBC crea la llamada Iniciativa de Animación de Bristol bajo la supervisión del jefe de animación de la BBC, Colin Rose (en la imagen), a quien todos nombran como uno de los grandes artífices de la consolidación de la industria de la animación en la ciudad, con el objetivo de “producir películas de animación para niños y adultos en colaboración con compañías independientes”. Esta voluntad alcanza su apogeo en 1993, cuando aparecen las dos obras que marcan las dos vertientes (la mainstream y la alternativa) sobre las que se apoyó esta industria.

La primera es The Wrong Trousers y es la obra por definición de Wallace y Gromit, sobre la que no hay que extenderse mucho más allá de lo que explica Lord. “La máxima expresión de todo aquello en lo que creemos desde este estudio”.

La segunda, más desconocida, merece unas líneas más, dedicadas tanto a la obra como a su director y guionista. Es The Secret Adventures of Tom Thumb, de Dave Borthwick.

Hay muy poco material sobre Borthwick pero entre lo que he encontrado destaca una excelente entrevista realizada por Animation World Magazine en 1996 que repasa la carrera profesional e intenciones artísticas de Borthwick. Comenzó su labor en el mundo del teatro como diseñador de efectos visuales proyectados en los telones detrás de las representaciones. “Era un trabajo a partir de imágenes fijas que manipulaba para crear una sensación de movimiento”, explica el director en la entrevista, en la que describe este período como un claro condicionante para lo que vendría después con su labor en el stop-motion, que parte exactamente de la misma idea.

A Borthwick, sin embargo, le atrae una vertiente particular del stop-motion. Una técnica llamada pixilación, que consiste en combinar stop-motion con actores humanos. No se me ocurre otro ejemplo mejor que el que aparece en la Wikipedia, perteneciente a una de las obras más conocidas de uno de los más grandes pioneros de la historia del cine, Segundo de Chomón. Es El Hotel Eléctrico.

La dedicamos unas palabras porque la pixilación será la base sobre la que Borthwick escribirá y dirigirá la surrealista The Secret Adventures of Tom Thumb, una película concebida como una reinterpretación terrorífica de los cuentos de hadas tradicionales en el que un niño del tamaño de un muñeco (Pulgarcito) es secuestrado por unos malvados científicos y acaba huyendo en busca de su padre.

La película partió de un corto de 10 minutos, titulado Nursery Crimes, que fue un poco desastre a pesar de los ánimos de la BBC y Colin Rose. Borthwick reconoce que tanto la cadena como su responsable le animaron a ser radical, pero “las primeras reacciones al guion fueron bastante negativas; creo que lo consideraron hasta ofensivo”. Las primeras promos del corto confundieron al público sobre sus intenciones. “Era una de las escenas más tiernas y decidieron estrenarla en Navidades, aunque les dije que el producto no estaba terminado. Nos dimos una paliza para terminarlo a tiempo con las consecuencias que cabía esperar: un poco de chasco”, reconoce.

Sin embargo, Peter Lord le comentó que no desistiera y que comenzara a circular el cortometraje en festivales, donde poco a poco fue expandiendo el interés sobre un posible largometraje. Y éxito. El largo acabó cofinanciado por la británica BBC, la francesa La Sept y, según el propio Borthwick, el maldito John Paul Jones, el bajista de los Zeppelin.Y así fue The Secret Adventures of Tom Thumb, incluido en un paquete que incluyó otras dos piezas: Faust, del legendario Jan Svankmajer… y Los Pantalones Equivocados, de Aardman.

Os la dejamos aquí entera. Sus 60 minutos, aproximadamente, sin subtítulos.

El Pulgarcito de Bolex Brothers fue el principio de una era de esplendor para el estudio que, durante los próximos años, presentaría una serie de nuevos cortometrajes, bastante experimentales. Entre ellos se encuentra el magnífico — y perturbador — The Saint Inspector, de 1996, dirigido por Mike Booth.

Keep in a Dry Place and Away From Children (1997), de Martin Rhys Davies

Little Dark Poet (1997), también de Mike Booth.

O, por mencionar el más reciente, y tiene ya sus años, The Day of the Subgenius, de Chris Hopewell, la primera pieza digital de la compañía.

A ello añadimos anuncios…

Y además, videoclips.

Siete años en los que Bolex Brothers no dejó de trabajar hasta su paulatino declive a principios de la pasada década. Sin embargo, las semillas que dejó contribuyeron a mantener el show en funcionamiento por toda la ciudad unos cuantos años más, antes de la inevitable concentración de talento en Aardman o su dispersión en otros campos, como la publicidad. Entre ellas compañías como A Productions, Fictitious Egg, Collision Films, Harvest Films — responsable de la comedia Hamilton Matress, cuyo tráiler os dejamos abajo –, Rubberductions o Big Squid.

El último proyecto de Borthwick — como codirector junto a Jean Duval y Frank Passingham– fue el largometraje Pollux: Le Manège Enchanté, estrenado en España como El tiovivo mágico, basado en la serie animada de Serge Danot. Mucho más convencional, como podéis pensar. Pero Borthwick, ya enfermo de neumonía, no tenía intención de marcharse sin un último gesto de fidelidad a sus ideas. En el momento de su fallecimiento estaba preparando el largo de animación — también stop-motion — The Fabulous Furry Freak Brothers, basado en el comic setentero underground de Gilbert Shelton del mismo título.

Y del que aquí os dejamos cuatro minutos de pruebas.

Y esto es todo. No quiero terminar, sin embargo, con algo de información adicional. Especialmente adicional, diría yo, porque parte de lo que os he contado pero mucho, mucho más, está en este documental de 40 minutos de la televisión danesa sobre la industria de animación de Bristol.

Es magnífico e incluye entrevistas a Borthwick, Sproxton, Booth o Martin Rhys Davies, el director de uno de los cortos que he dejado antes. El propio Davies, de hecho, nos lo deja en su canal de YouTube, acompañado de un mensaje que, casi podría decirse, sirve como obituario de una etapa extraordinaria.

La historia del probable estreno ilegal de ‘Star Wars’

Este artículo fue publicado originalmente el 25 de mayo de 2017

“Se suponía que Sorcerer tenía que estar lista para el 25 de mayo. Era la única forma de que nos dejaran estrenar en el Grauman’s Chinese Theater”, recuerda el montador de Carga Maldita, Bud Smith, en Moteros Tranquilos, Toros Salvajes. Carga Maldita no llegó a tiempo para su proyección en el icónico cine de Los Ángeles y solo pudo presentar un tráiler el día del estreno de la película que ocupó su lugar, Star Wars.

“Nuestro tráiler fundió a negro. Las cortinas se cerraron y se abrieron de nuevo. Comencé a sentir que se aproximaba algo enorme, abrumador, por encima de mi hombro. Entonces escuché un sonido, ese sonido, y de repente me di cuenta de que me habían lanzado al espacio. En comparación, nuestra película parecía un pedazo de mierdecita amateur. Le dije a Billy (William Friedkin, director de Carga Maldita): “Acaban de mandarnos a tomar por culo de la pantalla. Tienes que ver esto”.

25 DE MAYO DE 1977

Los primeros quince días de exhibición de Star Wars han pasado a la memoria colectiva en forma de innumerables imágenes de la multitud aglomerada frente a la entrada del que ha sido uno de los cines más emblemáticos del mundo. Pero, por trascendente y simbólica que fuera su proyección en el Grauman’s, el 25 de mayo de 1977, miércoles, Memorial Day, Star Wars se estrenó en solo 32 pantallas de Estados Unidos — ampliadas a 43 cuando llegó el fin de semana — . Por comparación, y ese mismo año, películas como Orca o El Exorcista II abrieron en más de 700.

Cuarenta años de historia a posteriori han generado dos narrativas principales que intentan justificar el reducido número de cines en los que se estrenó la película. Ambas condicionadas por un sistema de distribución muy distinto al que conocemos hoy en día, pero ambas caracterizadas por las expectativas sobre la respuesta popular que podría generar la película de George Lucas, que en el apogeo de su primera exhibición, en agosto y septiembre del 77, se extendió a más de 1.000 cines de todo el país en un primer recorrido en salas que se prolongó hasta el 20 de julio de 1978. Dos historias excluyentes: la primera se basa en una decisión puramente artística basada en la confianza en la calidad intrínseca como película de Star Wars y ha pasado a los anales como un acto de heroísmo. La segunda obedece a motivos puramente económicos y acaba con la Fox pagando 25.000 dólares de multa por violar un mandato del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

UN ACTO DE FE

La primera de ellas está protagonizada por el vicepresidente de distribución nacional de 20th Century Fox, Peter Myers, responsable de un legendario memorándum interno en forma de telegrama que la web oficial de Star Wars conserva en su integridad, y en el que el ejecutivo reprocha ciertas “informaciones tendenciosas” que han llegado a sus oídos donde “varias personas que han trabajado en la película” parecen dudar del éxito de la misma. En respuesta, Myers declara su amor incondicional por la cinta y propone un estreno limitado en aquellas salas que puedan proporcionar la máxima calidad posible en la proyección.

“George Lucas ha tenido una idea maravillosa y Laddie (Alan Ladd, presidente de 20th Century Fox) ha demostrado la previsión y las agallas necesarias para respaldarla. Y la apuesta ha salido bien porque la película funciona. Todos los personajes importan. Tenemos la obligación, para con la compañía y para con nosotros mismos, de proteger esta inversión con los mejores cines, términos y garantías de estreno que podamos conseguir. Esta película debería recibir mejor trato que Tiburón, King Kong, El Padrino o El Coloso en Llamas“, escribe Myers, en un mensaje ferviente, como él mismo reconoce. “Como habréis podido deducir, ahora mismo me encuentro en las nubes”, remacha.

Así, Myers propone dos fechas para el estreno de la película: el 16 o el 23 de mayo en “una docena o así” de cines de las principales ciudades del país, con estrictas condiciones de proyección: la película deberá ser proyectada en 70mm para amplificar las extraordinarias sensaciones audiovisuales que Lucas ha concebido. Tal es la fe que Myers profesa en este modelo de distribución, que se declara dispuesto a “eximir de toda responsabilidad” a los subordinados que sean incapaces de cerrar acuerdos con cines por no responder a estas exigencias.

En agosto, y ya en pleno éxito apoteósico de Star Wars, Myers explicó a Associated Press las líneas maestras de su proyecto. “La solución fue colocar la película en los cines correctos, con la presentación correcta, para que la gente pudiera descubrirla y extender la palabra”, declaró Myers, definiendo la expresión “boca a oreja” de nuestros días.

En la entrevista se le pregunta a Myers por una película, también producida por 20th Century Fox, titulada The Other Side of Midnight, estrenada el 8 de junio directamente en 525 salas, y que tiene todas las expectativas de ser un fracaso descomunal para el estudio. “Tiene poder de permanencia, pero la verdad es que es no ha funcionado como esperábamos”, confesó Myers.

The Other Side of Midnight era, en realidad, la gran apuesta de 20th Century Fox para el verano de 1977. Y la película gracias a la cual Star Wars pudo ver la luz del día.

UN ACTO DE DINERO

“La mayoría de la gente solo compró Star Wars porque tenía que hacerlo. No les dimos ninguna opción. Por ilegal que pueda ser, era la forma en la que se jugaba a este juego” – Alan Ladd, presidente de 20th Century Fox

Según el dictamen de un tribunal federal de Nueva York, Star Wars fue estrenada de manera ilegal porque 20th Century Fox obligó a varios cines a adquirir la space opera de George Lucas a cambio de los derechos de proyección de The Other Side of Midnight. El estudio se comportó, según el veredicto, de manera desleal y en contra de un dictamen del Tribunal Supremo que impidió este tipo de prácticas con una histórica sentencia en 1948 de la que hablamos hace unos cuantos años aquí, que puso fin a una práctica llamada “block booking”.

Por resumir: esta práctica obligaba a los exhibidores a adquirir junto a éxitos potenciales varias películas morralla, ‘patatas calientes’ que el estudio veía incapaz de distribuir de otra manera que no fuera a través de maniobras de presión. A pesar de que la sentencia data de casi 30 años antes del estreno de Star Wars, fue ignorada de manera intermitente por los grandes estudios, incapaces de reconvertirse a un nuevo sistema que separaba definitivamente los ámbitos de la producción y la distribución cinematográficas. Os animo encarecidamente a leer lo que podáis de este dictamen, considerado absolutamente esencial para comprender el ascenso de la televisión durante los años 50 y los efectos que tendría esta emergencia en el cine de Hollywood.

Como habréis podido adivinar, Star Wars era la “película morralla” que iba a acompañar a The Other Side of Midnight, y así lo confirmaron cinco distribuidores de la época en declaraciones realizadas a The Hollywood Reporter en diciembre de 2015, en la que todos reconocían que estrenar Star Wars era un billete para la ruina.

“Yo era presidente por aquel entonces de Mann Theatres, que poseía el Teatro Chino de Hollywood y los cines de Westwood”, explicó Larry Gleason. “Y había muchísima gente en Fox que no quería hacer Star Wars. El chiste que circulaba por ahí era que, cuando Lucas le hizo la propuesta final a Alan Ladd, este dijo que ‘no’, pero tan bajito que nadie le oyó”.

“En los meses previos al estreno”, añade Erik Lomis, “muchos de los viejos creían que Star Wars era una película para niños. El reparto no les decía nada, y nadie sabía quién era George Lucas. En esa época yo trabajaba en un circuito de cines, Sameric Theater en Philadelphia. Pensábamos que nos iban a crujir porque la competencia se había hecho con la ‘Película A’, The Other Side of Midnight“. Nadie sabe nada. “Cinco años después”, recuerda Lomis, “pasó lo mismo con Poltergeist y E.T.“. “Poltergeist iba a ser la grande. E.T. parecía algo a toro pasado”. Travis Reid, comprador de Theatre Management Inc. Misma historia. “No había visto Star Wars, así que tuve que elegir. Chulo que era yo, me decidí por Abismo, la de Jacqueline Bisset en camiseta.

“Creo que a todos les pasó lo mismo: Fox te obligó a aceptar Star Wars si querías The Other Side of Midnight. Al final, la tortilla dio la vuelta. Si querías estrenar Star Wars, había que comprar la otra película”.

Y esta práctica no pasó desapercibida ante el tribunal federal neoyorquino. En septiembre de 1978, cuando La Guerra de las Galaxias se había convertido en la “película principal” del paquete, la corte sentenció a la Fox a pagar una multa de 25.000 dólares. El estudio respondió con un “nolo contendere”, una figura propia del Derecho estadounidense en el que no reconoce ni su inocencia ni su culpabilidad pero, por encima de todo, no refuta los cargos que se le imputaron.

El estudio, a través de un comunicado, declaró no tener el más mínimo conocimiento de esta práctica. “Por lo que respecta a cualquier incidente de block-booking que pudiera haber ocurrido, lo hizo contraviniendo rotudamente la larga política del estudio de aceptar al pie de la letra el decreto en vigor” del Supremo. De igual modo, y según la respuesta recogida por el Washington Post, “la cúpula del estudio nunca estuvo al tanto de estos presuntos incidentes y, desde que tuvimos conocimiento de esta queja, se han reforzado las medidas de nuestro programa en vigor para rechazar este tipo de prácticas”.

ROADKILL

¿Qué era The Other Side of Midnight? Una payasada bastante importante, recuerda Jessica Ritchey. Un relato infumable de 165 minutos de duración dirigido por Charles Jarrott y protagonizado por Marie-France Pisier, John Beck y Susan Sarandon basado en la novela del mismo nombre de Sidney Sheldon, y que describe el tórrido romance entre la esposa de un magnate y un piloto de combate estadounidense durante la II Guerra Mundial.

Ritchey no se anda con contemplaciones al describir a esta “extenuante y hortera” adaptación de un “culebrón de novela”, “barata como solo pueden parecerlo los grandes fracasos de estudio, donde cada plano parece revelar que nadie sabe cómo gastarse el dinero”. The Other Side of Midnight, con presupuesto de 9 millones de dólares, dos menos que Star Wars, recaudó unos estimables 18 millones de dólares en taquilla. Humildes, sin embargo, frente a los 235 millones, sin ajustar inflación, que La Guerra de las Galaxias obtuvo en su primer recorrido.

En retrospectiva, The Other Side… ha pasado a la historia de manera anecdótica, como un pie de página a un fenómeno extraordinario. En ella reside sin embargo, una tercera vía para explicar la explosión que generó la película de Lucas: el rechazo del público a cierto género de época, tan anquilosado como suntuoso, carente de elementos decididamente contemporáneos — como los que introduciría Carros de Fuego en 1981, con la música de Vangelis –. Es una vía puramente popular, de kilométricas colas de espectadores ansiosos de ver con sus ojos el futuro. Es una vía mística e irresistible, la idea de que Star Wars fue un fenómeno aparecido en el vacío que destapó unas necesidades en una audiencia que ni siquiera comprendía que las tuviera. E inmensamente más cercana a la pasión demostrada por Myers en su memorándum que a la fría realidad del fracaso a la que se enfrentaban los distribuidores, y a las consecuencias jurídicas, reales, que se desprenden del segundo relato. Uno que, pasados 40 años, parece completamente antitético con el recuerdo de Star Wars que preservamos en nuestra memoria.

PD: Os dejamos aquí un fantástico artículo de Michael Coate, una de las bases de este post, que aporta cifras y detalles sobre los primeros días de estreno de la película. Documentadísimo.